
Convierte su Citroën Méhari en un coche eléctrico solar y logra cargar hasta el 70% de la batería cada día con el sol
Son muchos los que han intentado el sueño del coche eléctrico dotado de paneles solares. Pero de momento esto sigue siendo eso, un sueño. Pero un francés se ha lanzado a realizar un proyecto tan sencillo como efectivo. Transformar su Citroen eléctrico en un coche solar.

En las calles de la localidad francesa de Rennes hay un coche que no pasa desapercibido. No es por su velocidad ni por su diseño rompedor, sino por lo que lleva encima: paneles solares desplegados sobre la carrocería. Su dueño, Nicolas Prié, ha transformado su Citroën Méhari en un experimento rodante que busca algo muy concreto: reducir al máximo su dependencia del enchufe.
Desde hace unos meses, este vecino de Rennes utiliza a diario su Méhari eléctrico equipada con placas fotovoltaicas. La idea es sencilla sobre el papel, pero mucho más compleja en la práctica: aprovechar la energía del sol para recargar parcialmente la batería del coche. Y, según su experiencia, funciona mejor de lo que muchos podrían pensar. En condiciones favorables, especialmente en verano, asegura que puede recuperar entre un 50% y un 70% de la batería en un solo día soleado.
Lo explica de forma bastante directa: para él, los paneles solares hacen el trabajo de un cargador convencional. Eso sí, con una condición evidente: que el tiempo acompañe. En días nublados o durante el invierno, la aportación energética se reduce, pero aun así sigue siendo un complemento interesante para rebajar el consumo eléctrico.
Su Citroën Méhari, además, no es un coche cualquiera. Ligero, sencillo y con un peso aproximado de unos 500 kilos, se convierte en una base ideal para este tipo de experimentos. Una vez desplegados los paneles laterales, la superficie total alcanza los 10 metros cuadrados, lo que multiplica la capacidad de captación solar respecto a un coche convencional.
Un proyecto personal que nace de la curiosidad

La idea no surgió de la nada. Nicolas Prié reconoce que todo empezó tras ver un reportaje sobre un proyecto desarrollado por una escuela de ingeniería en Países Bajos. Allí habían conseguido equipar un vehículo de 1.500 kilos con unos 5 metros cuadrados de paneles solares, logrando generar autonomía suficiente para recorrer unos 40 kilómetros al día.
Ese dato fue el detonante. Si un coche más pesado podía conseguir esas cifras, ¿qué pasaría con uno mucho más ligero? Con esa lógica, Prié hizo sus propios cálculos y llegó a una conclusión optimista: su Méhari podría alcanzar hasta 120 kilómetros de autonomía diaria en condiciones ideales gracias al sol.
A partir de ahí comenzó un proceso que dista mucho de ser sencillo. Para llevar la idea a la práctica, recurrió a un estudio técnico y colaboró con varias escuelas de ingeniería. El desarrollo del sistema, la integración de los paneles y la adaptación del coche requirieron varios meses de trabajo y una inversión considerable.
Solo en equipamiento, el coste ascendió a unos 5.000 euros, a lo que hay que sumar varios miles más en colaboración técnica y desarrollo. No es precisamente una solución barata, pero sí un primer paso hacia algo que podría evolucionar con el tiempo y que sirve como ejemplo de que puede hacerse.
Prié lo tiene claro: este tipo de soluciones tienen futuro. Aunque reconoce que los coches eléctricos son un avance, también plantea dudas sobre el origen de la electricidad que los alimenta. En su opinión, depender de centrales nucleares o de carbón no resuelve completamente el problema energético, y por eso apuesta por alternativas más sostenibles como la solar.
Con el prototipo ya en funcionamiento, el siguiente paso podría ir más allá del uso personal. Su creador está valorando la posibilidad de comercializar el sistema, siempre que haya interés suficiente. Entre las ideas que se están estudiando destacan un kit que se pueda instalar en otros coches, o incluso una solución en forma de remolque solar.
No es una revolución inmediata, pero sí un ejemplo claro de cómo la innovación también puede surgir fuera de los grandes fabricantes. Y, sobre todo, de cómo el ingenio individual puede abrir nuevas vías en la movilidad eléctrica.


