¿Por qué a Tesla le afecta menos la crisis de los microchips y no cae su producción?

En las noticias de ventas que venimos publicando se aprecia que, mientras los grandes fabricantes han tenido que parar sus fábricas una o varias veces a lo largo del año, Tesla ha conseguido un récord de producción y entregas en el último trimestre: 237.832 producidos y 241.300 entregados. Eso nos lleva a una pregunta muy lógica, ¿qué está haciendo Tesla que no estén haciendo los demás? ¿La falta de microchips y semiconductores les da igual?

En la conferencia de inversores del segundo trimestre, el fabricante comunicó lo siguiente: «Nuestro equipo ha demostrado una habilidad sin parangón para reaccionar rápidamente y mitigar las disrupciones en la fabricación causadas por falta de semiconductores. Nuestros ingenieros de electricidad y firmware se mantienen fuertes en el trabajo de diseñar, desarrollar y validar 19 nuevas variantes de controladores en respuesta a la escasez de semiconductores».

En otras palabras, lo que hace Tesla es delegar más en su propia casa que en empresas externas y aprovecha todo, minimizando el desperdicio. Los principales problemas de los fabricantes tradicionales están en su cadena logística, les fallan los proveedores o los proveedores de sus proveedores, se han acostumbrado al sistema just in time. Pero si queremos una respuesta más elaborada, tenemos que acudir a un analista de automóvil que maneja mucha información, como Adam Jonas de Morgan Stanley.

La nota, titulada como «How Did Tesla Find Chips?», la podemos resumir en cuatro apartados: integración vertical, sofisticación, negociación y escala.

Sumariamente, Tesla tiene un mayor control de su cadena logística y de componentes, delega menos en proveedores externos, por lo que reduce la probabilidad de interrupción de dicha cadena. Su alto nivel de especialización tecnológica viene de largo y en parte de sus propios ingenieros, por lo que es cliente preferente para los proveedores y mantiene una posición de dominio sobre ellos más clara. Por otro lado, como Tesla es un fabricante más pequeño (ya se mueve en el entorno del millón de unidades anual) necesita menos procesadores y chips que fabricantes de mayor volumen.

Pese a su tamaño, Tesla se considera por muchos proveedores como un cliente estratégico y al que hay que tener siempre bien atendido, lo cual explicaría que tenga mayor acceso a la producción disponible de estos pequeños componentes, pero imprescindibles para fabricar coches de alta tecnología. También influye en la respuesta que Tesla tiene los deberes hechos con antelación a la hora de asegurarse ciertos componentes.

«Esto [la falta de microchips] ha sido extremadamente difícil. Se debe a la ingeniería de Tesla, cadena logística, producción y proveedores clave».

Elon Musk, CEO de Testa

Si echamos un vistazo a las cotizaciones de Tesla -que dan para una publicación aparte y exceden el ámbito de este espacio- comprobamos que después de tocar techo en 900 dólares por título a comienzos de este año, lleva desde el mínimo de 2020 (casi 100 dólares) subiendo en una clara tendencia ascendente. Obviando anomalías debidas a la especulación y esas cosas de los mercados, Tesla ha aumentado su valor en cinco años un 1.885%.

Especialmente a partir de 2020 este fabricante «pequeño» se ha convertido en uno de los títulos más atractivos de la Bolsa de Nueva York (índice NASDAQ), y su progresión desde finales de 2019 -al presentar Cybertruck- es ciertamente impresionante y en parte sigue un patrón de burbuja. Servidor lo ha comentado muchas veces, sube demasiado en relación al número de vehículos que fabrica, los beneficios que tiene y su peso en el mercado automovilístico a efectos prácticos.

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