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Las instalaciones solares en edificios comunitarios pueden amortizarse en apenas dos años gracias a las ayudas

Cada vez más gente se ha dado cuenta de que la energía solar no es sólo una cuestión romántica y una herramienta contra el cambio climático. Es también una forma de reducir su factura eléctrica mensual desde el primer momento. Una tecnología que también puede instalarse en edificios comunitarios donde gracias a las ayudas el plazo de amortización puede llegar a ser de solo dos años.

Como recordamos, el autoconsumo comunitario, o colectivo, es cuando varios consumidores se alimentan de una misma instalación renovable de manera acordada a través de un reparto pactado previamente. Un sistema que primero cubre la demanda eléctrica del edificio y sus residentes, autoconsumo, y que ahora también puede verter a la red los excedentes para compensar el consumo del mes.

Como es evidente, en un edificio se da la circunstancia de que hay más vecinos y viviendas por metro cuadrado que en una casa unifamiliar. Algo que hace que haya menos espacio para instalar placas. Pero eso no evita que se pueda sacar partido a la energía del sol y reducir de forma importante la factura tanto del consumo comunitario como el personal de cada vivienda.

Una de las principales dudas es como se logra poner de acuerdo a los vecinos para hacer la inversión. La buena noticia e que según La Ley de Propiedad Horizontal, es necesario el apoyo de al menos un tercio de las personas con derecho a voto, que representen un mínimo de un tercio de las cuotas. Los que no voten a favor no están obligados a asumir ningún coste, pero tampoco podrán disfrutar de las instalaciones, salvo que en un futuro se quieran sumar, asumiendo la parte correspondiente del gasto. Por lo tanto, no hay que poner de acuerdo a todos los vecinos, ni tampoco obligar a realizar la inversión.

En cuanto al coste, evidentemente este dependerá de muchos factores. Pero en 2021 el IDAE publicó un ejemplo que puede servir para estimar el coste de la instalación: un edificio de 460 metros cuadrados de cinco plantas con cinco viviendas en cada una, un aparcamiento en el subsuelo y tres locales comerciales en los bajos, donde se instalan 50,49 kWp en el tejado, por un coste total de 76.370 euros antes de ayudas. Apenas 3.054 euros por vivienda.

Según la asociación sin ánimo de lucro Ecooo, aprovechando el potencial disponible en una vivienda comunitaria media se lograría un ahorro de energía consumida de la red entre el 40% y el 60% y un ahorro anual en la factura de la luz en torno al 50%.

Esto según la asociación permite lograr una amortización de la inversión en un plazo de entre 5 a 7 años. Todo en un sistema que normalmente cuenta con una garantía de 20 o 25 años, y una expectativa de vida más allá.

Pero este plazo de amortización no tiene en cuenta ni las recientes subidas de precios de la energía, ni tampoco las ayudas públicas que  hace que en aquellas viviendas con un nivel de horas de sol media y alta se pueda lograr recuperar la inversión en apenas 2 años.

Tampoco se suele indicar los beneficios para aquellas comunidades que opten por sustituir el sistema de climatización por aerotermia, o los vecinos que tengan coche eléctrico, y que podrán en ambos casos sacar incluso mayor partido a su inversión. Y todo sin necesidad de residir en una vivienda unifamiliar.

Uno de los principales retos a los que se enfrentan estas comunidades además de poner de acuerdo a los vecinos, es lograr un contrato con la empresa distribuidora que abone los excedentes producidos. Algo que lleva a muchos a buscar fuera de las grandes eléctricas para conseguir contratos que paguen esos excedentes, e incluso con aquellas como Próxima Energía que incluso cuentan con su batería virtual que les permite acumular saldo cuando la producción supere al consumo. Por ejemplo, en verano, para usar ese saldo para compensar las facturas o parte de las mismas al llegar el otoño.

La conclusión es que la energía fotovoltaica no es un privilegio solo para la viviendas unifamiliares, sino que en los edificios comunitarios pueden sacar incluso mayor partido al aplicar una economía de escala en costes fijos, como la estructura o los inversores, que permiten un coste por vatio instalado incluso menor que una pequeña instalación.

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