
Los coches eléctricos envejecen mejor de lo que muchos esperaban y superan a los diésel y gasolina en fiabilidad
Los coches eléctricos de segunda mano siguen generando dudas entre muchos compradores; sin embargo, un estudio realizado en Reino Unido apunta a que su fiabilidad mejora en comparación con los modelos de combustión a medida que aumenta el kilometraje; los resultados también revelan cuáles son los puntos que conviene revisar antes de comprar uno usado.

La fiabilidad es uno de los aspectos que más dudas genera entre quienes no conocen la tecnología que hay detrás de un coche eléctrico y están pensando en dar el salto, especialmente en el mercado de segunda mano. La durabilidad de la batería, el coste de las reparaciones y el envejecimiento del sistema de propulsión siguen siendo motivos de preocupación para muchos conductores, pero los datos acumulados durante las inspecciones técnicas apuntan a una realidad que normalmente no coincide con esa percepción.
Un amplio análisis realizado en Reino Unido, a partir de millones de inspecciones técnicas, ha estudiado cómo envejecen los coches en función de su sistema de propulsión. Los resultados cuestionan la idea de que un coche eléctrico pierde fiabilidad a medida que acumula kilómetros y apuntan a que, con el paso del tiempo, puede ofrecer mejores resultados que un modelo de gasolina o diésel.
El punto de inflexión llega alrededor de los 100.000 kilómetros

El estudio, elaborado por la Asociación Británica de Empresas de Alquiler y Arrendamiento de Vehículos (BVRLA), analiza 47,4 millones de inspecciones técnicas realizadas entre 2024 y 2026, además de otros 863 millones de registros históricos. Se trata de una muestra de gran tamaño que permite observar cómo evolucionan los resultados de las revisiones a medida que los coches acumulan kilómetros y años de uso.
Durante los primeros 30.000 a 60.000 kilómetros, las diferencias entre los coches eléctricos y los modelos de gasolina y diésel son reducidas. Sin embargo, la situación cambia conforme aumenta el kilometraje. En torno a los 100.000 kilómetros, la tasa de fallos de los coches eléctricos se estabiliza cerca del 16%, mientras que en los modelos con motor de combustión alcanza el 22,1%.
La diferencia se amplía todavía más en los vehículos que superan los 190.000 kilómetros. En ese tramo, los coches eléctricos mantienen una tasa de fallos cercana al 16%, frente al 23,5% registrado por los modelos con motor de combustión. Estos datos apuntan a que el envejecimiento no afecta de la misma manera a ambas tecnologías y que la sencillez mecánica de la propulsión eléctrica puede convertirse en una ventaja a largo plazo.
Los resultados también son llamativos cuando se analiza la edad de los vehículos. Según el estudio, el 94,6% de los coches eléctricos de al menos 15 años supera la inspección técnica, frente al 88,1% de los modelos con motor de combustión. Una diferencia que refuerza la idea de que un coche eléctrico no tiene por qué convertirse en una opción menos fiable simplemente por acumular años.

Eso no significa que los coches eléctricos estén libres de problemas. Los neumáticos son uno de los principales puntos débiles identificados por los investigadores: su desgaste medio sería 1,8 veces superior al de los vehículos con motor de combustión. El mayor peso de algunos modelos eléctricos y la entrega inmediata de par pueden influir en su duración, por lo que conviene tener en cuenta este gasto a la hora de calcular el coste de uso.
En el caso de los frenos, el resultado depende del kilometraje. Los coches eléctricos presentan peores resultados en los tramos de menor recorrido, mientras que su comportamiento mejora frente a los modelos de combustión cuando acumulan más kilómetros. La frenada regenerativa, que permite recuperar energía al desacelerar, reduce el uso de los frenos convencionales y puede contribuir a limitar su desgaste. No obstante, el tipo de conducción y el mantenimiento siguen teniendo un papel importante.
Los investigadores también señalan que los coches eléctricos pueden recorrer más kilómetros de media en Reino Unido, en parte porque se utilizan con frecuencia en flotas empresariales y compañías de alquiler. Este factor debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados, ya que el uso profesional puede modificar tanto el kilometraje como las condiciones de mantenimiento de los vehículos.
La batería sigue siendo importante al comprar un eléctrico usado

Toby Poston, representante de la BVRLA, advierte de que estos datos no deben interpretarse como una garantía de que cualquier coche eléctrico de segunda mano estará en buenas condiciones. El historial de mantenimiento, el estado de la batería, el desgaste de los neumáticos y la condición general del vehículo siguen siendo factores fundamentales antes de cerrar una compra.
En particular, comprobar la capacidad útil de la batería y su evolución con el tiempo resulta recomendable en un coche eléctrico usado. También conviene revisar el sistema de carga, el funcionamiento de la climatización, los posibles daños en los bajos y el estado de los elementos de suspensión. Un modelo con muchos kilómetros, pero bien mantenido, puede ser una compra más interesante que otro con un kilometraje inferior y un historial poco claro.
Lo que si está claro es que al coche eléctrico no se le caerá la batería a los cinco años, ni habrá que cambiarla ni habrá que tirarlo a la basura. Todo lo contrario. Son coches mucho más resilientes por razones básicas como el tener mecánicas mucho más sencillas y menos susceptibles de averías. Y su parte clave, la batería, siempre se podrá reparar o sustituir en un futuro lejano.


