La pandemia transforma el transporte urbano impulsando la micromovilidad

Las consecuencias provocadas por el Covid-19 y su trágico impacto en la salud, sociedad y economía están dejando huellas profundas en los hábitos de la ciudadanía, a medida que se extiende en el tiempo la pandemia y las restricciones asociadas.

En menos de un año la transformación del estilo de vida, trabajo y socialización de las personas, ha sufrido un cambio drástico que pasa factura y dejará huella en toda la sociedad.

Las restricciones sanitarias para frenar la propagación de la terrible enfermedad SARS-CoV-2 (COVID-19), han tenido una incidencia especialmente directa en la movilidad en los grandes núcleos urbanos.

2020 arrancaba con noticias relacionadas con las nuevas medidas que las grandes capitales europeas y del mundo tomaban con el fin de contener la afluencia y circulación de los vehículos atomóviles, dirigidas a reducir las emisiones en sus municipios.

La llegada del Coronavirus ha transformado por completo el escenario dañando fuertemente la gran alternativa al vehículo privado que representa el transporte público. La amenaza de contagio en los entornos cerrados, con escasa ventilación, donde miles de personas comparten espacios y elementos comunes durante todo el día, ha provocado que el medio público de desplazamiento sea concebido como una fuente de riesgo en época de pandemia.

El transporte público cae un 40%

Autobuses, metro, tren y otros medios de transporte públicos han visto caer su uso incluso en los momentos en los que los datos de contagios parecían haber mejorado sustancialmente.

Durante la disminución de las infecciones, el uso de estos medios de transporte han caído en un 40% respecto a los niveles prepandemia, como demuestran los datos arrojados por Google, TomTom y Apple, recogidos en diez grandes ciudades.

Una de las alternativas más socorridas durante este año ha sido el coche particular. Precisamente el tipo e vehículo que las autoridades pretendían erradicar de las ciudades se ha convertido en el elemento más socorrido por la ciudadanía.

Por si fuera poco, el uso del coche se ha puesto de moda mediante un formato de utilización principalmente individual, lo que multiplica los efectos negativos en términos medioambientales, eficiencia y como medio de transporte, junto a otros elementos como la ulterior congestión de las urbes por la acumulación de automóviles.

Pese a que el automóvil puede parecer una alternativa atractiva, este medio de transporte padece problemas endémicos como el tráfico, peajes, congestión, coste de estacionamiento y un largo etcétera.

La micromovilidad como alternativa

Frente a la alternativa tradicional del coche privado que ni termina de resolver los problemas que los desplazamientos de millones de personas suponen en cualquier ciudad del mundo, la micromovilidad ofrece alternativas compatibles con el Covid-19 que solventan viejos retos de las áreas metropolitanas.en un 40% respecto a los niveles prepandemia.

El uso de bicicletas, eléctricas y tradicionales, patinetes eléctricos, alquiler de scooters se ha disparado como respuesta a una enfermedad que limita el contacto entre personas.

Diferentes ciudades del mundo han impulsado la transición hacia una nueva movilidad individual cero emisiones, aumentando los espacios de sus vías para acoger los vehículos de movilidad personal (VMP) y bicicletas (que no dejan de ser realmente también VMP).

Como respuesta a la pandemia y para tratar de controlar una nueva invasión de coches privados (en muchos casos de segunda mano, poco eficientes, comprados de urgencia para garantizar una alternativa al transporte público), se han construido nuevos carriles para bicicletas, así como nuevas y amplias vías peatonales para aquellas personas que prefieran recorrer la «ultima milla» a pie.

La pandemia, antes o después, será superada pero sus efectos quedarán implantados en la sociedad. La transformación de la movilidad consecuencia del Coronavirus no será algo pasajero puesto que, en ciertos sentidos, ha acelerado una evolución de las alternativas a la hora de afrontar la forma en la que nos desplazamos en las ciudades.

La nueva movilidad ha llegado para quedarse, así como la extensión de una forma de vida más saludable para las personas que pasa, inevitablemente, por cambiar la forma en la que nos desplazamos y el impacto medioambiental de esta.

¿En bici o en coche?

No es lo mismo acudir al trabajo sabiendo que cada pedalada que damos supone un beneficio para nuestro sistema cardiovascular, un refuerzo para nuestro sistema inmunitario que nos ayuda a defendernos frente a enfermedades. Además de ser un desplazamiento que no desprende ninguna sustancia nociva para el medioambiente.

La vieja alternativa donde para realizar el mismo trayecto se emplea un vetusto diésel, o un flamante SUV híbrido enchufarle, que ocupa 9 metros cuadrados de espacio, y multiplica por cinco sus emisiones cuando su sistema híbrido se queda sin batería, puede ser una opción poco compatible con los objetivos de futuro deseados.

Los cambios en la movilidad producidos durante la pandemia, tendrán efectos más allá de la duración de esta, condicionando la forma de desplazarnos durante los próximos años e incluso décadas.

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