
Europa puede recortar un 60% la brecha de precio de las baterías frente a China
Un informe de T&E sostiene que Europa puede reducir de forma drástica el coste de sus baterías si aumenta la producción local. La diferencia con China podría estrecharse de forma sustancial esta década y mejorar la soberanía tecnológica de nuestro mercado.

Está claro que China nos ha ganado la batalla por las baterías, tanto en lo tecnológico como sobre todo en apuesta industria y precio. Pero la Unión Europea busca recortar esas diferencias de forma drástica con baterías fabricadas en casa con un plan industrial propio.
Esa es la conclusión de un informe publicado por Transport & Environment (T&E), que anima a Bruselas a no titubear y a respaldar con decisión el sector a través de su estrategia “Made in Europe”.
Según el estudio, si Europa logra aumentar la producción y ganar escala, la diferencia de costes entre las baterías fabricadas en la UE y las que llegan desde China podría reducirse hasta el 30%, frente al enorme 90% actual. Es decir, el margen se estrecharía de forma notable si las fábricas europeas alcanzan volúmenes suficientes y mejoran su eficiencia.

Todo esto llega justo cuando la Comisión Europea se prepara para presentar su nueva ley industrial, conocida como Industrial Accelerator Act. La propuesta incluirá la obligación de priorizar productos fabricados en Europa cuando haya dinero público de por medio. Y no hablamos solo de baterías: la norma abarcará sectores considerados estratégicos como la energía solar, la eólica, el hidrógeno, la energía nuclear y, por supuesto, los coches eléctricos.
Algunos fabricantes han advertido de que imponer requisitos de contenido local podría disparar el precio de las baterías y poner en riesgo la competitividad de sus modelos. Pero T&E no lo ve así.
El informe sostiene que la mejora de la eficiencia en las plantas europeas será clave. Reducir el porcentaje de celdas defectuosas, aprovechar mejor las materias primas, ganar experiencia en los procesos y avanzar en automatización permitiría rebajar la brecha de costes hasta los 14 dólares por kWh en 2030, frente a los 41 dólares que podría alcanzar si no se corrigen los actuales desequilibrios.
Traducido a un coche eléctrico medio, estaríamos hablando de una diferencia aproximada de 500 euros por vehículo. Una cifra que, según el propio informe, podría compensarse fácilmente con incentivos públicos o incluso entenderse como una especie de “seguro” frente a posibles restricciones comerciales. No hay que olvidar que China ya ha impuesto límites a la exportación de minerales críticos y tierras raras, esenciales para la fabricación de baterías.

Para Julia Poliscanova, responsable de vehículos y cadenas de suministro de electromovilidad en T&E, la cuestión va más allá del precio puro y duro. Europa, asegura, necesita una industria propia de baterías como red de seguridad ante el riesgo de que las cadenas de suministro se utilicen como herramienta de presión geopolítica. En su opinión, exigir contenido local es la única política realista para evitar otro caso como el de Northvolt, que simboliza las dificultades del sector europeo para consolidarse.
Eso sí, el recorte de costes solo será posible si las normas permiten a los grandes proyectos industriales europeos crecer sin trabas. El informe cita expresamente a fabricantes como ACC, PowerCo y Verkor, que necesitan volumen para repartir inversiones y reducir el precio por kWh.
En paralelo, T&E reclama que el plan “Made in Europe” deje claro que los esquemas de ayudas públicas incluyan también los incentivos fiscales para los compradores de coches eléctricos. No solo para particulares, sino también para empresas y empleados que utilicen coche de empresa. La lógica es sencilla: si se apoya la demanda y se garantiza mercado, las fábricas europeas podrán escalar producción con mayor seguridad.
En el fondo, el debate no es únicamente industrial, sino estratégico. Europa se juega buena parte de su autonomía en la transición al coche eléctrico. Apostar por producir baterías en casa puede implicar asumir un pequeño sobrecoste a corto plazo, pero a cambio ofrece estabilidad, empleo y menor dependencia exterior en un sector clave para la economía del futuro.


