Europa cruza el punto clave: la solar y la eólica ya superan a los combustibles fósiles

Europa acaba de cruzar una línea muy importante en su transición energética; la energía solar y eólica ya superan a los combustibles fósiles en generación eléctrica; el cambio no solo transforma el sistema energético, también acelera la electrificación del transporte y la independencia energética del continente, y que lo hace en un momento crítico por la inestabilidad en Oriente Medio.

Europa cruza el punto clave: la solar y la eólica ya superan a los combustibles fósiles

Publicado: 09/03/2026 09:30

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Europa acaba de cruzar una línea simbólica que hace apenas unos años parecía imposible. La generación eléctrica procedente de energía solar y eólica ya supera a la de los combustibles fósiles en la Unión Europea, un cambio que marca el inicio de una nueva etapa energética. Y lo más interesante es que no se trata de un pico puntual, sino de una tendencia clara que lleva más de una década consolidándose.

Si echamos la vista atrás al año 2.000, el panorama era completamente distinto. Los combustibles fósiles dominaban el sistema eléctrico europeo con más del 50% de la producción, mientras que la solar y la eólica apenas aparecían en las estadísticas. En aquel momento, el carbón y el gas eran la base del sistema, con la nuclear y la hidráulica actuando como complementos relativamente estables.

Sin embargo, a partir de la década de 2.010 comenzó un cambio profundo. La caída del coste de la energía solar y eólica, junto con políticas climáticas más ambiciosas, provocó una rápida expansión de estas tecnologías. La curva verde del gráfico no ha dejado de subir desde entonces, pasando de una presencia testimonial a convertirse en una de las columnas principales del sistema eléctrico europeo.

Europa cruza el punto clave: la solar y la eólica ya superan a los combustibles fósiles

El resultado es que hoy la suma de la energía solar y eólica ronda ya el 30% de la electricidad generada en Europa, superando por primera vez a los combustibles fósiles, que han caído hasta cifras similares tras años de descenso continuado. Este cambio no ha sido repentino, pero sí constante. La tendencia muestra una caída clara del carbón y una reducción progresiva del gas en la generación eléctrica.

Mientras tanto, otras tecnologías se han mantenido más estables. La energía nuclear ha ido perdiendo peso lentamente, pasando de algo más del 30% a cifras cercanas al 23%. La hidráulica, por su parte, se ha mantenido relativamente constante en torno al 10%–13%, con ligeras variaciones dependiendo de las condiciones meteorológicas de cada año. La bioenergía ha crecido algo, pero sigue representando una parte pequeña del mix.

Lo realmente importante no es solo el adelantamiento de la eólica y la solar, sino lo que implica para el futuro. Europa ya ha superado el punto medio del cambio energético. Cuando una tecnología entra en una fase de crecimiento acelerado y alcanza una masa crítica, suele multiplicar su expansión en poco tiempo. Algo parecido a lo que estamos viendo en el sector del automóvil.

eolica

De hecho, el paralelismo con la movilidad es evidente. Los coches eléctricos ya están empezando a superar en ventas a los modelos de gasolina y diésel en algunos mercados europeos, y la tendencia apunta a que este cambio también se acelerará en los próximos años. La electrificación del transporte y la expansión de las renovables se retroalimentan: más coches eléctricos implican más demanda eléctrica, pero también un sistema energético más limpio y eficiente.

Además, la expansión de las renovables trae consigo otro efecto importante: la independencia energética. Durante décadas, Europa ha dependido de la importación de petróleo, gas y carbón. Cada nueva instalación solar o eólica reduce esa dependencia, al generar energía dentro del propio continente y con recursos prácticamente ilimitados.

La combinación de estas tendencias abre la puerta a algo que hace no tanto parecía ciencia ficción: un sistema energético con abundancia de electricidad limpia y sin dependencia de combustibles fósiles. La clave estará en seguir ampliando la capacidad renovable, reforzar las redes eléctricas y desarrollar sistemas de almacenamiento que permitan aprovechar al máximo la producción cuando el sol y el viento estén disponibles.

Europa todavía tiene camino por recorrer, pero los datos muestran que el cambio ya está en marcha. Y cuando una transición energética alcanza este punto de inflexión, lo habitual es que el proceso no se ralentice, sino que se acelere. Sobre todo a la vista de la peligrosa dependencia energética de Europa en un mundo cada vez más inestable.

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