Un poco de historia: Leyland-Crompton Electricar

Repasamos un proyecto nacido en la década de los 70, cuando muchas empresas exploraron el potencial de los sistemas eléctricos con prototipos como el Leyland-Cropton. Un pequeño utilitario adelantado a sus tiempos que no logró el éxito esperado por sus creadores.

Un poco de historia: Leyland-Crompton Electricar

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Publicado: 03/04/2025 10:11

Volvemos de nuevo con nuestra sección «Un poco de historia» donde repasamos esos proyectos relacionados con los coches eléctricos décadas antes del inicio de esta era moderna, y donde hoy hablamos del Leyland-Crompton Electricar. Un pequeño urbano de dos plazas, que destacaba por su cuidado diseño.

A principios de la década de 1970, la industria automovilística comenzaba a experimentar una transformación impulsada por la creciente preocupación por los problemas de suministro de petróleo. En este contexto muchas empresas se lanzaron a experimentar con la movilidad eléctrica, y una de estas ha sido la asociación entre British Leyland y Crompton-Leyland Electricars, que pusieron en marcha un ambicioso proyecto para explorar el potencial de los vehículos eléctricos.

El resultado fue un llamativo coche eléctrico, el Leyland-Crompton Electricar, un prototipo que incorporaba diseños y tecnologías innovadoras con el objetivo de influir en el desarrollo futuro de la movilidad eléctrica.

Diseñado por el renombrado Giovanni Michelotti y basado en la plataforma del Mini, este vehículo representó un adelanto a su tiempo en cuanto a tecnología y estética.

Leyland-Crompton Electricar: diseño y tecnología avanzada

Presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1972, el Leyland-Crompton Electricar destacaba por su diseño moderno y compacto. Su carrocería de fibra de vidrio, inspirada en el prototipo Austin Zanda, le proporcionaba ligereza y eficiencia aerodinámica. Además, algunos de sus elementos de diseño, como el marco de las puertas y la forma del pilar C, recordaban a modelos posteriores como el Triumph TR7.

El sistema de propulsión consistía en dos motores eléctricos de corriente continua de 48 voltios, cada uno con una potencia de 3,9 CV, que impulsaban las ruedas delanteras mediante una caja de cambios y un diferencial. La energía provenía de un conjunto de 48 baterías de plomo-ácido, que incluía un cargador integrado.

Este sistema le permitía alcanzar una velocidad máxima de 48 km/h y una autonomía aproximada de 56 kilómetros, cifras modestas pero en línea con la tecnología de la época.

A pesar de su innovación, el proyecto no pasó de la fase de prototipo. Finalmente, la crisis del petróleo de 1973 fue mucho más dura de lo esperado, vaciando las cuentas de miles de empresas, entre ellas la propia British Leyland, que entraron en modo economía de guerra y centrando los recursos en salvarse.

Una propuesta adelantada a sus tiempos, pero que chocaba con un problema que 53 años después todavía no está totalmente resuelto como es la red de carga, totalmente inexistente por aquella época. Algo que terminó por enterrar cualquier posibilidad comercial de una iniciativa bastante original.

Hoy en día, el único ejemplar del Leyland-Crompton Electricar se conserva en el British Motor Museum, sirviendo como testimonio de lo que pudo ser y no fue de haber Europa apostado en su momento con mayor intensidad por la movilidad eléctrica.

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