
El Polestar 5 ya está aquí: 748 CV, 678 km y un precio que desafía a sus rivales de segmento
El nuevo Polestar 5 llega para convertirse en el gran escaparate tecnológico y deportivo de la marca sueca; una berlina eléctrica de enormes dimensiones que apuesta por el lujo, las prestaciones y un diseño muy diferente; lo hemos probado y ya podemos decir cuáles son sus grandes virtudes y también los aspectos que pueden echar atrás a algunos compradores.

El Polestar 5 llega al mercado con una misión bastante más complicada que la de convertirse simplemente en el modelo más potente de la marca. Polestar ha querido convertirlo en su gran escaparate tecnológico y su modelo "halo", un coche capaz de enfrentarse a modelos con mucha más tradición en este segmento como el Porsche Taycan. Y para ello ha apostado por una combinación poco habitual: una berlina eléctrica de enormes dimensiones, un diseño muy llamativo y unas prestaciones que entran directamente en territorio de superdeportivos.
No es un coche pensado para pasar desapercibido. Su carrocería mantiene prácticamente intacta la filosofía del prototipo Precept y apuesta por una silueta muy baja, limpia y aerodinámica. También prescinde de la luneta trasera convencional y recurre a un retrovisor interior digital, una solución que inicialmente puede generar dudas pero que según las primeras pruebas, termina resultando mucho menos problemática de lo esperado.
La propuesta tiene además un punto interesante: el Polestar 5 no busca únicamente ser rápido en línea recta. La marca ha trabajado especialmente el chasis para conseguir que el coche pueda comportarse como un gran turismo cuando toca viajar y como un deportivo cuando llega una carretera de curvas. Es precisamente en este último escenario donde la versión Performance consigue marcar diferencias.
Un GT eléctrico enorme, rápido y sorprendentemente ágil

El Polestar 5 mide 5,09 metros de longitud, 1,98 metros de anchura y 1,43 metros de altura, con una distancia entre ejes de 3,05 metros. Son dimensiones considerables, aunque la prueba demuestra que no resulta tan aparatoso como cabría esperar una vez que se está al volante. Su carrocería de aluminio y la posición de conducción ayudan a que esas dimensiones queden bastante disimuladas en movimiento.
El diseño es probablemente uno de sus principales argumentos. El frontal bajo, la línea del techo descendente y la ausencia de una luneta trasera convencional le dan una personalidad propia frente a rivales como el Porsche Taycan, el Lotus Emeya o el Audi e-tron GT. En la versión Performance se añaden además unas llantas específicas, una carrocería ligeramente más baja y detalles en color Swedish Gold que hacen todavía más evidente su orientación deportiva.
En el interior la fórmula es igualmente particular. El Polestar 5 apuesta por un habitáculo minimalista y de elevada calidad percibida, con una enorme superficie acristalada y un techo panorámico que contribuye a crear una sensación de espacio especialmente agradable. Los pasajeros traseros son, de hecho, unos de los grandes beneficiados de la larguísima distancia entre ejes, aunque el quinto asiento tiene un papel prácticamente testimonial.
El puesto de conducción concentra buena parte de sus funciones en las pantallas. Hay un cuadro digital de 9 pulgadas, una pantalla central vertical de 14,5 pulgadas y un sistema de visualización frontal, además del retrovisor interior digital de 8,9 pulgadas. El sistema multimedia integra Google y ofrece navegación mediante Google Maps, aplicaciones de Google Play y actualizaciones a distancia. Apple CarPlay inalámbrico está previsto mediante una futura actualización.

Aquí aparece uno de los pocos puntos que pueden terminar cansando con el paso del tiempo. Polestar ha llevado demasiado lejos la eliminación de mandos físicos y algunas operaciones que deberían ser inmediatas obligan a entrar en la pantalla. El ajuste de los retrovisores es un buen ejemplo. Funciona, sí, pero no necesariamente resulta mejor que un mando convencional.
El equipamiento de seguridad es igualmente muy completo. El Polestar 5 combina 11 cámaras exteriores, un radar de alcance medio y 12 sensores ultrasónicos, además de sistemas de asistencia a la conducción y una cámara trasera que sustituye a la visión que normalmente proporcionaría una luneta. La cámara ofrece una imagen de alta resolución y, junto con las cámaras de aparcamiento, permite disponer de una visión de 360 grados.
En carretera es donde el Polestar 5 empieza a justificar realmente su existencia. El Dual motor desarrolla 550 kW (748 CV) y 812 Nm de par, mientras que el Performance eleva la cifra hasta 650 kW (884 CV) y 1.015 Nm. Los dos recurren a dos motores eléctricos y tracción total, aunque la versión Performance incorpora un ajuste específico del chasis y los amortiguadores adaptativos MagneRide, además de una configuración más deportiva.
El resultado es contundente. El Dual motor necesita 3,9 segundos para pasar de 0 a 100 km/h, mientras que el Performance baja hasta 3,2 segundos. En ambos casos la velocidad máxima está limitada a 250 km/h. Son cifras que colocan al Polestar 5 directamente frente a las versiones más rápidas del Porsche Taycan y el Lotus Emeya.

Pero lo más interesante no es la aceleración. El Polestar 5 transmite una sensación de control poco habitual para un coche de más de cinco metros y 2.500 kilos. La dirección es rápida y precisa, los frenos tienen una respuesta contundente y la recuperación puede regularse desde la pantalla. Con el nivel más elevado se puede conducir prácticamente con un solo pedal, mientras que la configuración más suave ofrece una respuesta más parecida a la retención de un coche convencional.
En el Dual motor la suspensión es pasiva, mientras que el Performance añade los amortiguadores MagneRide, que son precisamente una de las razones por las que los expertos recomiendan pagar el sobreprecio. En su configuración más confortable son capaces de filtrar las irregularidades de la carretera con mucha solvencia, mientras que los modos más firmes controlan mejor los movimientos de la carrocería cuando se busca una conducción más rápida.
Y aquí aparece una de las mejores virtudes del coche: no obliga a elegir entre comodidad y comportamiento. El Polestar 5 puede ser un gran turismo silencioso y confortable durante un viaje largo y, pocos minutos después, convertirse en un coche tremendamente eficaz en una carretera de curvas. En este sentido, la versión Performance tiene mucho más sentido que lo que podrían sugerir sus cifras de potencia.
La contrapartida está en el espacio de carga. El maletero ofrece apenas 365 litros, una cifra más propia de un modelo del segmento B que de un coche de estas dimensiones, aunque al abatir los asientos se alcanza una capacidad de 1.128 litros. A ello se suman otros 62 litros bajo el capó delantero. Es decir, el Polestar 5 es mucho mejor transportando pasajeros que grandes cantidades de equipaje.
La batería tiene una capacidad de 112 kWh y emplea una arquitectura de 800 voltios. El Dual motor anuncia hasta 678 km WLTP, mientras que el Performance alcanza hasta 558 km. La diferencia resulta considerable y demuestra una vez más que semejante despliegue de potencia tiene un precio cuando llega el momento de hablar de eficiencia.
La carga es uno de los puntos fuertes. El Polestar 5 admite hasta 350 kW en corriente continua y puede pasar del 10% al 80% en unos 22 minutos, según los datos de Polestar. En corriente alterna admite hasta 11 kW y necesita alrededor de 11 horas para completar una carga del 0% al 100%.
En cuento a los precios, en España, el configurador oficial de Polestar sitúa el Polestar 5 Dual motor en 121.900 euros, mientras que el Polestar 5 Performance asciende a 145.300 euros. Son cifras muy elevadas, aunque también es cierto que estamos ante un coche que juega en una liga en la que Porsche, Lotus y Audi tampoco ofrecen precisamente alternativas económicas, y normalmente suelen situarse en cifras incluso superiores.
Lo curioso es que el Polestar 5 no parece especialmente caro frente a sus rivales directos cuando se comparan equipamiento, potencia y tecnología. El problema es que sigue siendo una cantidad enorme de dinero para una berlina eléctrica de más de cinco metros cuyo maletero no destaca precisamente por su capacidad.
Aun así, la conclusión de la prueba es bastante clara. El Polestar 5 es uno de esos coches que consiguen justificar su existencia aunque, sobre el papel, parezca difícil encontrarles un hueco. Tiene unas prestaciones exageradas, un diseño diferente, un interior muy cuidado y un chasis capaz de hacer cosas que no esperaríamos de un coche de sus dimensiones.
Si hay que elegir, el Performance es el más especial gracias a los MagneRide, pero el Dual motor parece la compra inteligente. Con 748 CV, 678 km WLTP y un precio 23.400 euros inferior, ofrece prácticamente todo lo que hace interesante al Polestar 5 sin llevar el concepto de gran turismo eléctrico hasta el extremo.
Un modelo pensado para los que quieran un coche diferente, que llame la atención y sea difícil reconocer, y olvidar. Un diseño muy agresivo y futurista, que se sale del molde habitual del segmento.


