
Francia dice adiós al gas y petróleo: apuesta de forma masiva por los coches eléctricos y las bombas de calor
Francia lanza un plan muy ambicioso para acelerar la electrificación del país y reducir su dependencia del gas y el petróleo en los próximos años. El Gobierno galo se ha fijado unos objetivos muy agresivos tanto en vivienda como en movilidad, con especial protagonismo para los coches eléctricos en un efecto del shock de precios de la guerra de Irán.

Francia ha presentado un plan que ha sorprendido a muchos. Un cambio de estrategia contundente y de movilidad, con un plan que apunta directamente a reducir la dependencia del gas y el petróleo y acelerar la transición hacia la electrificación.
El ministro Sébastien Lecornu ha detallado una hoja de ruta ambiciosa que, de cumplirse, supondrá un cambio profundo tanto en los hogares como en el transporte y la industria del país. Y lo hace con un mensaje claro: la energía deja de ser solo un mercado para convertirse en una cuestión de seguridad nacional.
Entre las medidas más llamativas está el fin de las nuevas calderas de gas a partir de finales de 2026, un movimiento que empuja directamente a soluciones eléctricas como las bombas de calor. A esto se suma un objetivo muy agresivo en el sector del automóvil: dos de cada tres coches nuevos serán coches eléctricos de aquí a 2030, lo que supondría una transformación acelerada del mercado automovilístico francés en apenas unos años.

El plan no se queda ahí. El Gobierno quiere declarar 100 territorios “cero gas” antes de 2030, además de instalar un millón de bombas de calor cada año, una cifra que da una idea del volumen de electrificación doméstica que se busca. También se plantea un horizonte de largo recorrido en vivienda social, con dos millones de viviendas sociales desvinculadas del gas antes de 2050, un objetivo que marca claramente la dirección de la política energética francesa para las próximas décadas.
En el apartado industrial y de movilidad profesional, el impulso también es fuerte. Se contemplan ayudas de hasta 100.000 euros para vehículos industriales eléctricos, una medida pensada para acelerar la renovación de flotas en sectores clave como logística, reparto urbano o servicios públicos. Todo ello acompañado de una inversión de peso: 10.000 millones euros al año destinados a la electrificación, una cifra que busca sostener la transformación estructural del sistema energético.

El objetivo final del Ejecutivo francés es reducir la dependencia exterior del gas, con la meta de sustituir el 20% del gas importado por energía producida en el propio país de aquí a 2030. Un movimiento que encaja en una estrategia más amplia de soberanía energética y que refuerza el papel de la electricidad como eje central del sistema.
En palabras del propio Sébastien Lecornu, el mensaje no deja mucho espacio a la interpretación: “La energía no es solo un mercado, es una cuestión de seguridad nacional”. Una frase que resume perfectamente el giro que está dando Francia, donde la transición hacia los coches eléctricos y la electrificación general deja de ser una opción para convertirse en una política de Estado con calendario y cifras muy concretas.


