Según los científicos, el hidrógeno verde es un sueño de momento muy lejano

En los últimos meses hemos escuchado la promesa del hidrógeno verde como una panacea energética que nos ayudará a reducir nuestra dependencia exterior. Una idea más teórica que real que se comerá una buena cantidad de los presupuestos de recuperación de la UE, pero que no está respaldada por muchos científicos que indican es una alternativa a muy largo plazo.

Así lo indican los resultados del informe Ariadne de Copernicus, financiado por el gobierno de Alemania, que indica que el hidrógeno verde debería reservarse para aplicaciones en las que no es posible la electrificación directa con electricidad procedente de renovables o mediante baterías, como por ejemplo en la industria, en la aviación de larga distancia y en el transporte marítimo. El motivo de la recomendación es el conocimiento de que el hidrógeno verde no estará disponible en cantidades suficientes durante muchos años.

Según Falko Ueckerdt Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático de Alemania. «Para cubrir solo el 1% de la demanda final de energía en la UE con hidrógeno verde para fines de la década, su producción tendría que aumentar en alrededor del 70% cada año entre 2023 y 2030.  Debe crecer tan rápido como la energía solar y dos veces más rápido que la energía eólica«.

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Para los científicos, el hidrógeno producido exclusivamente con energías renovables puede servir como base de combustibles que sustituyan el carbón, petróleo y gas natural en la industria y el transporte.

Uno de los principales problemas al sueño del hidrógeno verde es su capacidad de producción. Además de una fuerte expansión de las energías renovables que permitan incluir este vector energético, será necesario levantar grandes y múltiples instalaciones donde realizar la electrólisis para su producción. Sin embargo, todavía no hay una decisión final de la inversión para el 80% de los proyectos anunciados para 2023. 

Dentro de los factores que influirán su velocidad está el impulso del sector público. Un sector que con la energía eólica y solar ha mostrado su total apoyo por sus claros beneficios para luchar contra el cambio climático y la reducción de la dependencia energética externa. Pero con el hidrógeno todavía no lo tienen claro, lo que puede retrasar las inversiones y frenar su implantación.

Para tratar de crear una pasarela que permita hacer una transición más rápida, los expertos proponen que el hidrógeno azul se convierta en un paso intermedio. Un sistema que obtiene el hidrógeno desde el gas natural, con su impacto en emisiones, pero que indican podría permitir el acelerar las inversiones y la puesta en marcha de las instalaciones para lograr un hidrógeno limpio.

Opinión

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Sin duda el hidrógeno puede ser una alternativa de descarbonización de sectores intensivos que a corto y medio plazo parece difícil electrificar. Pero el problema es que mientras hablamos de una crisis energética en Europa, proponemos levantar un sistema poco eficiente que supondrá desperdiciar buena parte de la energía producida para transformarla en hidrógeno. Una contradicción.

Una pescadilla que se muerde la cola en una situación donde necesitaríamos una expansión enorme de las renovables para poder de esa forma cubrir las necesidades, y poder optar a alternativas como el hidrógeno verde. Pero sin ese despliegue masivo, estamos ante un escenario donde perderemos energía para simplemente almacenarla en un vector diferente. Algo que siempre será peor que inyectar la energía directamente al sistema.

Una industria del hidrógeno que además necesitará ingentes cantidades de dinero público. Un dinero que seguramente esté mejor invertido precisamente en unas renovables sin las cuales no habrá verdaderamente hidrógeno verde.

Fuente | Sueddeutsche

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