
Un nuevo electrolito acerca las baterías sólidas al mercado
Un equipo chino ha logrado reducir de forma drástica uno de los grandes problemas de las baterías con electrolito sólido. El avance combina menor exigencia operativa con un enfoque más industrial y económico lo que supone un paso más para que esta tecnología deje el laboratorio y llegue a los coches eléctricos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China ha logrado un avance que ataca uno de los grandes cuellos de botella de las baterías con electrolito sólido: la necesidad de trabajar con presiones externas muy elevadas para que funcionen de forma estable.
Los resultados, publicados el 8 de enero de 2026 en Nature Communications, describen un nuevo electrolito sólido capaz de mantener ciclos estables con una presión muy inferior a la habitual, algo que acerca esta tecnología al mundo real y, por extensión, a los coches eléctricos.
Las baterías de estado sólido llevan años en el punto de mira por su promesa de mayor densidad energética y más seguridad frente a las actuales baterías con electrolito líquido. El problema es conocido: al ser todo sólido, tanto electrolito como electrodos, mantener un buen contacto entre materiales exige presiones externas de decenas o incluso cientos de megapascales. En un laboratorio se puede hacer, pero en una batería comercial integrada en un coche eléctrico es otra historia muy distinta.

El grupo liderado por el profesor Ma Cheng ha desarrollado un nuevo electrolito inorgánico basado en litio, circonio, aluminio, cloro y oxígeno, con la fórmula química 1,4Li2O-0,75ZrCl4-0,25AlCl3. Frente a otros electrolitos sólidos inorgánicos más habituales, incluidos los sulfuros, este material destaca por su baja rigidez mecánica. Según los datos publicados, su módulo de Young es inferior al 25% del de materiales comparables y su dureza está por debajo del 10%, lo que le permite deformarse con más facilidad cuando se aplica presión.
Lo interesante es que, pese a esa mayor flexibilidad, el electrolito sigue siendo un polvo inorgánico y no se comporta como un gel. Esto es clave, porque lo hace compatible con procesos industriales ya conocidos, como la fabricación continua en bobina o el calandrado a alta presión, sin que el material se desplace en exceso durante el procesado.
Utilizando un método de fabricación en seco pensado para escalar la producción, el equipo montó pequeñas celdas en formato bolsa con cátodos ternarios de ultra alto contenido en níquel y ánodos de litio metálico.

En las pruebas electroquímicas, el electrolito mostró una conductividad iónica superior a 2 milisiemens por centímetro a temperatura ambiente, un valor que supera el umbral que suele considerarse mínimo para un funcionamiento práctico. Gracias a este conjunto de propiedades, las baterías de estado sólido lograron ciclar de forma estable con solo 5 megapascales de presión externa, una cifra muy inferior a la que se manejaba hasta ahora, manteniendo además un rendimiento estable durante varios cientos de ciclos de carga y descarga.
Otro punto nada menor es el coste del material. A diferencia de los electrolitos sólidos basados en sulfuros, que dependen de sulfuro de litio de alta pureza y encarecen mucho el conjunto, este nuevo electrolito utiliza tetracloruro de circonio como materia prima principal. Los investigadores estiman un coste aproximado de unos 40 euros por litro, lo que supone menos del 5% del coste de los electrolitos de sulfuro más comunes.
Según los comentarios de la revisión por pares citados por los propios autores, este avance puede suponer una aportación importante al desarrollo de las baterías de estado sólido y, sobre todo, ayudar a cerrar la brecha entre el laboratorio y la aplicación a gran escala. Si este tipo de soluciones mantiene su promesa al escalarse, podría ser uno de esos pasos silenciosos pero decisivos que acaben llegando, más pronto que tarde, a los coches eléctricos de producción.


