Un informe avisa de lo caro, difícil y absurdo que será importar hidrógeno verde desde el norte de África a Europa

En su carrera por reducir la dependencia de los combustibles fósiles acelerado por la invasión rusa de Ucrania, Europa se ha lanzado a un apresurado plan para sustituir el gas natural por otras fuentes para producir y almacenar electricidad. Es el caso del hidrógeno verde. El problema es que su producción en el viejo continente será caro a corto plazo, por lo que se están movilizando grandes inversiones para que sea el norte de África la gran exportadora del vector hacia Europa. Una alternativa que para algunos expertos está plagada de problemas.

Un informe del organismo de control de la UE «Corporate Europe Observatory» y la firma canadiense TFIE Strategies, ha indicado por ejemplo que uno de los retos será el elevado coste de producción, a lo que se sumará el transporte.

El texto indica que el hidrógeno verde podría costar hasta 11 veces más que el gas natural por unidad de energía respecto a los precios anteriores a la invasión de Ucrania, eso incluso antes del almacenamiento y el transporte, y aún tres veces más caro que los precios más altos del gas actuales por unidad de energía.

Como recordamos, el plan de la UE con su estrategia de hidrógeno, la Comisión Europea solicitó desplegar 40 GW de electrolizadores para producir hidrógeno verde dentro de la UE para 2030, y otros 40 GW que se situarían en países periféricos y que suministrarían aproximadamente 5,6 millones de toneladas de hidrógeno. Un plan inicial que incluía a Ucrania, además de Egipto, Argelia y Marruecos, pero donde de momento se caerán los ucranianos por razones evidentes.

Esto dará mayor peso a las inversiones que preparan los estados del norte de África, que quieren convertirse en hubs de exportación del vector.

Pero transportar hidrógeno desde el norte del continente africano supondrá poner en marcha costosísimas infraestructuras de transporte, desde barcos capaces de transportar el vector a temperaturas bajo cero durante cientos o miles de kilómetros, o desplegar conductos terrestres que también tendrán un coste astronómico. Algo que el informe extiende a la idea de transformarlo en amoníaco, que reduce todavía más la eficiencia del proceso, aunque simplifica el transporte.

Otro problema del hidrógeno es que a los retos de su envío, se suma su baja eficiencia. Los electrolizadores más punteros tienen una eficiencia del 70%, lo que significa que el 30% de la energía renovable con la que comenzaron se pierde inmediatamente. Pero luego hay que volver a convertir ese hidrógeno en electricidad, y donde se pierde otro 40%. El resumen es que de lo producido inicialmente solo entre el 30 y el 40% en el mejor de los casos llega a usarse en destino, desperdiciándose un 60% por el camino.

La tercera razón que argumenta contra esta idea tiene que ver con el mix energético de los países aspirantes a convertirse en exportadores netos de hidrógeno. Y es que tanto Egipto, como Marruecos o Argelia dependen casi en su totalidad de los combustibles fósiles para su producción eléctrica local.

Marruecos obtiene la gran mayoría de su energía del carbón, con casi el 100% de la electricidad de Argelia generada a partir del gas natural, y más del 90% de la de Egipto proveniente del petróleo y el gas. Pero en vez de mejorar su capacidad y reducir su consumo, se plantean gigantescas inversiones que se destinarán a enviar su producción a Europa.

Una dinámica que además los informes indican que dispararán los precios de la energía. Y es que para sustituir el flujo de gas natural desde Argelia a Europa con hidrógeno verde sería necesario desplegar unos 500 GW de fotovoltaica. España tiene en la actualidad 15 GW instalados. China, el mayor país por partencia instalada del mundo, tiene 250 GW.

Por lo tanto, desde el grupo de expertos indican que sería mucho mejor abordar la transición directamente electrificando el sector energético y el transporte, realizando grandes instalaciones solares en el norte de África que enviase parte de su producción a Europa, creando incluso un sistema interconectado con los diferentes estados sacando el máximo partido a sus recursos en cada momento. El sol del sur en verano, el viento del norte en invierno, dejando una parte de la producción de hidrógeno para procesos industriales donde sea imposible su sustitución.

Fuente | Corporateeurope

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