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Probamos el Renault Twizy

Después de una primera toma de contacto, por fin hemos podido poner nuestras manos en el Renault Twizy, el más pequeño de la gama ZE del fabricante francés al que hemos podido probar a fondo durante una tarde, y donde hemos comprobado tanto sus características físicas, así como sus prestaciones.

La prueba ha tenido lugar en un entorno primordialmente urbano, el hábitat natural del Twizy, con tramos puntuales interurbanos donde en ningún momento la velocidad máxima de la vía ha superado los 80 km/h que tiene como límite el propio Twizy y donde hemos comprobado de primera mano que el Twizy es un auténtico reclamo de miradas y un urbanita de primera.

Exteriormente el Twizy ya lo conocemos, es una mezcla entre un coche y una moto, con 2,32 metros de largo y apenas 1.19 de ancho, que lo convierten en una alternativa ideal para aquellos que busquen un vehículo para sus desplazamientos por la ciudad, donde el más pequeño de la gama ZE se mueve como pez en el agua.

Con más calma hemos podido analizar el interior de esta unidad que lleva el atractivo acabado Technic con el imprescindible accesorio de las medias puertas y que cuenta con unas llamativas llantas y un color exclusivo.

Hemos podido ver que dispone de dos guanteras, algo que nos hemos perdido en la primera toma de contacto, una que podremos cerrar con llave, situada a nuestra derecha, y otra que cualquiera podrá abrir y que se encuentra a la izquierda del salpicadero, ambas con más profundidad de la que habíamos visto en nuestro primer contacto y además para nuestra sorpresa, contamos con una toma de corriente de 12 voltios, para recargar nuestros gadgets.

Seguimos sin entender la situación del botón que enciende las luces de emergencia, ya que resulta absurdamente fácil conectarlas desde el exterior, lo que estamos seguros será un reclamo para los graciosos y un motivo menos para dejarlo aparcado en la vía pública sin vigilancia. Tampoco nos gusta el uso de manetas convencionales para las luces y los limpias, que al igual que lo anterior, están muy accesibles a los amigos de lo ajeno.

Es destacable que a pesar de ser un coche extremadamente estrecho, la puerta que podremos montar como opción, previo pago de 590 euros, se encuentra sorprendentemente lejos de nosotros, por lo que los que estén acostumbrados a llevar el brazo izquierdo apoyado, tendrán que cambiar de hábitos. Se trata de un detalle que minimiza la sensación de claustrofobia que circular en un coche de poco más de un metro de ancho podría provocar, lo que nos recuerda que es una pena que no esté totalmente cerrado.

También hemos indagado un poco más en el pequeño hueco existente en la parte trasera del vehículo, justo detrás del asiento del aompañante, un espacio que tendremos que abrir con la llave del coche y que nos desvela un lugar donde guardamos el chaleco reflectante y apenas un par de pequeños bultos, como un ordenador portátil y algún que otro gadget, pero estos no tendrán ninguna sujeción y que tendrán una estructura metálica como acompañantes, por lo que tendremos que tener cuidado.

El acceso a la plaza trasera es complicado, es una cuestión de agilidad, a pesar de lo que nos hemos encontrado más cómodos que en la primera toma de contacto, aunque todo depende de la altura del conductor. Si el ocupante de la plaza anterior mide al rededor de los 1,60 metros de alto, incluso podremos salir sin que este se baje del coche, y además disfrutaremos de un holgado espacio.

Recordar también que las dos plazas tienen cinturón de seguridad, e incluso la delantera dispone de un sistema de cuatro puntos, lo que aumenta nuestra confianza. Como anécdota, me ha vuelto a pasar lo mismo que en la primera toma de contacto y al bajar de la plaza trasera, me he enganchado el pantalón en la arista del carril del asiento delantero, y lo más gracioso es que una de las personas que se ha subido para ver el coche en una de las paradas, le ha sucedido lo mismo, por lo que tal vez Renault debería redondear esa parte, o colocarle un borde de plástico.

Mención aparte merece el espacio dedicado a guardar el cable de recarga, donde también encontramos el depósito para el líquido del limpiaparabrisas, una sencilla tapa de plástico sin ningún tipo de cierre, que deja a esa zona totalmente desprotegida. En el lado positivo, encontramos que el cable está fijado en el coche, por lo que en el peor de los casos, solamente podrán cortarlo, aunque esto nos obligará a pasar por caja en el concesionario para afrontar su sustitución.

Conducción.
Una vez acomodado en el asiento del conductor, recubierto de un plástico algo duro, me dispongo a comenzar la prueba dinámica, por lo que giro la llave, piso el freno y pulso el botón D, pero claro, hay que quitar el freno de mano, un elemento un pelín incómodo al que hay que coger el truco, sobre todo si el último usuario lo ha puesto con fuerza.

Una vez superado este pequeño obstáculo, apretamos el acelerador con cuidado para no salir disparados con la aceleración que nos han contado en otras pruebas, pero después de pisar unos centímetros el pedal, no pasa nada y el comercial nos mira y nos pregunta ¿no anda?

Si, anda pero hay que alcanzar un nivel de profundidad bastante elevado para que el Twizy se mueva, un detalle que resultará bastante incómodo en ciudad, algo a lo que tendremos que sumar la ausencia de retención, lo que dará como resultado una incomodidad en los arranques en cuesta.

Los primeros metros son bastante decepcionantes ya que la aceleración es más pobre de lo que esperábamos, una sensación tal vez provocada por las expectativas puestas pero que analizado de una forma fría, es suficiente para movernos por la ciudad.

Después de unos metros, me llama poderosamente la atención el ruido exterior, una sensación también provocada por la falta de costumbre, y que después de unos kilómetros, incluso a elevada velocidad, te permitiría ir escuchando la radio sin grandes problemas, un accesorio que podremos adquirir como accesorio y uno de los elementos que más he echado de menos durante la prueba.

Pero tal vez el ruido más sorprendente es el de las propias ruedas, a las que podemos escuchar en las curvas como chirrían ligeramente, algo imposible en un coche con motor de combustión y que resulta realmente curioso. Como decimos, la aceleración desde cero es bastante progresiva, aunque después de unos metros, el Twizy entrega toda su potencia y nos permite unas buenas recuperaciones, suficientes para movernos entre el tráfico de una forma rápida y ágil.

La velocidad máxima del Twizy son 80 km/h, y a partir de esa cifra, el motor deja de empujar, incluso el marcador de consumo, que nos indica mediante una barra cuanta energía estamos usando, se queda a cero cuando aceleramos a fondo, por lo que sobrepasar los 80 km/h es posible solamente en una cuesta abajo.

La limitación de velocidad tiene una explicación en la intención de preservar la vida útil de la batería, pero una decisión que perjudicará a los que necesiten recorrer tramos por autovía, donde echarán de menos un poco más de velocidad, algo que el motor del Twizy estoy seguro que podría lograr.

Decimos esto por que el Twizy es un coche muy estable, tiene un paso por curva muy aplomado e incluso en un rotonda acelerando a fondo, no apreciamos ninguna imprecisión en el control, lo que nos da una mayor sensación de seguridad y confianza, y eso que son nuestros primeros metros y el coche no es nuestro, lo que de nuevo, nos vuelve a recordar con pena la limitación de velocidad.

Prestaciones y autonomía.
Pasamos al aspecto que seguramente más os interese, la autonomía, un aspecto que según Renault, los 7 kWh de la batería del Twizy le proporciona unos 100 kilómetros con cada carga, algo que como sabemos, una cifra que ha sido obtenida dentro de un laboratorio en unos rodillos, y que casi nunca se adapta a la realidad.

Comenzamos nuestro recorrido con 139 kilómetros en el marcador de nuestra unidad, y el nivel de carga al 100%. Como curiosidad, comentar que entre los datos que nos ofrece el cuadro de mandos del Twizy, además de los kilómetros recorridos, encontramos una estimación de nuestra autonomía, que antes de comenzar nos muestra apenas 54 kilómetros, y una puntuación ECO, que mediante un sistema del uno al cuatro, mide la eficiencia de nuestra conducción, siendo uno el peor y cuatro el mejor.

Después de unos kilómetros vemos que este medidor, no tiene sentido, ya que podemos realizar una conducción eficiente, y bajar hasta uno o dos, y luego afrontar una serie de subidas donde tenemos un enorme gasto, y subir hasta tres o cuatro, por lo que no le prestamos mayor atención.

Nuestro recorrido ha tenido como principal escenario la ciudad, por donde nos hemos movido como pez en el agua, aunque con todas las miradas puestas en nosotros, por lo que los tímidos, pasarán un mal rato a los mandos de un Twizy, por lo menos hasta que sea un modelo más familiar y algo que a los propietarios de un Smart, nos devuelve a nuestros primeros años con este coche.

Com decimos, la mayor parte del recorrido ha tenido lugar por la ciudad, con tramos de circunvalación, donde la velocidad máxima es de 80 km/h, y que hemos ido rotando en un gran circuito de unos 10 kilómetros.

En ciudad, vemos que la autonomía apenas baja con el paso de los minutos, por lo que dentro de este ambiente no sería extraño alcanzar e incluso superar los 100 kilómetros que nos indica Renault, pero en las escapadas a las zonas de elevada velocidad, es cuando más sufre el Twizy y cuando las barritas del contador comienzan a desaparecer más rápidamente.

Arriba el freno de mano

Después de unas cuantas horas, de las cuales la mayor parte del tiempo las he pasado explicando amablemente las características del coche a decenas de curiosos que se acercaban cuando intentaba hacerle unas fotos, la carga de las baterías ha llegado a su final por lo que he encarado el tramo hacia el concesionario de Renault, a donde he llegado con apenas 3 kilómetros de autonomía en el marcador, una raya en la barra de carga y cuatro puntos en el absurdo medidor ECO, una marca supongo que propiciados por unos últimos kilómetros realizados a muy baja velocidad por miedo a quedarme tirado sin carga.

Al final el marcador del Twizy nos indica que hemos llegado con 204 kilómetros, lo que nos dice que hemos recorrido un total de 65 kilómetros con una carga, una cifra bastante menor de los esperado, y donde suponemos que los tramos de circunvalación han tenido mucho que ver con esta pobre cifra, que se queda muy alejada de los 100 kilómetros que nos asegura Renault.

65 kilómetros para un modelo como el Twizy podría ser más que suficiente, una cifra que convierte al Renault en un modelo pensado por y para la ciudad, y con el hándicap de que solamente podremos recargar nuestras baterías en un enchufe convencional, por lo que los puntos de recarga dotados de formatos CHAdeMO o Mennekes, no estarán a nuestra disposición.

Sin duda uno de los menos comentados y mas´importantes problemas de este modelo que dependerá de la clásica salida Schuko, cada vez menos presente en los puntos de recarga públicos para coches eléctricos, y que si se usan en las motos, por lo que una solución sería permitir estacionar el Twizy en las plazas para motos eléctricas.

Conclusión.
El Twizy me ha dejado un buen sabor de boca, un modelo perfecto para aquellos que busquen una alternativa de movilidad donde dispongan del apoyo de cuatro ruedas y un techo que le proteja parcialmente de las inclemencias, algo que a pesar de su estructura medio abierta, logra con creces ya que después de unas horas circulando en un día bastante frío y vestidos con un vaquero y un sencillo jersey, he terminado sin apenas problemas, aunque por momento, me habría gustado disponer de unos guantes.

Tal vez me ha decepcionado un poco su aceleración, y sobre todo la ausencia de ningún tipo de retención en las arrancada en subida, lo que provoca que tengamos que soltar el freno y pegar un pisotón al acelerador para que irnos hacía atrás, ya que el freno de mano, por su situación, no es de gran ayuda.

Guantera izquierda con toma de 12 voltios

En cuanto a la autonomía, esta dependerá de nuestras necesidades, pero el planteamiento del Twizy no nos invita a grandes desplazamientos por lo que aunque algo más corta de lo esperado, se antoja suficiente para cumplir el cometido para el que ha sido diseñado este modelo.

Aunque por los 6.000 euros que cuesta esta unidad, a los que tendremos que sumar un alquiler de 50 euros mensuales por su batería, convierten al Twizy en una solución economicamente poco interesante y que encontrará su espacio en nichos de mercado muy concretos, como profesionales, o como el primer vehículos para aquellos adolescentes a los que los padres no quieran comprar una moto.

Maletero

Personalmente y pensando en clave económica, con ese dinero prefiero realizar una conversión de bajo coste, y con ella disponer de un vehículo completo con la batería en propiedad y sin tener que rendir cuentas a nadie de cuantos kilómetros tengo que realizar, e incluso si no pensamos en una conversión, me animaría más a adquirir un scooter eléctrico, una alternativa más económica y que además nos ofrecerá mejores prestaciones.

Por supuesto, tenemos que recordar que cada persona es un mundo, cada uno tiene sus necesidades de movilidad, sus requisitos de comodidad o sus posibilidades económicas, pero tal vez el Twizy ganaría puntos de ofrecernos una alternativa donde pudiésemos ser los propietarios de la batería, aunque parece que Renault ni se plantea esa alternativa.

Nuestro agradecimiento a los responsables del concesionario Renault Caeiro Santiago, por cedernos amablemente la unidad del Twizy para esta prueba.


Fotos propiedad de Forococheselectricos, prohibida su reproducción total o parcial.


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