El petróleo es el mejor aliado del coche eléctrico

La elasticidad precio de la demanda es una medición realizada por la ciencia económica, donde se pueden comparar el grado de respuesta de la cantidad demandada de un bien o servicio, respecto de los cambios en el precio de estos.

A lo largo de la dilatada historia que nos une al petróleo y los combustibles fósiles, hemos podido comprobar diferentes tipos de respuesta a los incrementos del precio del crudo que tienen serias repercusiones, no sólo en el bolsillo de los consumidores, sino en el conjunto de la economía.

Si bien en otras épocas ante la subida de la gasolina o el gasóleo se buscaban alternativas para ahorrar, no ha existido un mercado maduro con verdaderas alternativas más allá del motor de combustión interna.

Pero si algo caracteriza a la década de los 20 del siglo XXI es que ahora sí hay una opción cero emisiones y más barata de operar que los viejos motores de explosión. El coche eléctrico ya no es un producto de nicho a años luz en prestaciones, autonomía y ventajas respecto al tradicional de combustión.

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La escalada de la energía eléctrica que bate récords en España con precios de la luz históricos, podría verse como un obstáculo para dar el salto a la movilidad cero emisiones, pero cuando se llega a una gasolinera la dura realidad demuestra que el coche eléctrico es aún más competitivo que nunca.

Pese al descalabro del petróleo durante la peor fase de la pandemia, el sector parece vivir una segunda juventud con subidas que llevan el barril a los 75 dólares, como en octubre de 2018.

La banca de inversión prevé que el nivel actual del oro negro pueda subir todavía otros 10 dólares durante lo que queda de verano. Fuentes como Bank of America pronostican que en 2022 el crudo puede llegar a los 100 dólares/barril, como adelantó este medio.

Estas subidas y la consiguiente reducción de la renta de las familias como consecuencia del encarecimiento de la gasolina, diésel y otros productos derivados, así como de los servicios que sufren el efecto colateral del encarecimiento de los combustibles, pueden terminar por inclinar la balanza de la ciudadanía hacia el coche eléctrico.

Los menores costes operativos y el inferior gasto por kilómetro que ofrece la movilidad cero emisiones puede ser el revulsivo final que permita facilitar y acelerar una transición a la que cada día se suman más usuarios, como muestran las cifras de ventas de coches eléctricos en España publicadas por FCE.

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