Estas baterías llevan 14 años trabajando sin parar y todavía les quedan otros 10 años de vida como mínimo

Unas baterías utilizadas durante años en uno de los primeros grandes sistemas de almacenamiento energético de China han sido analizadas por CATL tras su retirada; el fabricante ha comprobado cómo han resistido el paso del tiempo y el uso continuo; los resultados ofrecen una interesante pista sobre la longevidad que pueden alcanzar las baterías modernas.

Estas baterías llevan 14 años trabajando sin parar y todavía les quedan otros 10 años de vida como mínimo
Celdas de CATL

Publicado: 28/09/2026 09:00

8 min. lectura

CATL ha querido poner a prueba una de esas afirmaciones que cada vez escuchamos con más frecuencia en el sector: las baterías modernas pueden durar mucho más de lo que pensamos. Para comprobarlo, la compañía ha recuperado algunas de las celdas que llevan más de una década trabajando en una de las instalaciones de almacenamiento energético más importantes de China.

No se trata de una prueba realizada en condiciones de laboratorio desde el primer día, sino de baterías que han pasado años sometidas a un uso real, cargándose y descargándose de forma continua. Y precisamente por eso los resultados tienen especial interés para una industria que busca baterías capaces de ofrecer una vida útil cada vez mayor.

CATL ha analizado más de 50 celdas prismáticas LFP originales del proyecto Zhangbei, considerado el primer gran sistema de almacenamiento energético basado en baterías de litio. Después de casi 14 años de funcionamiento, ninguna de las celdas había tenido que ser sustituida.

14 años trabajando y todavía con mucha vida por delante

El proyecto Zhangbei comenzó a funcionar en 2011 con un sistema de almacenamiento de 63 MWh, diseñado para almacenar electricidad y posteriormente suministrarla a la red. La instalación llegó incluso a proporcionar energía procedente de fuentes renovables durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín de 2022 y permaneció operativa hasta junio de 2025.

Durante todo ese tiempo, las baterías estuvieron sometidas a ciclos continuos de carga y descarga. No era, por tanto, una batería que hubiese permanecido almacenada durante años, sino un sistema que había estado trabajando prácticamente desde el primer día. Cuando finalmente la instalación fue retirada, CATL recuperó más de 50 de las celdas LFP originales para comprobar en qué estado se encontraban.

Los resultados fueron especialmente llamativos. Después de casi 14 años, las celdas conservaban aproximadamente el 85% de su capacidad original. Una cifra que permite pensar que todavía pueden prestar servicio durante muchos años más, aunque en aplicaciones menos exigentes que la original.

Estas baterías llevan 14 años trabajando sin parar y todavía les quedan otros 10 años de vida como mínimo

Los primeros análisis ya habían ofrecido pistas sobre su longevidad. En 2020, nueve años después de su puesta en funcionamiento, CATL retiró algunas muestras del sistema Zhangbei y comprobó que todavía podían soportar alrededor de 6.000 ciclos adicionales. Aquella prueba fue un análisis intermedio, ya que las celdas continuaron trabajando durante varios años más.

Una vez finalizada la vida operativa del proyecto en 2025, los ingenieros de CATL realizaron un análisis mucho más completo. Además de medir la capacidad restante, estudiaron el estado interno de las celdas para comprobar si el paso del tiempo había provocado daños relevantes en sus componentes.

Y aquí apareció otro dato interesante. Los electrodos internos seguían presentando una estructura en buen estado, con los ánodos y cátodos correctamente alineados, mientras que el proceso de intercalación del litio también se mantenía en buenas condiciones. Los análisis tampoco encontraron un deterioro evidente del grafito que pudiera comprometer su funcionamiento.

CATL estima que estas celdas, con aproximadamente el 85% de su capacidad original, todavía podrían utilizarse durante otros 10 años en sistemas de almacenamiento de menor exigencia, con alrededor de 1.000 ciclos adicionales de carga y descarga.

Estas baterías llevan 14 años trabajando sin parar y todavía les quedan otros 10 años de vida como mínimo

La cifra resulta especialmente relevante si tenemos en cuenta que hablamos de una tecnología desarrollada hace más de una década. Las baterías LFP actuales han evolucionado considerablemente desde entonces, tanto en densidad energética como en sistemas de gestión, fabricación y control térmico, por lo que este tipo de resultados sirven también para entender hasta dónde puede llegar la vida útil de una batería cuando trabaja en unas condiciones adecuadas.

La propia química LFP tiene además algunas características que ayudan a explicar estos resultados. Frente a las baterías NMC, las LFP ofrecen una menor densidad energética, pero presentan una buena resistencia frente a ciclos repetidos de carga y descarga y una elevada estabilidad. También tienen un coste de fabricación más contenido, uno de los motivos por los que esta química se está extendiendo cada vez más en los coches eléctricos.

Esto es especialmente importante porque las baterías LFP ya no están limitadas al mercado chino. Cada vez aparecen en más modelos comercializados en Europa y Norteamérica, incluyendo propuestas de fabricantes que tradicionalmente habían apostado en mayor medida por las baterías NMC.

El resultado de las pruebas de CATL no significa que cualquier batería vaya a durar automáticamente 24 años ni que todas las celdas mantengan el 85% de su capacidad después de 14 años. La degradación depende de factores como la temperatura, la profundidad de los ciclos, la potencia de carga y descarga o la gestión de la batería.

Pero sí deja una conclusión interesante: una batería puede seguir siendo perfectamente funcional mucho después de que haya dejado de ser adecuada para su aplicación original. En un sistema de almacenamiento energético esto abre además la puerta a reutilizar celdas que ya no ofrecen las prestaciones necesarias para una instalación de gran tamaño, pero que todavía conservan una parte importante de su capacidad.

En el caso de un coche eléctrico, este aspecto puede ser todavía más importante a largo plazo. Una batería que ya no resulte adecuada para mantener la autonomía o el rendimiento original del vehículo puede conservar suficiente capacidad para otras aplicaciones, desde almacenamiento estacionario hasta sistemas de menor exigencia.

La evolución de las baterías, por tanto, no solo está permitiendo aumentar la autonomía de los coches eléctricos o reducir sus tiempos de carga. También está alargando una vida útil que puede superar ampliamente la del propio vehículo en el que fueron instaladas.

Y el caso de Zhangbei tiene un valor añadido: no hablamos de una estimación realizada a partir de una simulación acelerada, sino de unas celdas que llevan desde 2011 soportando trabajo real y que, cuando fueron retiradas en 2025, todavía conservaban una parte muy importante de su capacidad.

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