Saltan las alarmas en Volkswagen: sus ventas bajan un 14,3% en el tercer trimestre, incluyendo los coches eléctricos

Volkswagen afronta un escenario cada vez más complicado en varios de sus principales mercados; la presión de los fabricantes chinos y los cambios en la industria obligan al grupo alemán a revisar una estrategia que les está haciendo perder mercado en cada trimestre.

Saltan las alarmas en Volkswagen: sus ventas bajan un 14,3% en el tercer trimestre, incluyendo los coches eléctricos

Publicado: 12/10/2026 13:17

9 min. lectura

El Grupo Volkswagen atraviesa un momento cada vez más complicado. El fabricante alemán acumula varios trimestres marcados por la debilidad de algunos de sus principales mercados, una competencia cada vez más intensa y las dificultades para adaptar su estructura a una industria del automóvil que está cambiando a gran velocidad. Los últimos resultados vuelven a poner sobre la mesa una cuestión incómoda para Wolfsburgo: si su estrategia actual será suficiente para mantener su posición entre los mayores fabricantes del mundo.

Las cifras del tercer trimestre reflejan un deterioro considerable, especialmente en China, donde la ofensiva de los fabricantes locales está barriendo a los alemanes. A esto se suma la presión sobre las ventas de coches eléctricos y la necesidad de ajustar los costes en un grupo que reúne marcas con posicionamientos y necesidades muy diferentes. El problema ya no consiste únicamente en vender menos, sino en encontrar una fórmula para recuperar competitividad sin comprometer su futuro industrial.

Volkswagen pierde fuerza en China y acumula una caída de ventas

Saltan las alarmas en Volkswagen: sus ventas bajan un 14,3% en el tercer trimestre, incluyendo los coches eléctricos

Durante el tercer trimestre, el Grupo Volkswagen entregó alrededor de 1,89 millones de vehículos en todo el mundo, un 14,3% menos que en el mismo periodo del año anterior. El retroceso resulta especialmente preocupante por su magnitud, pero también por su distribución geográfica, ya que afecta a mercados fundamentales para el negocio del fabricante alemán.

China fue uno de los principales focos de preocupación, con un desplome del 38,5% en las entregas durante el trimestre. La compañía se enfrenta allí a una transformación profunda del mercado, en el que los fabricantes nacionales han ganado terreno gracias a sus coches eléctricos, sus sistemas digitales y una capacidad para renovar sus modelos que está obligando a los grupos tradicionales a reaccionar.

En el acumulado del año, enero a septiembre, Volkswagen vendió algo más de seis millones de vehículos, aproximadamente 600.000 unidades menos que durante los nueve primeros meses del ejercicio anterior. Esto supone un descenso cercano al 9%. No se trata, por tanto, de un problema limitado a unos meses concretos, sino de una tendencia que empieza a tener un peso considerable en los resultados acumulados del grupo.

Saltan las alarmas en Volkswagen: sus ventas bajan un 14,3% en el tercer trimestre, incluyendo los coches eléctricos

Por marcas, Volkswagen y Audi registraron caídas cercanas al 20% durante el tercer trimestre, mientras que Skoda consiguió mantener unas ventas más estables. La división de vehículos industriales, Traton, fue una de las excepciones positivas, con un crecimiento superior al 10%. Estas diferencias muestran que la situación no es idéntica en todas las áreas del conglomerado, aunque los resultados de sus principales marcas dejan poco margen para el optimismo.

Podríamos pensar que los coches eléctricos contendrían la sangría, pero su evolución tampoco ofrece motivos para la tranquilidad. Las entregas mundiales de coches eléctricos de batería del grupo retrocedieron un 5% durante los tres primeros trimestres del año, según las cifras recogidas en el informe original. Europa aparece como la principal excepción, con una evolución positiva que contrasta con las dificultades en otros mercados.

Al menos hay un rayo de esperanza con la llegada de la nueva generación de eléctricos, ID. Polo a la cabeza, con las que VW espera dar la vuelta a la tortilla, al menos a la eléctrica.

Estos datos refuerza la idea de que Volkswagen depende cada vez más de su mercado europeo para sostener el negocio. La situación es especialmente delicada en China, donde sus marcas han perdido parte de la ventaja que disfrutaban frente a los fabricantes locales, y en Estados Unidos, donde las condiciones comerciales y la competencia complican la expansión. Sin embargo, para evaluar hasta qué punto el grupo está perdiendo terreno en cada región, resulta necesario distinguir entre las entregas totales y las matriculaciones de coches eléctricos, además de comparar periodos equivalentes.

Las medidas que Volkswagen necesita para evitar un deterioro mayor

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Ante este escenario, la dirección de Volkswagen se enfrenta a una decisión complicada. El consejero delegado del grupo, Oliver Blume, ha reclamado apoyo a los gobiernos para afrontar los problemas de la industria, pero las dificultades actuales también obligan a revisar decisiones internas que van mucho más allá de las ayudas públicas. La cuestión es si el fabricante está dispuesto a transformar su estructura con la profundidad que exige el nuevo escenario competitivo.

Entre las propuestas más radicales planteadas para cambiar el rumbo del grupo figura una reducción drástica de su catálogo, con la eliminación de hasta el 80% o el 90% de los modelos y versiones. Se trata de una medida extrema, pero parte de un problema real: mantener una gama excesivamente amplia aumenta la complejidad industrial, multiplica los costes y dificulta concentrar los recursos en los productos con mayor potencial comercial.

Volkswagen ID. Polo

La tecnología es otro de los frentes en los que Volkswagen necesita acelerar. Entre las propuestas figuran el uso de grandes piezas de fundición, nuevos procesos de fabricación y una mayor integración de los componentes del vehículo. El objetivo sería simplificar la producción, reducir el número de piezas y acercarse a los métodos que están permitiendo a algunos competidores fabricar coches con estructuras de costes más competitivas.

En el terreno del software, el grupo también tendría que reforzar sus capacidades ya que en pleno 2026 se están lanzando coches con importantes defectos de funcionamiento de su software. Por supuesto, VW necesita dar un paso adelante en un elemento cada vez más importante y valorado por los clientes, la conducción autónoma, donde Europa parece haberse quedando dormido.

La reestructuración de los expertos incluye, además, detener las inversiones en nuevos motores de combustión, sistemas híbridos y propulsión por hidrógeno, para concentrar los recursos en los coches eléctricos. También plantea cerrar fábricas de motores infrautilizadas, reducir plantilla allí donde resulte necesario y renegociar los acuerdos laborales. Son medidas de enorme impacto social y económico, que no pueden presentarse como soluciones sencillas ni aplicarse sin tener en cuenta sus consecuencias para los trabajadores y las regiones dependientes de estas instalaciones.

El principal obstáculo es que una transformación de esta magnitud exige asumir costes inmediatos para obtener beneficios a largo plazo. Reducir fábricas, simplificar gamas y cambiar la cultura corporativa puede mejorar la competitividad, pero también implica riesgos industriales, financieros y laborales. Por eso, más que anunciar recortes indiscriminados, Volkswagen necesita identificar qué actividades aportan valor, dónde pierde competitividad y qué inversiones son imprescindibles para recuperar terreno.

El problema de Volkswagen no se resolverá únicamente con ayudas públicas ni con una nueva generación de coches eléctricos. La compañía necesita combinar productos competitivos, una estructura de costes sostenible y una estrategia tecnológica coherente con la velocidad a la que está cambiando el sector. Los resultados del tercer trimestre no significan que su modelo de negocio esté condenado, pero sí muestran que mantener las mismas fórmulas mientras el mercado evoluciona puede salir muy caro. Y cuanto más tarde en tomar decisiones, más difícil podría resultar recuperar el terreno perdido.

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