
El gran problema del FSD de Tesla no es que falle, sino que funciona demasiado bien
Tesla sigue avanzando con su sistema de conducción autónoma FSD y su llegada a más países europeos permite ponerlo a prueba en situaciones cada vez más variadas; el ADAC ha realizado una prueba en Dinamarca con resultados sorprendentes; la tecnología demuestra un nivel de capacidad muy elevado lo que eleva el debate de por qué la UE lo está bloqueando.

Tesla lleva años utilizando el nombre Full Self-Driving para definir su apuesta por la conducción autónoma. Ahora, su nombre ha mutado ligeramente a"FSD Supervised" y su expansión se está realizando por algunos mercados europeos. Momento de conocer sus verdaderas capacidades.
El ADAC, el automóvil club alemán, ha podido probar el sistema en Dinamarca, uno de los mercados que ha homologado unilateralmente el sistema. Y el resultado deja una sensación difícil de resumir. Por un lado, el sistema es capaz de hacer muchas cosas con una naturalidad sorprendente. Por otro, sigue cometiendo errores que recuerdan que el conductor continúa siendo imprescindible.
La prueba se realizó durante aproximadamente dos horas y permitió comprobar tanto las virtudes como las limitaciones del sistema instalado en un Tesla Model 3. Y precisamente ahí aparece una de las conclusiones más interesantes del ensayo: el problema no es solamente que FSD pueda equivocarse, sino que en determinados momentos funciona tan bien que puede hacer que el conductor se confíe demasiado.
Tesla FSD Supervised funciona muy bien, hasta que deja de hacerlo

Tesla está aprovechando las posibilidades que ofrecen algunos mercados europeos para extender FSD Supervised más allá de las autopistas. En Dinamarca, Países Bajos, Lituania, Estonia, Bélgica, Eslovenia y República Checa ya se permite utilizar la función, aunque siempre bajo supervisión del conductor. Tesla también deja claro que el sistema no convierte al vehículo en autónomo y que la persona al volante sigue siendo responsable.
La experiencia del ADAC resulta especialmente llamativa porque el Model 3 no se limita a mantener el coche dentro de un carril. Durante la prueba fue capaz de gestionar curvas, cruces, rotondas, cambios de carril y diferentes situaciones de tráfico con una conducción que, en muchos momentos, resultó sorprendentemente natural. El coche podía seguir la ruta programada y tomar decisiones sin que el conductor tuviera que intervenir constantemente.
En carreteras estrechas con tráfico en sentido contrario también respondió de forma convincente. Incluso en una situación particularmente habitual en las carreteras danesas, donde determinadas líneas pueden atravesarse para permitir que dos vehículos se crucen en una vía estrecha, el sistema fue capaz de desenvolverse correctamente. El resultado transmite una sensación de madurez que hace unos años habría sido difícil de imaginar en un sistema de este tipo.
El FSD se encarga de acelerar, frenar, girar, cambiar de carril y seguir la ruta, pero Tesla insiste en que el conductor debe permanecer atento en todo momento. La propia compañía especifica que las funciones disponibles actualmente requieren supervisión activa y que no hacen que el vehículo sea autónomo.
Y ahí aparece la paradoja. Cuanto más suave y natural es el comportamiento del coche, más fácil resulta que quien está sentado detrás del volante empiece a percibirlo como algo mucho más cercano a un sistema autónomo de lo que realmente es. Durante unos minutos puede parecer que basta con vigilar de manera ocasional. Y eso puede ser un grave error.

La prueba del ADAC dejó varios ejemplos de por qué esa vigilancia sigue siendo necesaria. En una ocasión, el Tesla escogió un carril incorrecto. En otra, tomó una entrada equivocada a una autopista y, al intentar corregir la trayectoria, llegó a atravesar una línea continua. También utilizó de forma incorrecta un carril reservado para autobuses y llegó a saltarse un semáforo en rojo.
Según el ADAC, si el Tesla hubiera tenido que superar un examen de conducir alemán durante aquella prueba, habría suspendido tres veces. No estamos hablando, por tanto, de pequeños detalles de comportamiento que puedan pasar desapercibidos, sino de situaciones en las que la intervención humana resulta necesaria para evitar una infracción o una situación potencialmente peligrosa.
El aparcamiento autónomo también puso de manifiesto que el sistema todavía tiene trabajo por delante. En uno de los escenarios planteados, el Model 3 fue incapaz inicialmente de encontrar una plaza adecuada. Cuando finalmente localizó un espacio, necesitó numerosos movimientos para intentar aparcar y terminó desistiendo, dejando todavía parte del coche sobre la calzada.
Es precisamente este tipo de comportamiento el que hace que la denominación Full Self-Driving pueda resultar problemática. Una persona puede observar cómo el vehículo circula durante kilómetros, realiza cambios de carril, supera rotondas y negocia cruces sin intervención y terminar pensando que el sistema ya domina prácticamente cualquier situación. Pero basta un error inesperado para que la responsabilidad vuelva de inmediato al conductor.
La vigilancia del conductor es, por tanto, fundamental. Y aquí el ADAC encontró otro punto débil. La cámara situada en el habitáculo controla la atención de la persona al volante, pero durante la prueba el sistema tardó varios segundos en advertir cuando la mirada dejaba de estar dirigida hacia la carretera.
Todavía más llamativo fue el comportamiento con unas gafas de sol con cristales espejados. En esa situación, el sistema no llegó a generar una advertencia, lo que demuestra que la supervisión de la persona que conduce tampoco es infalible. En un sistema que depende precisamente de que el conductor pueda reaccionar en cualquier momento, la detección fiable de su atención resulta especialmente importante.
Todo esto no significa que FSD Supervised sea una tecnología poco avanzada. Más bien ocurre lo contrario. El ensayo del ADAC demuestra hasta qué punto ha avanzado Tesla en la conducción asistida, especialmente cuando se compara con los sistemas tradicionales que simplemente mantienen el coche dentro del carril o siguen al vehículo precedente.
El problema está en confundir esa capacidad con conducción autónoma. FSD Supervised continúa siendo un sistema de asistencia a la conducción. En la clasificación habitual de los niveles de automatización, se mantiene dentro del nivel 2, ya que el conductor debe supervisar permanentemente la conducción y conservar la responsabilidad.
La conclusión del ensayo del ADAC es probablemente más interesante que cualquier demostración espectacular de FSD. Tesla ha conseguido desarrollar un sistema capaz de generar una confianza enorme en muy poco tiempo, pero esa misma confianza puede convertirse en su mayor problema si el conductor interpreta que ya puede relajarse.
Opinión
La otra conclusión es que todos coinciden en que FSD aumenta de forma notable la seguridad en la carretera, aunque logra su máximo esplendor cuando el conductor está atento a lo que sucede. Y esa es la clave. Un incremento notable de la seguridad que Europa está bloqueando, y lo está haciendo con excusas bastante peregrinas, como que el coche puede superar en determinadas situaciones el límite legal. Algo que tiene que ver con la seguridad, por ejemplo un imprevisto en un adelantamiento.
Todo tiene como trasfondo la protección de Bruselas a los fabricantes tradicionales que están a muchos años de distancia de Tesla.


