Los concesionaros no recogen coches eléctricos con más de cinco años: ¿una bomba de relojería en marcha?

Los coches eléctricos de segunda mano están empezando a sufrir un problema inesperado que puede marcar su futuro en el mercado. La rápida evolución tecnológica y la llegada constante de nuevos modelos están acelerando la depreciación de algunas unidades; China es el canario en la jaula y allí los concesionarios ya no recogen como parte de venta coches con más de 5 años.

Los concesionaros no recogen coches eléctricos con más de cinco años: ¿una bomba de relojería en marcha?

Publicado: 21/09/2026 11:00

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El mercado del coche eléctrico de segunda mano se enfrenta a un problema que hasta hace poco parecía difícil de imaginar. La rápida evolución de la tecnología, la llegada constante de modelos nuevos y la caída de precios de los coches eléctricos nuevos, están provocando que algunas unidades relativamente antiguas pierdan valor mucho más rápido de lo esperado. Y China, donde el coche eléctrico ha alcanzado una enorme implantación, ya está mostrando hasta dónde puede llegar esta situación.

El problema no es que un coche eléctrico de cinco años deje de servir. De hecho, para buena parte de los conductores puede seguir siendo perfectamente válido durante muchos años. Una buena prueba es el Renault ZOE, que incluso con unos años a sus espaldas puede cubrir sin demasiados problemas las necesidades habituales de muchos usuarios tanto en su versión de 40 kWh, unos 200 km reales, como la de 52 kWh, que puede acercarse a los 300 km reales. El problema aparece cuando llega el momento de venderlo o entregarlo como parte del pago de otro coche.

Para un concesionario, calcular cuánto valdrá dentro de tres o cinco años un coche eléctrico se ha convertido en una tarea especialmente complicada. El mercado cambia con rapidez, aparecen nuevos fabricantes y los modelos nuevos ofrecen cada vez más autonomía, mejores prestaciones y más equipamiento por el mismo dinero. Esto afecta directamente a los fabricantes, las empresas de financiación y los concesionarios, que pueden encontrarse con un coche usado cuyo valor real está muy por debajo de las previsiones realizadas cuando se matriculó.

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China está viviendo este fenómeno con especial intensidad. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el país cerró 2025 con unos 44 millones de coches eléctricos circulando por sus carreteras, aproximadamente el 13% del parque. Además, las ventas de coches eléctricos de segunda mano superaron los 1,5 millones de unidades durante ese año, por lo que el mercado comienza a enfrentarse por primera vez a una cantidad importante de vehículos de generaciones anteriores.

El problema está en que esos coches tienen que competir contra modelos nuevos que evolucionan a una velocidad considerable. Un vehículo que hace apenas tres o cuatro años podía presumir de una autonomía destacada puede quedar rápidamente superado por otro más barato, con una batería de mayor capacidad y sistemas de asistencia más avanzados. En un mercado tan competitivo como el chino, esa diferencia termina trasladándose directamente al precio de segunda mano.

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Los datos de la AIE permiten poner cifras a esta situación. En China, un coche eléctrico de tres años conservaba en 2024 alrededor del 46% de su valor original, frente a aproximadamente el 55% del conjunto del mercado de vehículos de segunda mano. A finales de 2025, el valor medio retenido por los eléctricos, incluyendo coches eléctricos y híbridos enchufables, había caído hasta el 42%.

La razón no está únicamente en el desgaste de la batería. La AIE apunta también a la rápida evolución de la tecnología, que hace que los modelos nuevos resulten más atractivos frente a los anteriores. A esto se suman las dudas de los compradores sobre el estado de la batería y el coste que podría tener una reparación importante una vez que el coche acumula varios años.

La consecuencia es especialmente llamativa: la AIE estima que alrededor del 80% de los concesionarios de coches usados en China ya rechazan los coches eléctricos de más de cinco años. No significa que esos vehículos hayan dejado de funcionar ni que sus baterías estén necesariamente deterioradas. Es, sobre todo, un problema económico: el profesional tiene dificultades para determinar cuánto podrá vender posteriormente el coche y qué riesgo está asumiendo al incorporarlo a su stock.

Los concesionaros no recogen coches eléctricos con más de cinco años: ¿una bomba de relojería en marcha?

Aquí aparece uno de los grandes puntos débiles del mercado de segunda mano. En un coche convencional también existen averías caras, pero la evolución tecnológica no suele hacer que un modelo de hace cinco años parezca tan diferente de uno nuevo. En los coches eléctricos, en cambio, la autonomía, la potencia de carga, la eficiencia y el equipamiento electrónico han avanzado con mucha rapidez.

Esto genera una situación curiosa. Un coche eléctrico de cinco años puede seguir siendo perfectamente válido para desplazamientos diarios, pero puede resultar poco atractivo económicamente para un compraventa. Si además el modelo nuevo equivalente ha bajado de precio, la diferencia puede ser todavía mayor.

Y la situación no se limita a China. La propia AIE señala que la depreciación de los coches eléctricos también es un asunto relevante en otros grandes mercados. En Europa, el comportamiento es diferente y no existe una situación comparable a ese rechazo generalizado de los vehículos de más de cinco años, pero la pérdida de valor de determinados modelos ya empieza a ser un factor importante para compradores, concesionarios y empresas de financiación.

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En España esta cuestión puede resultar especialmente relevante a medida que aumente el número de coches eléctricos que lleguen al mercado de ocasión. Durante 2025, las ventas de coches eléctricos usados superaron los 3 millones de unidades si se suman China, cinco grandes mercados europeos —Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido— y Estados Unidos. La AIE destaca que este mercado creció alrededor de un 35% respecto al año anterior.

El otro gran problema es la información disponible sobre la batería. Para un comprador de segunda mano, saber que un coche tiene cinco años y 100.000 kilómetros no cuenta toda la historia. Dos unidades idénticas pueden presentar estados de batería diferentes dependiendo de su uso, climatología, ciclos de carga y otros factores. Y aunque existen métodos para conocer el estado de la batería, en algunos mercados los sistemas de gestión y los datos disponibles para los operadores independientes dificultan disponer de una valoración sencilla, homogénea y con garantías.

Por eso, el mercado necesita evolucionar hacia una valoración mucho más transparente del estado de las baterías. Un certificado independiente que permita conocer su capacidad disponible, degradación y estado general podría reducir una parte importante de la incertidumbre que actualmente asusta a los profesionales.

En Europa ya se empiezan a observar situaciones que apuntan en esa dirección. El mercado alemán, por ejemplo, ha registrado una fuerte depreciación de algunos coches eléctricos de marcas chinas, mientras que los concesionarios señalan también la incertidumbre relacionada con la supervivencia de determinadas marcas, el suministro de piezas y la red de asistencia.

El resultado es que comprar un coche eléctrico nuevo ya no consiste únicamente en analizar cuánto cuesta hoy. También empieza a ser importante preguntarse cuánto podrá valer dentro de cinco años. Y esa es una cuestión que ni siquiera los profesionales tienen fácil responder en un mercado que cambia a tanta velocidad.

La paradoja es que esta rápida evolución tecnológica es una de las grandes ventajas del coche eléctrico, pero al mismo tiempo puede convertirse en uno de sus problemas cuando llega al mercado de segunda mano. Los coches son cada vez mejores, las baterías ofrecen más capacidad y las cargas son más rápidas, pero todo ello puede hacer que las generaciones anteriores envejezcan comercialmente mucho antes de hacerlo mecánicamente.

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