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Hidrógeno, ni contigo ni sin ti

Si nos atenemos a un criterio de eficiencia energética, hay una verdad inmutable. De toda la energía que se emplea -transforma- para producir y consumir electricidad, el grado de aprovechamiento es mucho más alto que separando el hidrógeno de otras moléculas y acabar quemándolo -oxidándolo para formar agua- o procesándolo en una pila de combustible de hidrógeno. Esto es así, no tiene discusión, es física y química.

Pero también es verdad que no podemos convertir todo el consumo de productos petrolíferos para calentarnos y transportarnos confiando exclusivamente en baterías electroquímicas, usen la tecnología que usen. Las restricciones que hay de minería/reciclaje, procesamiento de materiales y producción de celdas/paquetes de baterías impiden pegar ese salto en varios años.

La Historia nos ha enseñado que la humanidad ha ido mejor cuando ha diversificado sus fuentes energéticas. Incluso cuando se usaba la madera para casi todo, también se usaba la energía eólica en los molinos de viento, los barcos, o las torres de refrigeración de Persia. El hidrógeno será necesario a lo largo de este siglo para diversificar las fuentes de energía, sí o sí, aunque no sea la solución óptima.

Para meter 1 kWh de energía a unas baterías hace falta más menos energía que para tener el equivalente a 1 kWh de hidrógeno en tanques de alta presión, y como la energía se transforma -ni se crea ni se destruye-, esta última transformación es menos eficiente: pozo al tanque. También es más eficiente sacar 1 kWh de una batería a un motor, que producir 1 kWh con una pila de combustible, del tanque a la rueda también hay más pérdidas.

El colmo de la ineficiencia es producir hidrógeno para introducirlo en un motor de combustión interna, con más pérdidas todavía, para producir movimiento. La relación pozo a la rueda es pésima. Sin embargo, la humanidad ha tenido un progreso espectacular partiendo de una fuente de energía abundante y desperdiciándola con mucha alegría.

Derrochamos con el petróleo, el carbón y el gas, y derrocharemos con energías renovables

Más de uno me va a mirar mal, pero es lo que hay. Dado que no podemos reemplazar todas las energías fósiles por baterías eléctricas, el hidrógeno sigue siendo necesario. Es necesario para poder reaprovechar motores térmicos, calderas, canalizaciones de gas, infraestructuras de repostaje existentes… y para zonas remotas donde no hay fácil acceso a la electricidad.

Si tenéis tiempo, os aconsejo ver este vídeo-charla de casi una hora de la conferencia «Aritmética, Población y Energía» del Dr. Albert A. Bartlett y Gabriel Tobar García. Tiene sus años, pero mantiene su vigencia. Spoiler: si no se remedia el derroche a largo plazo, hasta toda la energía aprovechable del Sol sería inútil para satisfacer nuestras ansias de energía; cosas de la función exponencial. Pero falta mucho para eso y estaremos todos muertos, nuestros nietos también.

Pero al menos durante unas décadas, podremos utilizar energías renovables para suplir todas las necesidades energéticas del mundo, y sobrará energía. La gestión inteligente de los excedentes se puede usar para obtener hidrógeno y utilizarlo para muchas cosas, dado que las renovables no son como los relojes, y a veces dan más y a veces dan menos.

De ahí, a suponer que en un plazo corto de tiempo podremos acudir a una estación de servicio y echar hidrógeno en cualquier vehículo térmico, como el que ahora echa gasolina, media un abismo. La situación es la que es, el hidrógeno es el futuro del transporte, pero la electricidad ya forma parte del presente. Hace 20 años, los coches eléctricos también eran el futuro, pero no el presente. El hidrógeno lleva mucho retraso, pero se trabaja para paliar eso.

Aquí aporto la visión de una multinacional asiática que apuesta por el hidrógeno como algo revolucionario para la tierra y la humanidad. Es una multinacional muy importante. Como no quisiera pecar de sectario, pues no hablaré de Toyota, sino de Hyundai, uno de los gigantes de Corea del sur. Para el que le interese, son 37 minutos bien empleados. Para el que no, un punto de vista más.

Las previsiones a largo plazo son siempre arriesgadas. Solo hay que ver lo que se previó en los años 50 y a donde realmente hemos llegado, y que predicciones totalmente absurdas se han convertido en nuestra realidad habitual. Y lo más probable es que dentro de dos o tres décadas el hidrógeno tenga un papel muy relevante en nuestras vidas.

Y será un papel con muchas pérdidas energéticas, como lo tiene actualmente usar una caldera de gas natural o un coche de gasolina. Pero será un papel con menores emisiones, especialmente si las cosas se hacen bien: obtener hidrógeno con energías renovables y no a partir de combustibles fósiles. Por el camino se van a ir cantidades inmensas de dinero público y privado, como ya pasó en su día con otros vectores energéticos.

Detrás de las visiones siempre hay algo de idílico, llámese coches eléctricos para todos, combustibles sintéticos ecológicos o la sociedad del hidrógeno. Del dicho al hecho va un trecho. Desengancharnos del petróleo, el carbón y el gas lleva su tiempo, y con unos años de decalaje, en el «tercer mundo». No tenemos la posibilidad de apostarlo todo a la misma ficha, 100% de eficiencia y 0 gramos de CO2 emitido. No seamos necios.

¿Queremos independencia energética? Hay que diversificar, es el quid de la cuestión. Los riesgos siempre se reducen diversificando. Supongamos que lo apostamos todo a lo eléctrico, y nos irá muy bien hasta que los cuellos de botella supongan una barrera lo suficientemente importante como para afectar a nuestro estilo de vida de forma muy significativa.

No solo hay que diversificar, hay que realizar una transición energética. En dicho proceso vamos abandonando las energías fósiles y sustituyéndolas por renovables, hacia el escenario idílico de 0 emisiones netas, hasta dejar de incrementar la cantidad de gases de efecto invernadero que alteran el clima, los ecosistemas, y otros tantos aspectos del planeta. Eso lleva su tiempo, e implica necesariamente diversificar, o la transición es más lenta.

El tiempo pondrá a todos en su sitio, detractores y proselitistas de unas tecnologías y de otras. Unas tendrán más éxito que otras. Con el estado de la técnica actual sabemos que sin hidrógeno, a largo plazo, eso de volar lejos estará complicado -ya que los combustibles «sostenibles» son un parche-, nos podremos olvidar de todo lo que sea transporte masivo y a larga distancia, y el desperdiciar cientos de millones de máquinas reaprovechables que impliquen fabricar otras tantas nuevas igual no es la mejor de las ideas.

«Lo consiguieron porque no sabían que era imposible»

Juean Cocteau, poeta, novelista, dramaturgo, pintor, ocultista, diseñador, crítico y cineasta francés

Yo no he visto el futuro, así que no os puedo decir cómo será. Creo que en dicho futuro habrá una convivencia necesaria entre la electricidad, el hidrógeno, fisión nuclear, consumo de combustibles fósiles y producción de otros sintéticos. Lo ideal, a largo plazo, es ceñirnos a todo lo que sean emisiones netas cero, vamos, energías renovables para cubrir todas nuestras necesidades energéticas. ¿Desperdiciaremos? Seguro, pero eso ya lo hacemos todos los días, empezando por todo aquello que no estamos aprovechando.

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