El coche como plataforma conectada cambiará la industria del automóvil

La evolución del automóvil en los últimos años está cambiando por completo la perspectiva del concepto de uso, propiedad y posibilidades del elemento de movilidad más extendido del planeta.

Los coches actuales y aquellos por llegar al mercado incorporan tecnologías que usan radares, sensores de ultrasonidos, cámaras, sistemas de conexión remota y, afortunadamente para la seguridad vial, cada vez hay más autos con lo mejor de la tecnología en Sistemas Avanzados de Asistencia a la Conducción: ADAS (Advance Driver Assistance Systems), capaces de asistir activamente en las tareas tradicionales reservadas hasta ahora a la persona sentada al volante.

Cuando Steve Jobs presentó el primer iPhone en 2007, se inició un cambio de paradigma que reformó por completo la forma de comunicarnos, de acceder a la información y de integrar el mundo de Internet en nuestras vidas y también en nuestra movilidad. El iPhone fue el pionero de los smartphone que han colocado Internet, con sus servicios y oportunidades en el bolsillo de las personas.

La revolución de los teléfonos inteligentes ha llegado a cambiar incluso los fundamentos económicos, gracias a la aparición de nuevos sectores que integran un universo de servicios dando vida a una economía digital que apuesta por modelos de subscripción y fidelización del cliente.

El problema

2007 significó un antes y un después en nuestra sociedad, en la forma de comunicarnos, trabajar y relacionarnos que muchos sectores tradicionales han tardado en ‘digerir’ y asimilar, como en el caso de la industria del automóvil.

La experiencia de la integración tecnológica y continuidad de nuestros servicios parece desvanecerse al sentarse en el coche, pese a los avances de CarPlay y Andorid Auto (ambos gracias a Apple y Google y no a los fabricantes).

El coche eléctrico o de combustión interna, es el medio de transporte más utilizado donde millones de personas invierten parte de su vida en medio de desplazamientos, atascos y viajes de todo tipo. Sin embargo, ese cubículo móvil se convierte en muchas ocasiones en un entorno hostil a la vida ‘siempre conectada’.

En plena era del Big Data, la Economía Digital, el IoT y la conectividad, la industria del automóvil ha perdido más de una década en descubrir y aprovechar las minas de datos que cada coche es capaz de generar, especialmente a medida que se llenan de sensores y capacidad de reconocer su entorno, ignorando que los datos son el nuevo petróleo y la Inteligencia Artificial el nuevo motor.

En un mundo volcado en la economía 4.0 el automóvil debería ser la segunda plataforma más importante tras el teléfono inteligente, pero la realidad es que en sólo unas pocas excepciones esto comienza a ser una realidad.

Precisamente aquellas compañías que si han comprendido la transformación del siglo XXI son startups libres de rigideces, de sistemas extremadamente jerarquizados desarrollados en el interior de las grandes corporaciones, durante más de cien años construyendo un mismo producto.

El resultado de una cultura del siglo pasado es un producto incompatible con su entorno con motorización contaminante, dañino con el medio ambiente y carente de integración con el mundo digital.

Un década para la esperanza

La década de los 20 del presente siglo se presenta como aquella que marque la evolución final de toda la industria del automóvil hacia productos y sistemas integrados con el resto de dispositivos que forman parte de nuestras vidas. 

La evolución de los sistemas de conducción autónoma liberará a las personas de la dedicación y atención al volante, que impide disfrutar del tiempo empleado en los desplazamientos a otras tareas. Un coche eléctrico autónomo, compatible con el medioambiente, permite dedicar el espacio interior a un entorno más relajado y confortable que el de un puesto de conducción, mientras que la conectividad y compatibilidad con nuestro entorno digital permitirán que las horas que empleamos cada día sean más productivas o entretenidas, según la preferencia del usuario.

El despertar de la industria se palpa en los últimos meses repasando las páginas de ofertas de empleo de la industria del automóvil, donde se aprecia un cambio del perfil de profesionales demandados. En punto de mira se centra en trabajadores del sector de la tecnología, en un esfuerzo de recuperar una década perdida y adaptar sus productos a la nueva realidad y necesidades de un mercado que, con la descarbonización de la economía, busca propuestas acordes con sus tiempos.

La industria despierta

La muestra de que algo se mueve en la industria se palpa en el nuevo plan de empleo puesto en marcha por General Motors. El coloso norteamericano pretende contratar a 3,000 nuevos ‘trabajadores tecnológicos’ para el primer trimestre de 2021.

GM trata, con este cambio de filosofía, contar con una plantilla de trabajadores de nueva generación que les permita avanzar en sus coches eléctricos y sistemas de conducción autónoma, así como lo que denominan: Vehicle Intelligence Platform, una plataforma que sirva de base para unos vehículos inteligentes que incluya en un sólo elemento el sistema de info-entretenimiento, los sistemas de asistencia a la conducción y otros servicios ofrecidos vía software.

Con el movimiento de GM, también emprendido por Volkswagen, los viejos dinosaurios de la industria pretender dar el salto a la creación de un Sistema Operativo propio, tras descubrir que el software y no los cilindros se ha convertido en la clave para adquirir una ventaja competitiva.

Mientras que otros grupos como PSA, piensan en usar plataformas externas como Google Auto, en declaraciones a Forbes Randy Mott, vicepresidente ejecutivo de Tecnología Global y CIO de GM, dejó clara la estrategia de su compañía: «Dentro de IT, buscamos desarrolladores de software con experiencia y otros profesionales que nos ayuden a llevar nuevas innovaciones al mercado y mejorar la experiencia del cliente”.

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