Jaque a la energía nuclear: Francia corre el riesgo de apagones en 2022 por paradas de reactores

El sistema eléctrico francés es muy particular en Europa por su gran dependencia de la energía nuclear. Cuando las cosas van bien esto significa una producción eléctrica muy baja en CO2 -combinándose con energías renovables- y el exportar a sus vecinos a cambio de interesantes sumas de dinero. Sin embargo, su fortaleza es a su vez una debilidad, sobre todo según va envejeciendo el parque de centrales nucleares.

El regulador eléctrico francés, RTE, ha hecho sus previsiones para lo que queda de invierno, y el riesgo de apagones va en aumento, si bien lo cual no significa que tal cosa vaya a suceder. Para empezar, en Francia -como en cualquier lugar- los reactores nucleares realizan paradas por mantenimiento programado o repostaje, pero también hacen falta paradas por riesgos de seguridad sobrevenidos.

A mediados de diciembre 17 de los 56 reactores franceses, casi un tercio, estaban parados por razones técnicas o de seguridad. Su parque acumula una edad media de 35 años y se han tomado medidas para extender su vida útil entre 40 y 50 años. A partir de 2030 empezarán a desmantelarse varias centrales al terminar dicha vida útil.

Parque eólico de Endesa

Durante varios de días de diciembre el saldo exportador de Francia se ha convertido en negativo, es decir, ha tenido que importar energía de sus vecinos, como España. Los días 20, 21 y 22 de diciembre Francia importó entre 12 y 13 GW, lo cual está próximo a alcanzar el tope disponible de importación de su red. Esto, obviamente, tensiona un poco a los países con interconexión.

A las desconexiones de reactores se suman otros factores. Las centrales térmicas de carbón son un recurso que se puede utilizar de forma limitada, hasta 700 horas al año, lo cual ronda un mes entero. Los límites de emisiones de CO2 son la causa. Además, a todo esto se puede sumar un pronóstico climatológico que no apunta a una producción eólica que pueda compensar la baja de ritmo de las nucleares.

La suma de todos estos factores nos acerca a un escenario en el que el regulador francés tiene que utilizar recursos poco frecuentes para reducir la demanda, empezando por consumidores industriales e intensivos a los que se puede bonificar por aflojar su demanda y que los clientes finales no lo noten. Esto, paños calientes aparte, significa que no habría energía suficiente para todos los franceses, sobre todo cuando les da por usar sus cocinas, calefacciones, etc.

Jorge Morales, experto energético y director de Próxima Energía, se manifestó a este respecto en el matinal radiofónico «Más de uno» en Onda Cero. Podéis escuchar su intervención a partir del minuto 04:43. Francia dispone de un comodín de 1 a 1,5 gigavatios para amortiguar la falta de producción si se da una tormenta perfecta -como la ocurrida en Texas el año pasado-. A partir de ahí empezarán los problemas.

Francia tiene por delante una adaptación de su sistema eléctrico para afrontar las consecuencias del final definitivo de producción de sus reactores más antiguos, a ser posible por energías renovables, aunque Francia sigue apostando por una parte importante de su mix producido por fisión nuclear. Siendo optimistas, una central nuclear se tarda en poner en funcionamiento 10 años, así que no van muy sobrados de tiempo.

Compártelo: