Aramco avisa: la gasolina y el diésel pueden volver a dispararse, recuperar las reservas puede llevar años

El mercado mundial del petróleo afronta una situación cada vez más delicada tras meses de tensiones en Oriente Medio provocadas por Estados Unidos e Israel. Ante esto, los gobiernos ya han tenido que recurrir a sus reservas para aliviar la presión; el problema ahora es que con unas reservas cada vez más bajas, la preocupación está en qué ocurriría si aparece una nueva interrupción del suministro.

Aramco avisa: la gasolina y el diésel pueden volver a dispararse, recuperar las reservas puede llevar años
Amin H. Nasser Director ejecutivo de Saudi Aramco

Publicado: 06/10/2026 11:41

8 min. lectura

Durante los últimos meses, los mercados energéticos han vuelto a recordar hasta qué punto seguimos dependiendo de una cadena de suministro que puede cambiar de forma radical en cuestión de días. Los problemas en Oriente Medio han alterado los flujos habituales de petróleo y combustibles, mientras los gobiernos han tenido que recurrir a sus reservas para intentar contener el impacto sobre los precios.

La situación ha llegado a un punto especialmente delicado porque recuperar la normalidad no significa necesariamente que los precios vayan a volver rápidamente a los niveles anteriores. Aunque el suministro de petróleo pueda mejorar, los inventarios que sirven como colchón frente a nuevas interrupciones se encuentran en niveles muy bajos, y reconstruirlos requerirá tiempo. Años.

Esto abre la puerta a un escenario que los conductores conocen bien: nuevas tensiones en el mercado internacional terminan siempre trasladándose a las gasolineras, donde los 2 euros el litro se han convertido en la norma. Y en esta ocasión, el problema no estaría únicamente en el precio del barril, sino también en la capacidad de producir y distribuir los combustibles, diésel y gasolina, necesarios para mantener abastecido el mercado.

El petróleo tiene cada vez menos margen para absorber otro golpe

Petróleo

La advertencia más contundente ha llegado de Amin Nasser, consejero delegado de Saudi Aramco, durante el Energy Intelligence Forum celebrado en Londres. Según sus declaraciones, el conflicto iniciado en febrero ha provocado una pérdida acumulada de casi 3.000 millones de barriles de suministro de la región, mientras que más de 1.000 millones de barriles han tenido que salir de diferentes reservas para compensar parcialmente ese déficit.

El resultado es un mercado con mucho menos margen de maniobra. Nasser asegura que quedan menos de 6.000 millones de barriles en inventarios comerciales, pero una parte importante de ese volumen no estaría disponible de forma práctica para responder inmediatamente a una nueva interrupción. En otras palabras, no todo el petróleo almacenado puede considerarse realmente un colchón operativo.

La consecuencia es importante. Si aparece un nuevo problema de suministro, el mercado dispone ahora de menos capacidad para absorberlo sin que los precios reaccionen. Y aunque las reservas estratégicas puedan utilizarse para aliviar temporalmente la situación, eso no soluciona el desequilibrio entre oferta y demanda.

De hecho, el G7 ya ha acordado coordinar a través de la Agencia Internacional de la Energía la liberación de 100 millones de barriles de petróleo y combustibles, con especial atención al diésel durante las primeras semanas. La medida pretende reducir la presión sobre unos mercados energéticos que han sufrido fuertes incrementos de precios, pero tiene una consecuencia evidente: parte del colchón disponible se utiliza precisamente cuando las reservas mundiales ya están debilitadas.

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El problema es que estas reservas no se recuperan de un día para otro. Nasser estima que podrían ser necesarios hasta dos años para reconstruir los inventarios, incluso si el tráfico a través del estrecho de Ormuz vuelve a la normalidad. Para conseguirlo habría que añadir alrededor de 2 millones de barriles diarios de demanda durante un periodo prolongado, simplemente para volver a llenar los depósitos mientras se continúa atendiendo el consumo habitual.

Y aquí aparece uno de los puntos que más preocupa al mercado. La producción puede recuperarse relativamente rápido, pero reconstruir las reservas exige mantener durante muchos meses una oferta superior al consumo. Si además aparece cualquier nueva interrupción durante ese proceso, el esfuerzo necesario sería todavía mayor.

El estrecho de Ormuz sigue siendo el gran punto débil. Por él circulaba antes de la crisis una parte fundamental del petróleo y del gas natural licuado mundial, y aunque los productores del Golfo están utilizando rutas alternativas y aumentando los envíos cuando pueden, la situación continúa siendo vulnerable. En septiembre, los cargamentos de gas natural licuado que atravesaron el estrecho aumentaron respecto a los meses anteriores, pero el riesgo para las rutas energéticas sigue presente.

Además, no todos los problemas están en el petróleo sin refinar. El mercado de combustibles refinados está sufriendo todavía más presión, especialmente el diésel. Nasser señaló que los precios de los productos refinados han aumentado con mayor intensidad que los del propio crudo, un detalle especialmente relevante para Europa, donde el diésel tiene un peso elevado tanto en el transporte como en la actividad industrial.

Esto explica por qué una eventual relajación del precio del barril no tiene por qué traducirse inmediatamente en una bajada equivalente en las estaciones de servicio. Entre el petróleo que sale del pozo y el combustible que llega al depósito de un coche existen refinerías, transporte, almacenamiento, seguros y una compleja red logística que también está sufriendo las consecuencias de la crisis.

La gasolina y el diésel pueden volver a dispararse: recuperar las reservas puede llevar años avisa Aramco
Instalación saudí atacada por los hutíes

Para los conductores, por tanto, el riesgo no se limita a una nueva subida puntual de la gasolina o el diésel. El escenario más peligroso sería entrar en una etapa prolongada de precios elevados y elevada volatilidad, en la que cualquier ataque, como el realizado por los hutíes ayer contra las instalaciones de Arabia Saudita, interrupción de una ruta o problema en una refinería pueda provocar rápidamente nuevas tensiones. Y cuando hay tensiones, los consumidores pagan el pato.

Esto vuelve a poner sobre la mesa la absurda y peligrosa, además de costosa, dependencia del petróleo para Europa, que lo mueve o produce casi todo con diésel o gasolina. Una Europa que está transformando poco a poco su parque de turismos, pero que tiene todo por hacer para el transporte de mercancías por carretera, o sectores estratégicos, como la agricultura.

Lo más curioso es que es que una crisis como la actual están teniendo efectos que vayan mucho más allá de los próximos meses. Si realmente hacen falta hasta dos años para reconstruir los inventarios de petróleo y durante ese periodo la demanda continúa creciendo, el riesgo de nuevos episodios de precios elevados no desaparecerá simplemente porque vuelva a circular más petróleo por Oriente Medio, lo que supondrá que el coche eléctrico sea cada vez más interesante, y los gobiernos empiecen a diseñar planes menos cortoplacistas para su implantación, así como para la electrificación urgente de otros sectores clave.

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