Noruega alcanza en noviembre una cuota del 94,9% de electrificados y el 73,8% fueron coches eléctricos

Las políticas que Noruega estableció a lo largo de los años han tenido como resultado una anticipada retirada del mercado de los modelos térmicos, pese al gran impacto en la recaudación de impuestos. ¿Podemos decir que en Noruega nadie quiere un gasolina o un diésel sin hibridar? Pues casi, porque el 2,3% de las matriculaciones correspondieron a modelos gasolina, y el 2,7% fueron de gasóleo. Fueron 772 coches en total.

El país nórdico se acerca con comodidad al objetivo de 100% de ventas de vehículos sin emisiones para 2025. Hay que tener en cuenta que, a pesar de la caída de producción de modelos térmicos generalistas -debido sobre todo a la crisis de los microchips-, la tendencia se observaba desde hace tiempo, y los noruegos cada vez se compran menos coches sin electrificar.

Durante el mes de noviembre se matricularon 11.274 coches eléctricos, desglosados en Tesla Model Y (1.013) y Model 3 (771), Volkswagen ID.4 (725), Audi Q4 e-tron (661), Nissan Leaf (655)… Sí, el segundo eléctrico más vendido igualó las ventas de todos los gasolina y diésel, es curioso. El 21,1% de las matriculaciones, 3.288 coches, correspondió a modelos híbridos, que también son térmicos, pero menos.

TipoCuota de mercado nov. 2021Cuota de mercado ene-nov 2021Cuota de mercado nov. 2020Cuota de mercado ene-nov 2021
Gasolina2,3%4,4%5,1%8,9%
Diésel 2,7%4,1%5,4%9,3%
Híbrido21,1%27,4%33,3%29,7%
Eléctrico73,8%64,2%56,1%52,2%
Datos de ventas de turismos en Noruega

Una vez más Noruega es un ejemplo de hacia dónde puede escorar un mercado automovilístico con las políticas fiscales. Actualmente, y dado el estado de la red de recarga, los beneficios para los eléctricos, y el tipo de desplazamientos que suelen hacer, casi hay que ser idiota para comprarse un térmico -habiendo una alternativa electrificada a su lado-.

En un país como el nuestro, donde las políticas fiscales prácticamente igualan a un diésel de bajo consumo con un eléctrico puro -solo pagan un 21% de impuestos en la matriculación-, el cambio tarda más en suceder. Así que el quid de la cuestión no es si va a pasar o no (va a pasar), es a qué ritmo va a pasar. Con unos impuestos brutales a los coches no electrificados, la transición va en sexta a fondo, y sin una política de bonus-malus mandan más las leyes del mercado.

El caso de Noruega no es extrapolable a todo el mundo. Es un país rico que se puede permitir el lujo de crear un agujero en sus cuentas públicas para incentivar -casi extorsionar- a sus ciudadanos para que compren coches electrificados y consuman una electricidad que les sobra. Total, se lo estamos financiando los demás comprando su petróleo, así que parte del caso de éxito noruego está sufragado también de nuestros bolsillos cada vez que repostamos.

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