
China pone en marcha la mayor batería de flujo del mundo
China ha inaugurado la mayor batería de flujo de vanadio del mundo, integrada con una gigantesca planta solar. El proyecto demuestra la viabilidad del almacenamiento energético de larga duración a escala de red. Una instalación pensada para aprovechar mejor las renovables y estabilizar el sistema eléctrico.

China acaba de marcar un antes y un después en el almacenamiento energético a gran escala. Y no es una frase hecha. El país ha puesto en marcha la mayor batería de flujo de vanadio del mundo, un proyecto que no solo bate récords por tamaño, sino que también demuestra hasta dónde puede llegar esta tecnología cuando se aplica a escala industrial.
El proyecto, conocido como Jimusaer Vanadium Flow Battery Energy Storage Project, está situado en la región autónoma de Xinjiang y ha entrado oficialmente en funcionamiento el 31 de diciembre. Detrás de esta instalación está Rongke Power, una empresa con sede en Dalian que lleva años apostando por este tipo de baterías para aplicaciones estacionarias.
Estamos hablando de un sistema de 200 MW de potencia y 1 GWh de capacidad, integrado directamente con una enorme planta solar fotovoltaica de 1 GW. Una combinación pensada para resolver uno de los grandes problemas de las renovables: qué hacer con la energía cuando sobra y cómo entregarla cuando hace falta.
Una batería pensada para trabajar las 24 horas

Además de ser la mayor batería de flujo de vanadio jamás construida, la de Jimusaer es también la primera en alcanzar la escala del gigavatio hora, un hito que hasta ahora parecía reservado a las tecnologías más convencionales.
Según Rongke Power, el sistema puede ofrecer hasta cinco horas de descarga continua, algo clave para estabilizar redes eléctricas con una alta penetración de energía solar y eólica. Está diseñada para funcionar con ciclos diarios intensivos y con una vida útil muy prolongada, dos requisitos imprescindibles cuando se habla de almacenamiento a escala de red.
Una vez a pleno rendimiento, la instalación deja claro que esta tecnología no solo es viable, sino fiable incluso en tamaños nunca vistos hasta ahora.
La integración con la planta solar permite almacenar los excedentes de producción durante las horas de mayor generación y devolver esa energía a la red en los momentos de máxima demanda. Gracias a ello, el sistema completo logra incrementar el aprovechamiento de energías renovables en más de 230 millones de kWh al año, reduciendo pérdidas y mejorando la eficiencia global del conjunto.
Este punto es especialmente importante en Xinjiang, una región con enormes recursos solares y eólicos, pero que sufre problemas de congestión en la red y limitaciones en la capacidad de transmisión. El almacenamiento a gran escala se convierte aquí en una herramienta clave para evitar que parte de esa energía limpia se desperdicie.
Rongke Power subraya además las ventajas propias de las baterías de flujo de vanadio frente a otras tecnologías. A diferencia de las de ion-litio, utilizan electrolitos líquidos almacenados en tanques externos, lo que separa la potencia de la capacidad energética. Esto facilita la ampliación del sistema, alarga la vida útil y mejora la seguridad, ya que los electrolitos no son inflamables.
Por su estabilidad, durabilidad y seguridad intrínseca, este tipo de baterías encaja especialmente bien en aplicaciones donde se requiere almacenamiento de larga duración y un uso intensivo durante décadas.
¿Cuántas viviendas podría alimentar esta batería?
Con una capacidad total de 1 GWh (1.000.000 kWh) la batería de Jimusaer podría abastecer durante 24 horas a una población de más de 83.000 viviendas, tomando como referencia un consumo medio de 12 kWh diarios por vivienda. Una cifra que ayuda a poner en contexto la magnitud real de esta instalación, en una apuesta de China por las renovables más allá de la instalación de fuentes de generación, con el almacenamiento como un pilar básico.



