Ecologistas alemanes demandan a BMW y Daimler por su influencia en el cambio climático

El grupo ecologista Deutsche Umwelthilfe (DUH), traducible como Acción Medioambiental Alemana, ha presentado demandas judiciales contra BMW AG y Daimler AG, las matrices de BMW, MINI, Rolls-Royce, Mercedes-Benz y smart. Las empresas habían recibido un ultimátum previo de la ONG, y como resulta evidente, no han accedido a cumplirlo.

Las demandas contra estas compañías automovilísticas se fundamentan en que sus objetivos de reducción de emisiones de carbono no son suficientemente ambiciosas. Entre otras cosas, se les exigía cesar o limitar la producción de vehículos con motores de combustión interna para 2030, antes de lo que tienen previsto hacer.

De hecho, todavía no hay una fecha marcada en el calendario por la cual vayan a hacer tal cosa. En un comunicado de mayo, BMW tiene previsto que el 50% de sus ventas mundiales sean de coches totalmente eléctricos. Es más, sus objetivos de reducción de dióxido de carbono, 200 millones de toneladas para 2030, está avalada por científicos. No obstante, desde este año todas las fábricas y edificios de BMW son neutrales, es decir, sus emisiones están compensadas.

Mercedes-Benz Concept IAA

Respecto a Daimler, ya se ha postulado como fabricante de vehículos 100% eléctricos para el final de la década, incluso a costa de abandonar el desarrollo de las mecánicas híbridas enchufables EQ Power. También abandonaron el desarrollo de las pilas de combustible de hidrógeno para turismos y furgonetas, aunque esa línea de investigación se mantiene en camiones y autobuses junto a Volvo.

Hay un precedente interesante en el sistema legal alemán, el Tribunal Supremo del país ya sentenció que los objetivos de reducción de emisiones de Alemania no son suficientes, y que para evitar mayores cambios forzosos para las generaciones venideras, los ciudadanos de hoy deben empezar a cambiar sus hábitos y costumbres. En caso contrario, las consecuencias del cambio climático antropogénico serán peores en el futuro cercano.

En parte, la demanda tiene su lógica, BMW y Daimler están participando en la fiesta comercial de los SUV y modelos de gran potencia que van en dirección opuesta a eso de reducir las emisiones respecto al escenario de 1990. En esta fiesta, el que no participa no tiene tan buenos resultados comerciales. Por otro lado, BMW y Daimler han intentado obstaculizar que las políticas ambientales europeas y alemanas sean tan exigentes.

Manifestación ecologista a las puertas del Salón de Múnich, que reemplazó al de Frankfurt

A partir de esa percha jurídica y otro precedente de demanda contra Shell en Holanda, DUH cree que el camino hacia una sociedad descarbonizada consiste en llevar a juicio a grandes empresas para que hagan mayores sacrificios. Si se sienta un precedente legal en forma de condena -que les obligue a reducir más rápido sus emisiones- se abre la puerta a que cualquier ciudadano u organización en Alemania lleve a las empresas a los tribunales.

Solemos hablar de 2050 como la fecha en la que hay que alcanzar la neutralidad en carbono, y que todas las emisiones que se hagan de dióxido de carbono queden compensadas (proyectos forestales, captura de CO2, etc). De esta forma no aumentará -teóricamente- más la concentración atmosférica de este gas de efecto invernadero, al menos por la mano del ser humano.

Pero hay que ser realistas, si tanto BMW como Daimler dicen que a partir del 1 de enero de 2022 solo van a comercializar vehículos eléctricos, se van directos a la quiebra. Todos los vehículos con tubo de escape que decidan no producir se convertirán en demanda para sus competidores. Porque los consumidores no se pasan a los vehículos eléctricos únicamente por fastidiar a los ecologistas, suelen tener otros motivos detrás de dicha elección.

Esta década será la transición definitiva entre los vehículos de combustión interna y los eléctricos, dando el sorpasso de una tecnología a otra, igual que pasó en su día en la primera década del Siglo XX. Es un proceso que lleva tiempo. Retrasarlo tendrá consecuencias en el medio ambiente, pero acelerarlo sin tener en cuenta lo que es económicamente viable provocará destrucción de actividad y empleos, y a buen seguro supone buenas noticias en aquellas partes del mundo donde la ecología está de lejos de ser una preocupación actual, ya ni digamos futura.

En cuanto a los ciudadanos, pues se les puede decir que no vayan a pasar el fin de semana a Praga en un vuelo de «bajo coste», que no coman carne, que compren ropa cuando haga falta y no cuando les apetece, que no tengan un SUV, que viajen en trenes nocturnos… Y al final, en algún momento todos pensamos aquello de «el bosque es de todos, yo quemo mi parte». BMW y Daimler no son culpables de eso, al menos, no del todo.

Compártelo: