Nissan cesa la producción de e-NV200 al cerrar la fábrica de la Zona Franca de Barcelona

Los trabajadores de Nissan en la Zona Franca de Barcelona se han ido a su casa hasta fin de año. Hasta el cierre definitivo la fábrica estará en un nivel de actividad mínimo, como mantenimiento y la distribución de las últimas unidades producidas. El último vehículo en abandonar la línea de producción 2 ha sido una Nissan Navara, la última e-NV200 salió de la línea 1 el jueves de la semana pasada, el 9 de diciembre.

Se ha consumado lo anunciado en el 28 de mayo de 2020, cuando el consejo administrativo de Nissan anunció drásticas medidas de ahorro y la reducción de dimensiones, lo cual afectaba de lleno a las tres instalaciones de Nissan en la provincia: Barcelona, Montcada i Reixac, y Sant Andreu de la Barca. Tras el cierre de la fábrica de Ávila -que producía camiones ligeros- es la segunda fábrica de automóviles que Nissan cierra en España, y ya no le quedan más. En Cantabria seguirán produciendo componentes.

La furgoneta eléctrica e-NV200 ya ni siquiera existe en la web de Nissan en España, si bien la producción era en exclusiva mundial para todos los mercados donde estaba presente. Casi 10 años ha durado, los primeros prototipos estaban listos en 2011, en 2012 se presentó oficialmente, y la producción en serie en Barcelona comenzó en 2014. Era una versión más de la furgoneta NV200, lanzada allá por 2009. Estaba ya muy desfasada al estar basada en el primer Leaf.

Su lugar en la gama lo ocupará la Townstar/NV250 de fabricación francesa. La e-NV200 salió al mercado con el pack de baterías del primer Nissan Leaf, de 24 kWh, y en 2018 recibió como mejora el paquete de 40 kWh, con una mejora significativa de su autonomía. La cadena cinemática no experimentó cambios. Las hubo 100% comerciales y de pasajeros, e incluso se ofreció una versión de techo sobreelevado modificada por Voltia o una transformación camper. Las versiones diésel (NV200) se dejaron de fabricar en 2019.

Su éxito comercial no se puede denominar tal, y en todo caso podemos decir que durante un periodo breve de tiempo tuvo un papel de dominio en el mercado de comerciales ligeros eléctricos más que nada por falta de oponentes. Ahora e-NV200 tiene competidores que están puestos al día y han mejorado en cualquier sentido. Nissan, como otros tantos productos, no se preocupó demasiado en su modernización más allá de lo imprescindible.

El cierre de la fábrica de Barcelona era inevitable, digan lo que digan, y al margen de la situación política de Cataluña. Las asignaciones de modelos del plan industrial que incluía el compacto Pulsar, las pick-up basadas en Navara, y la furgoneta NV200 fueron fracasos comerciales. La fábrica de Barcelona llevaba años por debajo del 50% de su capacidad de producción, era una fuente constante de pérdidas, ídem respecto a las dos auxiliares que dependían de ella.

Una fábrica puede irse a lo más alto o al cierre por culpa de malas asignaciones. Que se lo digan a los chicos de Valladolid en Renault, que con el Grand Modus vieron el desastre de cerca, y con la llegada de éxitos comerciales han llegado a trabajar a triple turno. Para Barcelona todo empezó a ir mal cuando se terminó la producción de las furgonetas x83: Nissan Primastar y Renault Trafic. En esta ocasión los ganadores fueron los franceses de Sandouville, que se llevaron la generación siguiente, x82.

Pero las bajas ventas no han sido el único problema. Nissan no ha visto en la plantilla ni sus sindicatos suficiente flexibilidad, mientras otras plantas españolas sí se han adaptado a los cambios. La situación política reinante evidentemente no ayuda, pero para SEAT no ha sido ningún problema, Martorell echaba humo por uso de capacidad hasta el impacto en el suministro de componentes. Y sí, Martorell ha recibido nuevas asignaciones.

La Nissan e-NV200 pasará a los libros de Historia de la Automoción española como una de las primeras furgonetas eléctricas producidas en masa. De momento seguimos sin saber qué empresa o empresas ocuparán los terrenos de la Zona Franca. Nissan alquiló las instalaciones durante cuatro décadas a un consorcio estatal y autonómico, que es el que busca todavía inquilino. El cierre de Barcelona se ha pospuesto varias veces durante año y medio.

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