Estos son los factores que te pueden ayudar a aumentar la autonomía de tu coche eléctrico

Cuando miramos un coche eléctrico para su compra, uno de los datos con mayor peso es su autonomía homologada. Un dato que ha mejorado con la llegada del sistema WLTP que ofrece una aproximación algo más realista que el vetusto NEDC. Pero además hay otros factores que nos pueden ayudar o penalizar para lograr mejorar nuestra autonomía.

Y es que como decimos, el WLTP ha supuesto un salto adelante en cuanto a estimación de autonomía. Pero este formato lleva a cabo sus pruebas en naves cerradas, con una temperatura idónea de 23 grados, donde los coches se conducen sobre unos cilindros donde se conduce durante 30 minutos. La velocidad se divide en cuatro categorías diferentes, hasta 60 km/h (10 minutos), hasta 80 km/h (poco más de 7 minutos), hasta 100 km/h (apenas 8 minutos) y más 130 km/h (durante poco más de 5 minutos).

La conducción real corresponde a una distancia de 23,5 km, dividido en un 52% simulando un recorrido por ciudad, y un 48% en carretera, donde se tienen en cuenta las subidas y bajadas de velocidad en todas las pruebas de la misma forma.

Un apartado este último donde se puede dar facilidad para el engaño ya que son muchos los fabricantes que indican los datos logrados en ciclo urbano, lo que puede suponer una confusión para el cliente menos experimentado que no lea la letra pequeña.

Pero mientras que se mejora el sistema con unas pruebas en carretera abierta y en diferentes partes del año, de nuestra mano está el lograr la cifra de consumo más cercana a la cifra homologada, y de esa forma extender la autonomía de nuestro coche eléctrico.

Consejos para aumentar la autonomía de tu coche eléctrico

El nuevo Renault Megane E-Tech Electric cuenta con levas para configurar la frenada regenerativa

La frenada regenerativa no siempre es tu amiga. Está claro que el potencial de frenar con el motor y aprovechar esa frenada para cargar las baterías suena genial. Y en la mayor parte de las veces lo es. Pero no siempre.

El frenar supone muchas veces el recuperar una pequeña parte que luego tendremos que gastar con creces al recuperar la velocidad necesaria. Algo que sucede por ejemplo en carreteras secundarias o caminos rurales donde el coche debe rodar con la mayor facilidad posible, subiendo pendientes y a la salida de las curvas, con la menor aceleración y frenado posible, es decir, cero regeneración.

Esto es posible en algunos modelos que permiten adaptar la frenada regenerativa en varios niveles, e incluso ponerla en «modo vela» que supone no regenerar. Otros en cambio no lo permiten y tendremos que hacer un esfuerzo para lograrlo mediante el acelerador.

Este aspecto es más importante todavía cuando ponemos el control de velocidad automático, o el Autopilot o similar.

El control de crucero automático es, ante todo, cómodo y, para muchos, también proporcionará una conducción más segura y constante, lo que sobre el papel debería traducirse en menos consumo. Sin embargo, esto sucede si nos movemos entre un tráfico poco denso donde no haya demasiada interacción entre nuestro vehículo y el resto. En cambio si la zona cuenta con tráfico más denso, el control de crucero puede frenar o acelerar de manera más brusca y menos intuitiva que lo que haría un conductor humano, capaz de adelantarse a lo que sucede frente a el y logrando optimizar al número de frenadas y acelerones.

El climatizador es un elemento que no tendrá demasiado impacto en nuestra autonomía. Y es que en un viaje lo más seguro es que tengamos que usarlo, sobre todo en los meses de invierno donde se nos empañarán las lunas.

Podremos optar por usar los sistemas de calefacción directos como la que llevan muchos modelos en sus asientos o volante. Pero esto podrá aplicarse principalmente cuando viajemos solos, o con un único acompañante. El número de coches con calefacción en los asientos traseros es menor. El esfuerzo nos puede permitir ahorrar menos del 10% del consumo, lo que puede parecer mucho pero en un viaje de media hora a una media de 70 km/h ahorraremos unos 3 o 4 kilómetros de autonomía. Por lo que como vemos, salvo que vayamos muy pelados, no merecerá la pena pasar frío o calor por ahorrar unos pocos km, sobre todo si el recorrido no será muy largo.

El peso es otro de los factores que se suele magnificar a la hora de realizar un viaje. Pero su impacto no es demasiado grande. El fabricante sueco Polestar realizó una prueba de un recorrido en invierno con dos Polestar 2. Uno sin carga y el otro con un cofre en el techo con 175 kilos extra. El resultado es que después de un recorrido de 300 km la diferencia de consumo ha sido de apenas 1.7 kWh cada 100 km, lo que se traduce en que el modelo cargado ha llegado con solo 25 km menos autonomía.

Cuestión diferente es cuando necesitemos arrastrar un remolque o una caravana, donde el consumo si se dispara, como en cualquier vehículo, lo que puede reducir según el modelo hasta un 50% nuestro alcance. Un aspecto donde se suma las dificultades para cargar cuando llevamos remolque, que nos obliga a desengancharlo en cada parada.

Donde si podemos encontrar importantes diferencias es en la elección de los neumáticos. Los coches eléctricos son por regla general más pesados ​​que los modelos con motor de combustión interna equivalente, y tienen una aceleración mucho mayor. Esto significa que los neumáticos deben soportar una carga total más alta.

Entonces la cuestión es si montar unos neumáticos con más agarre, y mayor consumo, o unos de menor resistencia a la rodadura. La clasificación lanzada en 2021 por la UE del etiquetado para el agarre en mojado y la resistencia a la rodadura ahora tienen 5 niveles, con letras que van de la A a la E.

Un sistema de clasificación similar al usado en los electrodomésticos, donde A es el mejor y E es el peor. La diferencia entre cada nivel de grado implica aprox. 15 km de autonomía en el caso de los coches eléctricos. Normalmente, los buenos neumáticos se encuentran en los intervalos entre B y E, lo que indica que la resistencia a la rodadura puede afectar significativamente a la autonomía.

En nuestra prueba del Tesla Model Y, la versión con llantas de 20 pulgadas ha consumido casi la misma cifra que un Model 3 con llanta de 18 pulgas

Además de esto, luego entra en juego la cuestión del tamaño de la llanta. Cuanto más grandes sean los neumáticos y las llantas, mayor será el peso, mayor la superficie de rodadura y la fricción aerodinámica, lo que se traduce en mayor consumo y por lo tanto, menor la autonomía.

La diferencia de consumo depende de la superficie y la velocidad, pero podemos encontrar diferencias de entre hasta 40 km por carga en un SUV mediano entre optar por unas llantas de 19 a unas de 20 pulgadas. Algo que puede tener su propia variable su podemos contar con un neumático diseñado específicamente para coches eléctricos. Algo más habitual en las ruedas de verano o las intermedias, que en las de invierno.

Los trucos para una mejor autonomía en tu coche eléctrico

  • Climatiza la batería y el compartimento durante la carga antes de salir. Esto supondrá que la batería disfrutará de una temperatura de funcionamiento un poco más alta desde el principio y el compartimiento de pasajeros tendrá una temperatura idónea que reducirá el consumo para su mantenimiento. 
  • Prioriza la calefacción directa, la del volante o los asientos, antes que el aire acondicionado, que consume más. Por supuesto no es recomendable dejar de disfrutar de una temperatura agradable solo por ahorrar unos pocos kilómetros de autonomía y debemos aplicar esta medida solo en momentos puntuales.
  • Cuidado con el acelerador. Es evidente, pero cuanto más estable sea la conducción menso consumo tendremos. Además la velocidad también jugará un papel clave en nuestro consumo, y por ejemplo según los datos la resistencia aerodinámica y de rodadura se duplica entre los 70 y los 100 km/h. Algo que de nuevo se puede aplicar de 100 km/h a movernos a 120 km/h.
  • Anticiparse al tráfico. Evitar frenadas y aceleraciones bruscas serán nuestros aliados. Un estilo de conducción suave ahorra mucha energía.
  • Si llevamos «baca» en el coche, para la temporada de esquí o para llevar las bicis en verano, es mejor quitarla cuando no la vayamos a usar ya que esta aumenta el peso y la resistencia aerodinámica. Por lo que consumiremos más
  • Presión de los neumáticos. Posiblemente una de las medidas más fáciles de controlar y que menos atención tiene entre los conductores. Llevar la presión correcta en nuestros neumáticos es fundamental. En los meses fríos, la presión de los neumáticos cae y la resistencia a la rodadura aumenta. Por lo tanto, aunque el coche no nos de un aviso, es recomendable cada dos o tres meses comprobar la presión de las ruedas y ver que siguen en las cifras que marca el fabricante, y que suele estar en una pegatina en el marco interno de la puerta del conductor.
  • Elige los neumáticos adecuados. Las pruebas (WLTP) que realizan las marcas se completan con neumáticos de verano que están diseñados para rodar con la mayor facilidad posible. Llegado el momento podemos estar tentados de buscar una alternativa más económica. Pero debemos vigilar que estos cumplan con la regla del agarre y la resistencia de rodadura que nos permita gozar de seguridad, pero sin aumentar un consumo que se coma el ahorro en su adquisición.
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