
Las ventas de autobuses eléctricos urbanos se disparan y ya son más del 50% de las nuevas matriculaciones de Europa
Si nos lo dicen hace apenas un año no lo creeríamos, pero las ventas de autobuses eléctricos en Europa han superado todas las expectativas y mejoran incluso las tasas de venta de los coches. A este paso, en apenas dos años las ventas de modelos diésel serán residuales.

El mercado europeo del autobús urbano ha cruzado una línea que hace apenas unos años parecía lejana. Según la organización Transport & Environment (T&E), en 2025 seis de cada diez nuevos autobuses urbanos matriculados en la UE fueron de cero emisiones. Un cambio de ritmo que confirma que la electrificación ya no es una promesa, sino una realidad palpable en nuestras ciudades.
En concreto, los modelos 100% eléctricos a baterías alcanzaron el 56% de las nuevas matriculaciones, mientras que los impulsados por pila de combustible de hidrógeno sumaron otro 4%. Si echamos la vista atrás, el salto es enorme: en 2019, cuando se aprobó la Directiva de Vehículos Limpios, apenas el 12% de los nuevos autobuses eran eléctricos. En apenas seis años, el sector ha dado la vuelta por completo.
Para T&E, la conclusión es clara: si los autobuses urbanos, uno de los segmentos más exigentes en uso intensivo diario, han podido electrificarse a este ritmo, los vehículos pesados también pueden hacerlo.
El punto de no retorno: la electrificación ya es mayoritaria

Si el ritmo de crecimiento registrado entre 2023 y 2025 se mantiene, los autobuses urbanos podrían ser completamente de cero emisiones en 2028, siete años antes del objetivo fijado para 2035. Hasta ahora, el impulso venía sobre todo de países y ciudades pioneras, con planes muy ambiciosos de electrificación total. Pero a partir de ahora, el crecimiento debería apoyarse en mercados que iban más rezagados.
Aquí jugarán un papel clave las nuevas exigencias de emisiones de CO2 dirigidas a los fabricantes, que no solo afectan al autobús urbano, sino también al interurbano y al de larga distancia. La idea es extender la descarbonización más allá del tráfico en ciudad.
Cinco Estados miembros lograron en 2025 una cuota del 100% de autobuses urbanos de cero emisiones: Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Letonia y Eslovenia. Otros seis superaron el 90%: Países Bajos, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica, Lituania y Rumanía.

Si miramos los grandes mercados —aquellos con más de 1.000 nuevas matriculaciones anuales— el Reino Unido lidera con tres cuartas partes de sus nuevos autobuses con propulsión eléctrica. Italia le sigue con casi dos tercios de unidades de cero emisiones, siendo el único gran mercado de la UE por encima de la media comunitaria. España se situó en el 56%, ligeramente por debajo del año anterior. Alemania alcanzó el 50% y Francia cerró el grupo con un 42%.
En cuanto a tecnologías, el dominio de la batería es cada vez más claro. Los autobuses eléctricos a baterías han crecido año tras año desde 2020, y cada ejercicio lo han hecho con más fuerza que el anterior. En cambio, los modelos de pila de combustible han tenido una evolución mucho más moderada: del 3% en 2024 al 4% en 2025.
Llama la atención el caso alemán, donde se vendió el 62% de todos los autobuses urbanos de pila de combustible matriculados en Europa. Allí, el hidrógeno ya representa casi una de cada diez nuevas matriculaciones.
Mientras tanto, otras alternativas al diésel pierden peso de forma evidente. Los híbridos han pasado del 22% en 2023 al 16% en 2024 y apenas un 9% en 2025. Los autobuses de gas han reducido a la mitad su cuota europea hasta el 7%, aunque en Italia y Francia siguen teniendo fuerza, con un 23% de las nuevas matriculaciones.
La normativa ha funcionado (y lo ha hecho antes de lo previsto)
La primera fase de la Directiva de Vehículos Limpios de la UE fijó, entre agosto de 2021 y diciembre de 2025, cuotas nacionales obligatorias de compra de autobuses de cero emisiones de entre el 13,5% y el 22,5%. Si analizamos las ventas acumuladas desde 2021, casi todos los países han cumplido sus objetivos, y en muchos casos lo han hecho con margen.
Desde 2021, dos de cada cinco nuevos autobuses urbanos matriculados han sido de cero emisiones, casi el doble del objetivo medio fijado en el 21,5%. El caso más llamativo es el de los Países Bajos, donde el 99,5% de los nuevos autobuses han sido de cero emisiones, muy por encima de su meta nacional del 22,5%.
Eso sí, no todo el mundo ha hecho los deberes. Cinco países podrían no haber alcanzado sus objetivos: Chequia, Hungría, Estonia, Eslovaquia y Croacia, aunque la evaluación oficial se basa en licitaciones públicas y no únicamente en datos de matriculación.
Hungría es un ejemplo curioso: su cuota de autobuses de cero emisiones se ha quedado estancada en el 10% desde 2022, a pesar de que el país está ganando peso como centro de producción de movilidad eléctrica, incluidos autobuses eléctricos.
En el lado positivo destaca Chequia, que alcanzó un 26% de nuevas matriculaciones de cero emisiones en 2025, y sobre todo Estonia, que ha protagonizado uno de los saltos más espectaculares: del 0% de autobuses eléctricos a baterías en 2023 al 84% en 2024 y el 100% en 2025.
De cara al futuro, desde Transport & Environment confían en que la segunda fase de la directiva y el próximo objetivo del 90% para 2030 sirvan para acelerar aún más el mercado y empujar a los países que todavía van rezagados. La sensación es clara: el autobús urbano ya ha superado el punto de no retorno y la electrificación total es cuestión de tiempo, no de si ocurrirá.
El ejemplo de modelos como el Mercedes eCitaro demuestra que la oferta industrial ya está preparada. Ahora, la pelota está en el tejado de las administraciones y los fabricantes para que esta transición siga avanzando al mismo ritmo. Porque si algo ha demostrado 2025 es que, cuando hay objetivos claros y regulación firme, el mercado responde.


