Y ahora Noruega quiere que los noruegos dejen sus coches eléctricos y se suban al transporte público

Noruega se ha convertido en un ejemplo paradigmático de la adopción del coche eléctrico. Ningún otro país ha logrado las tasas de implantación del país nórdico. Pero ahora este enorme éxito tiene algunos problemas que se han agravado con la pandemia. Y es que gracias a su bajo coste operativo, es más atractivo moverse en coche que en transporte público. Algo que desde las administraciones quieren cambiar.

El principal problema es que los incentivos han permitido no sólo que el precio de compra de los eléctricos sea igual o más competitivo que sus equivalentes con motor de combustión. Esto se suma a que la barata electricidad disponible en el país, y los bajos costes de autopistas o ferrys, hace que moverse en coche eléctrico sea la opción más lógica desde el punto de vista económico.

Desde el gobierno de Noruega sin embargo están viendo que esto ha agravado un problema con la reducción del uso de transporte público ya muy tocado por la pandemia, que ha aumentado el tráfico y con ello los atascos en las zonas urbanas. Algo que intentarán cambiar.

Y es que desde la administración se indica que el transporte público será siempre una opción más sostenible que el privado. Tanto de ocupación de espacio, como incluso el impacto que producen miles de coches circulando. Aunque sean eléctricos.

Según el Ministro de Transporte noruego, Jon-Ivar Nygard: “Los coches eléctricos nos brindan un transporte más ecológico, pero también tienen una clara competencia intermodal con el transporte público en áreas urbanas. Debemos hacer más atractivo viajar en transporte público, en bicicleta y a pie”.

Para lograrlo, Noruega ya prepara medidas como eliminar o al menos reducir algunos de los incentivos para comprar y conducir vehículos eléctricos. La idea era comenzar a finales de este mismo año, pero dado que el uso del transporte público disminuyó durante la pandemia, el gobierno quiere acelerar el proceso.

La conclusión es que Noruega no quiere la que gente vuelva a los coches diésel o gasolina, sino que el uso de los vehículos sea más racional y cuando sea posible, los propietarios usen otras alternativas más sostenibles, como el transporte comunitario, la bici, o si es posible, caminar.

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