Los países productores de petróleo están preocupados por más ventas de coches eléctricos debido al alza del combustible

Todos tenemos un precio, tanto para vender como para comprar. En los últimos meses hemos visto cómo las fluctuaciones del precio de la energía pueden poner de rodillas a las grandes economías, y como guinda de pastel una guerra ha vuelto a tensionar el mercado. El único respiro que ha dado el precio del barril de petróleo, ya por debajo de 100 dólares, se debe a otra tanda de macroconfinamientos en China a cuenta del COVID y su política de tolerancia cero.

A corto plazo, los países productores de petróleo se benefician de que los precios se disparen, porque ingresan buen dinerito, el problema es lo que eso provoca a largo plazo. Históricamente está comprobado que cuando la energía es cara, surgen iniciativas para reducir el consumo y aumentar la eficiencia, tanto para salir del apuro como de forma permanente.

El ministro iraquí del petróleo, Ihsan Abdul Jabbar, lo ha explicado en el New York Times: «A corto plazo estamos contentos, pero no si esto se alarga». Habiendo alternativas ya disponibles, más consumidores pueden despedirse definitivamente de las gasolineras. Esto, técnicamente hablando, se llama destrucción de demanda. No se trata de consumir menos petróleo, sino dejar de consumirlo. En las naciones desarrolladas esto va a más, muy despacio, pero va a más.

En los años 70 y 80 no había escapatoria, si la energía se disparaba no había alternativa. Había que lidiar con racionamientos de combustible, precios disparados e incluso medidas más radicales. Por ejemplo, solo en 1974 se cancelaron rallies, se pidió en algunos países dejar el coche parado un día a la semana, y se establecieron límites de velocidad.

Por contra, con la energía barata florecen automóviles de gran consumo, e incluso más de uno puede involucionar de un coche eléctrico a uno térmico por cuestiones subjetivas. No hay nada más terapéutico que ver la gasolina o el gasóleo a precios históricamente altos para ser consciente de lo que cuestan las cosas, y de lo que se recauda en impuestos -que esa es otra-.

Mientras en Estados Unidos el ritmo de adopción de coches eléctricos es todavía pequeño, en términos porcentuales, no es así en China y en la Unión Europea, donde una flota creciente de coches eléctricos -además de motos, vehículos comerciales…- producen efectivamente una destrucción de demanda permanente. La pandilla de la OPEP debería pensarse muy seriamente lo de diversificar sus economías, la teta de la vaca un día se va a secar.

En el plazo de 10-15 años las principales naciones desarrolladas habrán reducido mucho su consumo de barriles de petróleo, pero buena parte del mundo seguirá necesitándolo. Esto puede presionar el precio hacia abajo. En ese escenario la OPEP tendría que hacer lo que sabe hacer la OPEP, que es cerrar grifos para mantener los precios más altos, y así hasta que se harten los africanos.

Tengamos en cuenta que un barril de petróleo razonable tiene efectos negativos, como que se reduce la inversión en prospección de nuevos yacimientos ni en mejorar el aprovechamiento de los existentes, se renuncia a fuentes de petróleo como el bitumen, bolsas a gran profundidad en el mar o la ruptura hidráulica (fracking), y eso reduce el petróleo disponible. Estrictamente hablando, jamás agotaremos el petróleo.

Algunos países productores, como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, están usando inteligentemente el dinero que les pagamos todos los demás para diversificar sus economías, metiéndose en clubes de fútbol, aerolíneas, turismo, producción eléctrica renovable, automóvil… lo que haga falta. Han captado el mensaje. Otros siguen financiando sus presupuestos con petróleo, y cuando baja el barril sus economías pueden colapsar. Su único camino es diversificar, tienen de tiempo hasta que se harten los africanos.

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