Así pensaban que sería la movilidad del futuro en 1966

Siempre es interesante echar un vistazo al pasado para ver como eran las cosas. Algo que llevamos haciendo unos cuantos años en nuestra sección «Un poco de Historia«. Pero también es muy curioso asomarnos a como pensaban hace 50 años que sería la movilidad del futuro. Un futuro que las películas siempre nos ha dibujado con coches voladores, pero que en 1966 las predicciones eran bastante más realistas.

En el caso de la movilidad eléctrica, ha habido dos puntos álgidos. Uno que fue de 1890 hasta 1910 y otro que ha empezado 100 años después. Durante el anterior siglo se hicieron varias predicciones sobre los coches eléctricos producidos en masa, pero ninguna de ellas se hizo realidad.

En 1966, la revista Popular Science publicó un artículo augurando la inminente llegada de los vehículos totalmente eléctricos. En dicho artículo se mencionaba que Ford llevaba trabajando desde 1958 en coches eléctricos, pero que todavía sería necesario desarrollar baterías mucho más potentes. También se hablaba de las pilas de combustible de hidrógeno.

La tecnología que se atisbaba en 1966 respecto a los vehículos eléctricos era la siguiente: una batería de sodio – azufre líquido con una mayor densidad energética que las baterías de plomo – ácido usadas durante décadas para el arranque de los automóviles. Esta propuesta tuvo sus inconvenientes, ya que la batería de sodio – azufre sólo pudo funcionar a temperaturas de más de 125ºC para mantener su solución fundida.

Las baterías de litio también se propusieron entonces, pero todavía se tardaría 55 años en comprender la física de la densidad energética y el desarrollo de las celdas.

Habría que esperar hasta diciembre de 2010, cuando se lanzó el que se podría considerar el primer vehículo eléctrico producido en masa. Éste fue el Nissan LEAF, aunque ya unos años antes, el Tesla Roadster, demostró lo que se podía hacer con celdas de ion de litio. A partir de ahí comenzó una carrera de evolución de unas baterías que han ido mejorando en cuanto a densidad energética, y sobre todo en un precio que en el momento del lanzamiento del LEAF estaban por encima de los 1.000 dólares el kWh, cuando ahora ya se apunta hacia los 100 dólares.

La tecnología de las baterías que se mencionaba en 1966 y el gráfico que se adjunta y que acompañaba aquel artículo, bien podría resultar familiar a cualquier seguidor actual de la técnica de los vehículos eléctricos. En 1966, el cambio climático producido por dos siglos de uso de combustibles fósiles, con su consiguiente emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, todavía no era un problema socialmente conocido.

De todos modos, los motivos que se esgrimían en el artículo a favor del vehículo eléctrico eran similares a los argumentos verificados en el presente: cero emisiones, mayor flexibilidad a la hora de realizar los diseños y coches con mayor agrado de conducción.

Todo ello ha costado 50 años de desarrollo en la tecnología de las baterías.

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