
China pone fecha a la revolución de las baterías: quiere electrolito sólido en 2030
China ha presentado su nueva hoja de ruta para la industria de las baterías durante los próximos cinco años; el plan apuesta por acelerar nuevas tecnologías y reforzar toda la cadena de suministro; las baterías sólidas ocupan un lugar destacado dentro de esta estrategia y también se impulsa el desarrollo de otras alternativas.

China acaba de poner fecha a uno de los grandes cambios tecnológicos que lleva años persiguiendo la industria de la batería. El país ha presentado su hoja de ruta para los próximos cinco años, con el objetivo de acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías y reforzar todavía más una cadena de suministro que ya tiene un peso enorme a nivel mundial. Y entre todas las tecnologías que aparecen en el documento hay una que destaca especialmente.
El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China, junto a otros seis organismos gubernamentales, ha publicado el nuevo plan de desarrollo de la industria de las baterías para el periodo 2026-2030. El documento establece las prioridades del sector durante el denominado XV Plan Quinquenal y coloca las tecnologías de nueva generación en el centro de la estrategia industrial del país.
China quiere llevar las baterías sólidas a la producción a gran escala

El objetivo más llamativo es que China quiere conseguir una primera aplicación a gran escala de las baterías totalmente sólidas antes de 2030. El plan plantea acelerar el paso desde la investigación y los prototipos hacia la comercialización, poniendo el foco en algunos de los principales obstáculos que todavía frenan esta tecnología.
No se trata únicamente de fabricar una batería con electrolito sólido y colocarla en un coche. El documento menciona expresamente la necesidad de mejorar la conductividad iónica y la estabilidad durante los ciclos de carga y descarga, al mismo tiempo que se trabaja para reducir los costes de fabricación. También se plantea mejorar el contacto entre los diferentes materiales, aumentar la vida útil y desarrollar sistemas que permitan controlar la presión necesaria para el correcto funcionamiento de estas baterías.
Otro de los puntos importantes será aumentar la capacidad de producción de los electrolitos sólidos de altas prestaciones. China también quiere impulsar los equipos necesarios para fabricar estas baterías a gran escala, incluyendo prensas isostáticas y otros sistemas específicos para esta tecnología. Es decir, el objetivo no es quedarse en los laboratorios, sino construir una industria capaz de producirlas en grandes cantidades.

El plan también contempla combinar materiales catódicos de alta tensión y capacidad con ánodos basados en litio metálico, además de investigar diseños sin ánodo. Son algunas de las vías que pueden permitir elevar de forma considerable la densidad energética respecto a las baterías convencionales, aunque todavía existen importantes retos técnicos y económicos antes de que estas soluciones puedan extenderse de forma masiva.
China no quiere, sin embargo, apostar todo a una única tecnología. El nuevo documento plantea mantener una estructura en la que las baterías de litio sigan siendo la base de la industria, acompañadas por otras alternativas como las baterías de sodio y las baterías de flujo. El objetivo es disponer de diferentes soluciones dependiendo de las necesidades de cada aplicación.
Las baterías de sodio reciben también una atención especial. El plan destaca sus ventajas relacionadas con el coste, la seguridad y la disponibilidad de recursos y plantea avanzar en baterías para automóviles y almacenamiento energético capaces de funcionar en condiciones de frío, con mayor densidad energética y una larga vida útil.

La estrategia va incluso más allá de aumentar la capacidad de almacenamiento. China establece como objetivo que las baterías de litio de larga duración puedan alcanzar 15.000 ciclos de carga y descarga durante este periodo. Al mismo tiempo, el Gobierno quiere que los principales fabricantes sean capaces de situar sus tasas de defectos en el nivel de partes por mil millones, una exigencia que apunta directamente a mejorar la calidad y la fiabilidad de la producción.
Otro de los objetivos es reforzar la industria nacional de materias primas. El documento contempla acelerar la exploración y desarrollo de recursos domésticos de litio, cobalto y otros minerales considerados estratégicos para garantizar el suministro de una industria que cada vez depende más de ellos.
También habrá cambios en la propia estructura empresarial. El plan fomenta las fusiones y reestructuraciones dentro del sector, en un intento de consolidar una industria que durante los últimos años ha vivido una fuerte expansión de capacidad. La intención es mejorar la eficiencia y reforzar la seguridad de la cadena de suministro.
El reciclaje ocupa igualmente un espacio importante. Los fabricantes tendrán que establecer sistemas de recogida de baterías usadas en función de sus volúmenes de ventas y China quiere fomentar la creación de capacidad de reciclaje en los principales mercados exteriores donde sus empresas operan, siempre que las condiciones lo permitan.

Una de las medidas más interesantes de cara a los próximos años será la creación de un sistema de identidad digital para las baterías. El Gobierno chino pretende explorar fórmulas compatibles con los sistemas internacionales de pasaporte de baterías y favorecer el reconocimiento mutuo de los datos relacionados con la huella de carbono. Esto puede terminar siendo especialmente relevante para los fabricantes chinos que quieran seguir aumentando sus exportaciones hacia Europa y otros mercados.
Este nuevo plan llega apenas unas semanas después de que China presentase su estrategia específica para la industria de los coches eléctricos y conectados para el periodo 2026-2030. En ese caso, el país asiático fijó como objetivo que los coches considerados de nueva energía alcancen el 70% de las ventas nacionales de turismos nuevos en 2030.
La coincidencia entre ambos planes deja bastante clara la dirección que quiere tomar China durante los próximos años: seguir aumentando la presencia de los coches eléctricos al mismo tiempo que acelera el desarrollo de las tecnologías que pueden cambiar radicalmente sus baterías.
La gran incógnita estará ahora en la velocidad con la que estas tecnologías serán capaces de abandonar los prototipos y llegar a los modelos producidos en grandes cantidades. El propio plan chino no plantea que todas las baterías vayan a ser de electrolito sólido en 2030, sino que establece como objetivo una primera aplicación a gran escala de esta tecnología.
Eso deja margen para que durante los próximos años convivan diferentes soluciones. Las baterías de litio convencionales seguirán teniendo un papel protagonista, mientras las baterías de sodio pueden ganar terreno en determinadas aplicaciones y las baterías sólidas avanzarán progresivamente hacia los coches eléctricos de mayor autonomía, menor peso y mayores prestaciones.
Lo importante es que China ya no plantea las baterías sólidas únicamente como una tecnología de futuro lejano. 2030 aparece ahora como una fecha oficial para comenzar su despliegue a gran escala, y el nuevo plan establece buena parte de las herramientas industriales necesarias para intentar conseguirlo.


