
España dispara la solar y la eólica y ahora necesita baterías para cubrir las horas sin sol
España está aumentando a gran velocidad su producción de electricidad renovable y las baterías empiezan a ganar protagonismo; el objetivo ya no es únicamente producir más energía limpia, sino poder utilizarla durante más horas del día; el almacenamiento puede convertirse en una pieza fundamental para equilibrar una red con cada vez más solar y eólica.

Durante años, cuando se hablaba de baterías, la conversación terminaba casi siempre en los coches eléctricos. Autonomía, tiempos de carga, degradación o precio eran los grandes protagonistas. Sin embargo, mientras el automóvil ha ido popularizando esta tecnología, en el sector eléctrico se está produciendo un movimiento mucho más silencioso que puede tener incluso más importancia para el futuro de la red.
Las grandes instalaciones de baterías están creciendo a un ritmo que hace apenas unos años habría parecido difícil de imaginar. La razón es sencilla: cada vez tenemos más electricidad procedente del sol y del viento, pero producir mucha energía no significa necesariamente disponer de ella justo cuando se necesita. Y ahí es donde las baterías empiezan a jugar un papel fundamental.

La Agencia Internacional de la Energía considera actualmente al almacenamiento con baterías como la tecnología eléctrica que más rápido está creciendo en el mundo. Durante 2025 se instalaron 108 GW de nueva potencia y 250 GWh de almacenamiento, un 40% más que el año anterior, y la capacidad acumulada mundial es ya 11 veces superior a la existente en 2021. Además, alrededor del 80% de las nuevas baterías instaladas el pasado año correspondieron a grandes instalaciones conectadas al sistema eléctrico.
No es una casualidad. Las baterías permiten hacer algo que hasta hace poco resultaba mucho más complicado: guardar electricidad cuando sobra para utilizarla unas horas después, cuando la producción renovable cae o la demanda aumenta. En una red con cada vez más solar y eólica, esa capacidad de desplazar la electricidad en el tiempo adquiere un valor enorme.
España tiene cada vez más sol y viento, pero necesita guardar esa electricidad

España es precisamente uno de los países donde este cambio puede tener mayor impacto. Durante 2025 se instalaron cerca de 10 GW adicionales de potencia solar fotovoltaica y eólica, una cifra que alcanza los 11,6 GW si se incluye el autoconsumo. Al terminar el año, la solar fotovoltaica se acercaba ya a los 50 GW instalados y la eólica representaba otro 22,1% de la potencia del sistema.
El resultado es que las renovables tienen cada vez más peso en nuestro sistema eléctrico. En 2025 generaron el 55,5% de toda la electricidad española, porcentaje que sube al 56,6% al incluir la producción estimada del autoconsumo. La eólica aportó el 21,6% de la generación, mientras que la solar fotovoltaica alcanzó el 18,4%.
Pero hay un problema evidente. El sol no produce electricidad cuando queremos, sino cuando puede. Durante las horas centrales del día puede existir una enorme cantidad de generación fotovoltaica, mientras que unas horas después la situación cambia completamente. Cuando llega la tarde, la producción solar empieza a caer precisamente cuando millones de hogares aumentan su consumo.
Es en ese momento cuando las baterías pueden convertirse en una pieza clave del sistema. En lugar de desaprovechar parte de la electricidad producida durante las horas de mayor radiación, una instalación puede almacenarla y devolverla a la red cuando resulte más necesaria.
La diferencia puede verse incluso en el precio de la electricidad. En jornadas concretas de 2026 se han registrado precios mayoristas muy bajos durante las horas centrales del día y fuertes incrementos a partir de las 18:00, llegando a superar los 200 euros/MWh entre las 19:00 y las 22:00 en determinados días. No significa que esto ocurra todos los días ni que ese sea el precio final que paga un consumidor, pero muestra perfectamente el problema que plantea una producción solar muy concentrada durante unas pocas horas.

Y hay otro momento especialmente interesante: las primeras horas de la mañana. Antes de que la producción solar alcance niveles elevados, la demanda ya está aumentando porque comienza la actividad laboral, industrial y doméstica. Una batería cargada durante la noche o con excedentes renovables puede ayudar a cubrir parte de esa demanda sin necesidad de recurrir inmediatamente a generación gestionable.
Por la tarde ocurre lo contrario. Entre aproximadamente las 18:00 y las 22:00, la generación fotovoltaica pierde fuerza al mismo tiempo que aumenta la demanda. Una batería puede empezar entonces a devolver a la red la electricidad almacenada unas horas antes.
Esto no significa que las baterías puedan sustituir por sí solas a todas las tecnologías de generación. Su función es diferente. Son una herramienta para desplazar electricidad en el tiempo, equilibrar el sistema y reducir la necesidad de utilizar determinadas centrales cuando existe un desfase entre generación y consumo.
De hecho, Red Eléctrica ya recoge el papel que está teniendo el almacenamiento en España. Durante 2025, los sistemas de almacenamiento, incluyendo el bombeo y las baterías, contribuyeron a integrar 9.213 GWh de electricidad, un 6,2% más que en 2024, permitiendo aprovechar una mayor cantidad de generación renovable. Al cierre del año, la potencia de almacenamiento instalada alcanzaba 3,427 GW.

La tendencia internacional apunta en la misma dirección. La IEA explica que las baterías están siendo utilizadas para integrar más generación solar y eólica, proporcionar flexibilidad al sistema y desplazar electricidad renovable hacia los momentos de mayor demanda. Además, aunque muchos proyectos siguen teniendo una duración de unas dos horas, cada vez son más habituales las instalaciones capaces de almacenar electricidad durante cuatro horas o más.
Y aquí aparece uno de los cambios más importantes: las baterías estacionarias no tienen que ser necesariamente iguales a las utilizadas en un coche eléctrico. En el almacenamiento de red, las baterías de litio-ferrofosfato (LFP) se han convertido en la química dominante porque ofrecen un coste competitivo y están especialmente bien adaptadas a aplicaciones con muchos ciclos de carga y descarga. Según la IEA, ya representan alrededor del 90% de los nuevos despliegues de almacenamiento.
El abaratamiento de esta tecnología está acelerando todavía más el proceso. La IEA señala que el coste de los proyectos de almacenamiento con baterías cayó alrededor de un 40% en 2024, hasta situarse en torno a 150 dólares por kWh, mientras que los precios medios de los packs de baterías descendieron otro 8% durante 2025. Entre 2023 y 2025, además, la IEA calcula una reducción cercana al 30% en los precios de los packs de baterías.
Todo esto cambia la fotografía del sistema eléctrico. Cuanta más solar y eólica instalemos, más importante será disponer de herramientas capaces de gestionar su producción. En España ya tenemos una enorme cantidad de potencia renovable y seguimos incorporando nuevos proyectos, pero el siguiente paso no consiste únicamente en instalar más placas solares y aerogeneradores.
También hay que conseguir que la electricidad producida cuando sobra pueda utilizarse cuando hace falta.
Las baterías son una de las respuestas a ese problema. Pueden cargarse durante las horas de mayor producción solar, permanecer almacenadas y comenzar a entregar electricidad cuando desaparece el sol y la demanda aumenta. También pueden aprovechar momentos de elevada producción eólica, algo especialmente interesante durante las horas nocturnas, cuando la solar no existe pero el viento puede seguir generando electricidad.
España parte además de una posición especialmente favorable por la abundancia de recursos renovables. El reto es conseguir que esa ventaja se traduzca en un sistema eléctrico capaz de utilizar la electricidad renovable durante más horas del día y con menor dependencia de tecnologías que puedan ser necesarias precisamente cuando desaparece el sol.
La expansión del almacenamiento no elimina de golpe el papel de otras tecnologías ni resuelve todos los problemas de la red. Hace falta también reforzar las líneas, mejorar las interconexiones, aumentar la capacidad de gestión de la demanda y acelerar los proyectos que permitan conectar nueva generación y almacenamiento.
Pero la dirección parece clara. La transición energética no consiste solamente en producir más electricidad renovable, sino en aprender a guardarla y utilizarla cuando realmente hace falta. Y en un país como España, que está aumentando rápidamente su capacidad solar y eólica, las baterías pueden pasar de ser una tecnología asociada principalmente al automóvil a convertirse en una de las piezas fundamentales del sistema eléctrico.


