
Renault se planta ante Nissan y Ford: no quiere que sus coches eléctricos sean copias de los suyos
El nuevo responsable de Renault quiere introducir cambios importantes en sus acuerdos con otros fabricantes. La experiencia con uno de sus últimos modelos compartidos ha provocado cierto malestar dentro del grupo francés, que ahora exigirá una mayor personalidad a los futuros coches desarrollados sobre su tecnología.

Compartir plataformas y tecnología se ha convertido en una de las principales estrategias de los fabricantes para reducir los costes de desarrollo de los coches eléctricos. Es la ruta más corta y fácil. Pero no está exenta de problemas y riesgos. Renault ha puesto sobre la mesa uno de ellos, y considera que algunas de estas colaboraciones han ido demasiado lejos y quiere cambiar las reglas para sus próximos socios.
El nuevo consejero delegado del Grupo Renault, François Provost, ha aprovechado el Salón del Automóvil de París para lanzar un mensaje bastante claro a los fabricantes que utilizan la tecnología de la marca francesa: compartir una plataforma está muy bien, pero eso no significa que los coches tengan que ser prácticamente idénticos. Una advertencia que afecta directamente a Nissan, Ford y Mitsubishi, con los que Renault mantiene diferentes acuerdos industriales.
El origen de este cambio de postura está en el nuevo Nissan Micra, un modelo que utiliza la misma plataforma que el Renault 5 y que, en algunos aspectos, apenas se diferencia de su hermano francés, principalmente en las cifras de ventas claro. No hablamos solamente de compartir motores, baterías o componentes mecánicos, algo completamente habitual en la industria, sino también de un interior prácticamente calcado y una carrocería donde las principales diferencias se concentran en los grupos ópticos delanteros y traseros.
Esta situación no ha terminado de convencer a algunos responsables de Renault. Según fuentes internas citadas por Autocar, dentro de la compañía francesa ha existido cierto malestar por los pocos cambios introducidos por Nissan en su nuevo utilitario eléctrico. Una situación curiosa, teniendo en cuenta que Renault es precisamente la encargada de fabricar el Micra y que ambas compañías mantienen una relación industrial desde hace décadas.
El problema tiene también una explicación económica. Renault ofrece a sus socios diferentes niveles de personalización, que pueden llegar hasta el desarrollo de paneles de carrocería específicos. Sin embargo, cuanto mayor sea la diferenciación, más elevado será el coste de fabricación. Y precisamente una de las principales ventajas de estas alianzas consiste en aprovechar las economías de escala para conseguir coches eléctricos más económicos.
Renault quiere que los próximos Ford y Nissan tengan personalidad propia

Provost considera que el planteamiento impulsado por su antecesor, Luca de Meo, necesita algunos ajustes. Durante su intervención en París, el directivo reconoció que Renault no había exigido suficiente diferenciación a sus socios y aseguró que esta situación no volverá a repetirse en los próximos proyectos.
Como ejemplo de lo que considera una colaboración bien planteada, mencionó al Renault Twingo y al Dacia Spring. Dos coches que comparten una base técnica, pero que presentan diseños claramente distintos y están dirigidos a públicos diferentes. Para el responsable francés, esta debería ser la referencia de las futuras colaboraciones industriales.
"Es un cambio respecto a mi predecesor. Nunca volveré a establecer acuerdos sin suficiente diferenciación", aseguró Provost. Una declaración que supone un giro importante en la estrategia del grupo, especialmente en un momento en el que Renault está ampliando su papel como proveedor de tecnología y capacidad industrial para otros fabricantes.

Uno de los acuerdos más interesantes es el firmado con Ford, que permitirá al fabricante estadounidense desarrollar futuros coches eléctricos utilizando tecnología de Renault. Provost explicó que Jim Farley, consejero delegado de Ford, comparte exactamente la misma filosofía y le ha trasladado que, si decide colaborar con Renault, el resultado tiene que ser un auténtico Ford, tanto por diseño como por personalidad.
Hay un detalle interesante en este tipo de acuerdos. Debido a las cláusulas de confidencialidad, los responsables de Renault no tienen acceso previo a los diseños de los coches que sus socios están desarrollando. Esto significa que, aunque la compañía francesa aporte la plataforma y se encargue de la fabricación, no puede supervisar directamente el aspecto definitivo de los modelos de otras marcas.
Por eso, Provost quiere que las condiciones estén claras desde el principio. Su intención es apostar por un número más reducido de colaboraciones, pero con socios estratégicos interesados en mantener relaciones industriales a largo plazo, en lugar de acuerdos puntuales destinados simplemente a aprovechar una plataforma ya desarrollada.

La cuestión tiene bastante importancia para el futuro de los coches eléctricos pequeños en Europa. Renault ha conseguido situarse en una posición privilegiada gracias a su familia de plataformas para modelos urbanos y compactos, que permiten compartir inversiones entre diferentes marcas. El Renault 5, el Renault 4 y el Twingo son algunos de los protagonistas de esta estrategia, a los que se suman los proyectos de Nissan, Mitsubishi y Ford.
Pero esta fórmula también plantea un riesgo comercial. Si dos fabricantes ofrecen coches prácticamente iguales, con una tecnología idéntica y diferencias estéticas mínimas, el cliente puede terminar tomando su decisión exclusivamente por el precio, el equipamiento o la proximidad del concesionario. Y eso puede provocar que dos marcas que deberían complementar sus ventas acaben compitiendo directamente entre ellas.
Lo que Renault busca ahora es mantener las ventajas industriales de compartir componentes, motores y baterías, pero evitando que sus socios terminen vendiendo lo que el consumidor pueda percibir como un Renault con otro logotipo. Una estrategia que tiene sentido desde el punto de vista comercial, aunque también obligará a los fabricantes asociados a invertir más dinero en desarrollar una identidad propia.
El verdadero examen llegará con los próximos coches eléctricos de Ford y Nissan. Será entonces cuando comprobaremos si Renault ha encontrado el equilibrio entre reducir los costes de producción y conseguir que cada fabricante conserve su personalidad.


