¿Falta electricidad para los coches eléctricos? Este dato lo cambia todo

La preocupación sobre la electricidad necesaria para alimentar una futura flota de coches eléctricos es más compleja de lo que parece; gran parte de esa energía ya se consume en producir combustibles fósiles; entender este proceso cambia por completo el enfoque del debate energético.

¿Falta electricidad para los coches eléctricos? Este dato lo cambia todo

Publicado: 09/04/2026 09:00

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La duda sobre el origen de la electricidad para alimentar millones de coches eléctricos se ha convertido en uno de los argumentos más repetidos en el debate energético. Sin embargo, cuando se analiza con detalle, surge una pregunta que nunca se hace y que es aún más importante: cuánta energía estamos usando ya para sostener el sistema actual basado en combustibles fósiles.

La idea de que los coches con motor de combustión funcionan gracias a un recurso que “sale del suelo” de forma directa es, en realidad, una simplificación extrema. Ni el combustible aparece listo para usar, ni el proceso es sencillo o eficiente. Muy al contrario, detrás de cada litro de gasolina o diésel hay una cadena industrial larga, compleja y con un consumo energético considerable.

Cuando se extrae petróleo, lo que se obtiene no es gasolina ni diésel, sino crudo, una sustancia densa que necesita pasar por múltiples procesos antes de poder utilizarse en un coche. Este petróleo debe transportarse, calentarse, separarse en diferentes fracciones y refinarse en instalaciones altamente especializadas. Todo ello requiere una cantidad significativa de energía.

Y esa energía, en gran parte, es electricidad.

La energía oculta detrás de cada litro de gasolina

pozo petroleo

Uno de los datos menos conocidos es que refinar el petróleo consume grandes cantidades de electricidad. Diferentes estimaciones sitúan el gasto energético en torno a 1,5 kWh por cada litro de gasolina producido. Puede parecer poco, pero cuando lo llevamos al uso real de un coche, el impacto se vuelve mucho más evidente.

Por ejemplo, un coche que consuma 7 litros a los 100 kilómetros implica que, solo en el proceso de refinado, se han utilizado alrededor de 10,5 kWh de energía. Con esa misma cantidad de electricidad, un coche eléctrico puede recorrer sin dificultad unos 80 kilómetros, y en muchos casos bastante más.

Esto sin contar otros factores que suelen pasar desapercibidos. Los motores de combustión necesitan productos adicionales como AdBlue, aceites y lubricantes, todos ellos con su propio proceso de producción, transporte y tratamiento. Cada uno suma consumo energético adicional que rara vez se tiene en cuenta cuando se compara con los coches eléctricos.

A esto hay que añadir el transporte global del petróleo y sus derivados. Buques, oleoductos, camiones cisterna… toda una infraestructura mundial que también consume energía de forma constante.

El cambio de enfoque: no es si hay electricidad, sino cómo se usa

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Cuando se plantea la electrificación del transporte, la pregunta habitual es si habrá suficiente electricidad para todos. Pero la realidad es que ya estamos usando enormes cantidades de energía para sostener el sistema actual. La diferencia es que esa energía está distribuida en procesos menos visibles.

El coche eléctrico no introduce una necesidad completamente nueva, sino que traslada el consumo energético a un sistema más directo y eficiente. En lugar de gastar electricidad en transformar petróleo en combustible, esa misma energía puede utilizarse directamente para mover el coche.

Además, la electricidad tiene una ventaja clave: puede generarse de múltiples formas, incluyendo fuentes renovables como la solar o la eólica. En cambio, los combustibles fósiles dependen de recursos limitados, extraídos en muchas ocasiones en lugares lejanos y sujetos a tensiones geopolíticas y económicas.

La situación actual de los precios energéticos ha puesto de manifiesto precisamente esta vulnerabilidad. Depender de combustibles importados implica una exposición constante a cambios en el mercado global. En cambio, la electricidad, especialmente cuando procede de fuentes locales, ofrece una mayor estabilidad a largo plazo.

Al final, la cuestión no es si habrá suficiente electricidad para mover coches eléctricos, sino por qué seguimos utilizando esa energía en procesos intermedios tan ineficientes. Porque, en muchos casos, ya estamos “gastando” esa electricidad… solo que de forma menos evidente.

El cambio hacia el coche eléctrico no supone empezar de cero como muchos todavía piensan, sino que supone aprovechar mejor los recursos que ya estamos utilizando. Y eso cambia por completo la perspectiva del debate.

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