
China dispara las ventas de camiones eléctricos y el diésel empieza a perder ventas rápidamente
China está acelerando la electrificación del transporte pesado mientras el encarecimiento del diésel aumenta el interés de las empresas; el cambio ya es visible en las principales zonas industriales y mineras del país; los fabricantes chinos también empiezan a llevar sus camiones eléctricos a otros mercados.

China está acelerando la electrificación de uno de los sectores donde el petróleo parecía tener una posición más difícil de sustituir: el transporte pesado. El cambio se está produciendo especialmente en las zonas industriales y mineras, donde los camiones recorren miles de kilómetros y el coste de la energía tiene un impacto directo sobre las cuentas de las empresas.
El fenómeno ha cobrado fuerza durante 2026, en un contexto de fuerte encarecimiento del diésel y de creciente preocupación de China por su dependencia energética. Los camiones eléctricos están dejando de ser una solución limitada a proyectos piloto y empiezan a incorporarse de forma habitual al transporte de mercancías.
China convierte los camiones eléctricos en una herramienta de seguridad energética

Las ventas de camiones eléctricos en China aumentaron cerca de un 80% durante la primera mitad de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, según Bloomberg. Con este ritmo, los camiones eléctricos podrían representar cerca de un 30% de todos los camiones vendidos en China durante este año, frente al 8% registrado hace apenas dos años.
El efecto ya empieza a notarse en el consumo de combustibles. El Instituto de Investigación Económica y Desarrollo de Sinopec calcula que el consumo de diésel en China caerá más de un 10% durante 2026. Aunque parte de esta reducción responde a otros factores, el crecimiento de los camiones eléctricos se está convirtiendo en uno de los elementos estructurales que están reduciendo la demanda de petróleo.
Yulín, en la provincia de Shaanxi, es uno de los mejores ejemplos. La región es uno de los grandes centros de producción de carbón del país y sus carreteras están constantemente ocupadas por camiones que transportan el mineral desde las minas hasta las estaciones ferroviarias. Cada vez más de estos vehículos funcionan con electricidad.
Para los transportistas, el argumento principal no es necesariamente medioambiental. La electricidad permite reducir de forma muy importante el coste de utilización, especialmente en operaciones donde los camiones realizan recorridos repetitivos y pueden regresar a puntos de carga conocidos.

Según las estimaciones, recargar un camión eléctrico pesado en China cuesta alrededor de 200 yuanes, unos 25 euros, frente a un gasto muy superior cuando utilizaba un modelo diésel. El inconveniente está en el precio de compra: un camión eléctrico pesado ronda los 600.000 yuanes, unos 75.000 euros, frente a aproximadamente 400.000 yuanes, unos 50.000 euros, de un modelo diésel equivalente.
La diferencia inicial, sin embargo, puede recuperarse con el uso intensivo. En el caso de una empresa de Yulín que adquirió 15 camiones eléctricos de SuperPanther, su responsable calcula que la diferencia de precio puede quedar compensado en aproximadamente dos años gracias al menor gasto operativo.
Esta característica es especialmente importante en el transporte pesado. A diferencia de un turismo particular, un camión puede pasar muchas horas al día trabajando, por lo que cualquier diferencia en el coste por kilómetro acaba teniendo un impacto considerable sobre la rentabilidad de la empresa.
El cambio tampoco se limita ya al transporte de carbón, cemento o minerales. Los camiones eléctricos empiezan a utilizarse para transportar mercancías, componentes electrónicos y productos industriales, ampliando progresivamente el ámbito en el que pueden competir con los modelos diésel.
China también está construyendo la infraestructura necesaria para facilitar esta transformación. Ciudades como Pekín, Shanghái y Shenzhen han introducido ventajas de circulación para los camiones eléctricos, mientras que algunas zonas industriales han impulsado directamente la sustitución de camiones diésel antiguos.
El objetivo oficial también es ambicioso. La hoja de ruta china publicada este año establece que los vehículos de nuevas energías representen al menos el 40% de las ventas de camiones pesados en 2030, mientras que deberían alcanzar una quinta parte del parque existente.
Pero el siguiente paso ya ha comenzado. Las exportaciones chinas de camiones tractores eléctricos durante los seis primeros meses de 2026 superaron en más del doble las unidades exportadas durante todo 2025. Asia, Latinoamérica y África están entre los mercados donde los fabricantes chinos están buscando nuevas oportunidades.
Los fabricantes chinos preparan el salto internacional

El mercado chino cuenta ya con decenas de fabricantes de camiones eléctricos. Entre ellos aparecen nombres conocidos como BYD, XCMG y Sany Heavy Industry, además de compañías especializadas como SuperPanther, que comenzó a fabricar camiones eléctricos para el mercado chino en 2024 y ha iniciado su expansión internacional.
SuperPanther comenzó a vender sus vehículos en Europa en julio y también estudia entrar en otros mercados del sudeste asiático. La compañía considera que el interés por reducir la dependencia del petróleo puede acelerar la electrificación del transporte pesado en numerosos países.
En Europa, fabricantes como Volvo Trucks y Daimler Truck también están desarrollando su propia oferta eléctrica para transporte pesado, mientras que Tesla continúa avanzando en este segmento con el Tesla Semi. La competencia, por tanto, empieza a extenderse más allá de China.
La industria de las baterías también está desempeñando un papel fundamental. CATL se ha convertido en uno de los principales proveedores de baterías para camiones eléctricos en China y busca ampliar su presencia en este mercado a escala internacional.
Las empresas de logística ya están probando estas soluciones. Nippon Express, por ejemplo, ha incorporado cuatro camiones eléctricos en Shanghái para transportar mercancías, incluidos componentes electrónicos, por el delta del río Yangtsé. La compañía también ha puesto en circulación camiones eléctricos en Japón, Taiwán y Hong Kong.
Su objetivo es que el 100% de su flota utilice vehículos eléctricos en un plazo de tres o cuatro años a medida que vaya renovando sus vehículos.
La principal barrera sigue siendo la misma: el camión eléctrico cuesta más al principio. A esto se suman unos costes de seguro y depreciación que todavía pueden ser superiores a los de un camión convencional. Sin embargo, cuando el vehículo trabaja muchas horas y puede recargarse con electricidad barata, la diferencia en los costes diarios puede cambiar por completo la ecuación.
China está utilizando además ayudas para acelerar la renovación de las flotas. Desde 2024 mantiene programas de subvenciones para retirar camiones diésel antiguos y sustituirlos por modelos más modernos y menos contaminantes. El sector está pendiente de conocer si estos incentivos continuarán durante 2027.
El resultado es un escenario en el que la electrificación del transporte pesado empieza a tener consecuencias que van mucho más allá del propio automóvil. Si los camiones eléctricos siguen ganando terreno en China y posteriormente se extienden a otros grandes mercados, una parte importante de la demanda de diésel podría desaparecer progresivamente.
La gran particularidad del modelo chino es que esta transformación no depende únicamente de reducir emisiones. También responde a una cuestión estratégica: utilizar la enorme capacidad de generación eléctrica del país, procedente tanto de fuentes renovables como del carbón, para reducir su exposición a las importaciones de petróleo.
Y eso puede convertir al camión eléctrico en una pieza mucho más importante de lo que parecía en la transición energética. Mientras los turismos eléctricos han cambiado rápidamente la composición del mercado automovilístico chino, los camiones están empezando a trasladar ese mismo proceso directamente al consumo de petróleo.


