
El nuevo problema de los coches eléctricos no está en las baterías: los talleres no pueden repararlos
Los coches eléctricos están empezando a plantear un nuevo reto para los talleres independientes; la tecnología de estos vehículos requiere conocimientos y herramientas específicas que todavía no están disponibles en todos los establecimientos; además, el acceso a la información técnica de algunos fabricantes se está convirtiendo en otro obstáculo para los reparadores.

Cada vez más talleres independientes están empezando a rechazar trabajos en coches eléctricos e híbridos. Puede parecer una situación extraña en un momento en el que este tipo de vehículos no deja de ganar presencia en las carreteras, pero detrás hay un problema que va mucho más allá de disponer de un elevador y unas herramientas.
Según los últimos datos publicados en Reino Unido por LKQ Euro Car Parts, casi 9 de cada 10 talleres independientes han tenido que rechazar o derivar trabajos relacionados con coches eléctricos e híbridos enchufables durante los últimos seis meses. El motivo no es necesariamente que no quieran trabajar con ellos, sino que en muchos casos no tienen acceso a los datos, equipos de diagnóstico o información técnica necesarios para hacerlo.
Los coches eléctricos actuales son máquinas mucho más sofisticadas desde el punto de vista electrónico. Además de los sistemas tradicionales de un automóvil, incorporan baterías de alta tensión, motores eléctricos, inversores, sistemas de gestión de batería, numerosos módulos electrónicos y una cantidad cada vez mayor de software. Y para intervenir en determinados componentes de alta tensión hacen falta formación y procedimientos específicos.

Por eso, no se puede dar por hecho que cualquier taller que lleve décadas reparando coches de gasolina y diésel pueda trabajar automáticamente sobre un coche eléctrico. Un buen mecánico puede tener una enorme experiencia y, al mismo tiempo, no disponer de la formación o del equipamiento necesario para intervenir de forma segura en determinados sistemas de un coche eléctrico.
El problema se complica todavía más cuando aparece una avería electrónica. En algunos modelos, especialmente entre las marcas más nuevas, los talleres independientes tienen dificultades para acceder a los datos y sistemas de diagnóstico que necesitan para identificar el origen del fallo. De esta forma, un coche que antes podía pasar directamente por el taller de confianza del propietario puede terminar siendo derivado al servicio oficial.
Y aquí también hay una parte de responsabilidad que corresponde a los propios conductores. Que un taller rechace un coche eléctrico no significa que el vehículo no pueda repararse. Significa que ese establecimiento concreto no dispone de los medios, la información o la cualificación necesarios para hacerlo. En ese caso, la alternativa pasa por acudir al fabricante o buscar un taller independiente especializado en coches eléctricos e híbridos.
En Reino Unido existen, por ejemplo, cualificaciones específicas del Institute of the Motor Industry (IMI) para trabajar con sistemas de alta tensión. Su formación de nivel 4 está orientada al diagnóstico, comprobación y reparación de sistemas y componentes eléctricos de alta tensión, incluyendo trabajos sobre sistemas que pueden encontrarse energizados.

La cuestión es que todo este proceso de adaptación necesita tiempo y dinero. Un taller independiente tiene que formar a sus trabajadores, adquirir herramientas específicas, equipos de protección y sistemas de diagnóstico y, además, asumir el tiempo que sus empleados pasan fuera del puesto de trabajo mientras reciben esa formación. Un informe de Autotech Training señala precisamente el coste que supone para estos negocios liberar a un técnico para formarse.
Esto explica en parte la situación actual. Los talleres saben que los coches eléctricos van a representar una parte cada vez mayor de su actividad, pero muchos todavía están atravesando el periodo en el que deben decidir cuánto invertir y cuándo hacerlo. A medida que aumente el número de coches eléctricos e híbridos que lleguen a sus instalaciones, también crecerá el incentivo económico para contar con personal formado y equipamiento específico.
De hecho, el propio sector ya está trabajando para cubrir esa necesidad. La Independent Garage Association cuenta con programas específicos para formar a los profesionales en diagnóstico y reparación de sistemas de alta tensión, mientras que organizaciones como HEVRA agrupan a talleres especializados que ya cuentan con formación, herramientas y soporte técnico para trabajar con coches eléctricos e híbridos.
Pero existe otro problema que puede resultar incluso más complicado de solucionar: el acceso a la información técnica. Los datos de LKQ apuntan a que más de uno de cada cuatro talleres independientes considera que las dificultades para acceder a los sistemas de diagnóstico de las marcas más nuevas están frenando nuevas inversiones en sus instalaciones.

Y esto afecta directamente al propietario. Si un taller independiente no puede acceder a la información necesaria para diagnosticar una avería, la alternativa habitual será enviar el coche al fabricante o a un taller que sí disponga de esas herramientas. El resultado puede ser una reparación más cara y, sobre todo, una menor libertad para elegir dónde mantener o reparar el vehículo.
LKQ calcula que esta situación podría obligar a los conductores británicos de coches eléctricos e híbridos enchufables a asumir cientos de millones de libras adicionales en costes de mantenimiento al recurrir a talleres oficiales. La compañía sitúa inicialmente el impacto en más de 260 millones de libras y advierte de que podría alcanzar los 550 millones si se mantiene la diferencia de precios entre talleres independientes y servicios oficiales.
Eso no significa que los talleres independientes estén ignorando la llegada del coche eléctrico. Al contrario. Desde el propio sector aseguran que ya se está invirtiendo en formación, herramientas y equipamiento, pero que esa inversión solamente resulta viable si los profesionales pueden acceder también a los datos y la información técnica que necesitan para trabajar.
Algo que nos indica que, muy posiblemente, sea necesario la acción de los gobiernos o de la UE para regular este aspecto y que el mantenimiento y reparación de los coches eléctricos no sea algo exclusivo de los concesionarios, reduciendo la competencia y seguramente elevando precios para los consumidores.


