
Renault apuesta por tecnología española para abaratar sus coches eléctricos
Renault se asocia con la española Basquevolt para desarrollar baterías de litio metálico que nacen con el objetivo de reducir costes y mejorar la densidad energética en sus próximos coches eléctricos.

El precio de venta sigue siendo uno de los principales retos del coche eléctrico. Y en eso Renault lo tiene claro: hay que atacar el problema desde dentro. Desde la fábrica. Desde la tecnología. Por eso su filial Ampere acaba de anunciar un acuerdo con la española Basquevolt para desarrollar una nueva generación de baterías basadas en litio metálico, una solución que promete más densidad energética y menos costes.
El nuevo director general del grupo, François Provost, se ha marcado como prioridad seguir reduciendo los costes de producción para poder ajustar las tarifas de venta. Y todos sabemos dónde está el elefante en la habitación: la batería. Sigue siendo el componente más caro del coche eléctrico y el que más condiciona su precio final.
Después de apostar por las baterías LFP —más baratas, aunque con menor densidad energética— Renault quiere ir un paso más allá. Ahora pone el foco en el litio metálico, una tecnología que muchos consideran el siguiente gran salto evolutivo.
Más densidad, menos coste: la promesa del litio metálico

El acuerdo entre Ampere y Basquevolt busca acelerar el desarrollo y la validación de baterías con esta química. La empresa española aspira a convertirse en uno de los referentes europeos en baterías de estado sólido, y su propuesta combina un electrolito polimérico con un ánodo avanzado de litio metálico.
¿Y qué significa esto en la práctica? Según Ampere, esta tecnología permitiría diseñar pack de baterías más compactos y ligeros, con mayor estabilidad térmica y capacidad de carga rápida. Tres factores clave para la próxima generación de coches eléctricos.
La densidad energética es la palabra mágica. A mayor densidad, más autonomía con el mismo tamaño… o el mismo alcance con una batería más pequeña y barata. Y ahí está la clave del movimiento: no se trata solo de ofrecer más kilómetros, sino de reducir el coste por vehículo.

Además, el uso de un electrolito polimérico permitiría simplificar el proceso de fabricación. Según los datos facilitados, esta tecnología podría suponer alrededor de un 30% menos de inversión por GWh en comparación con una gigafactoría convencional, y hasta un 30% menos de consumo energético por kWh producido. En otras palabras: fábricas más baratas y producción más eficiente.
Eso, llevado a escala industrial, puede marcar la diferencia en miles de millones de euros y, esperamos, en el precio final que paga el cliente.
Por ahora, Renault no ha dado fechas concretas para ver estas baterías en la calle. Se limita a señalar que estarán destinadas a los coches eléctricos de nueva generación. Tampoco se ha detallado qué modelos serán los primeros en beneficiarse, aunque todo apunta a que los próximos lanzamientos de Ampere serán el banco de pruebas natural.
En un momento en el que la competencia aprieta desde China y en el que cada euro cuenta, este tipo de alianzas muestran que la batalla no solo se libra en el diseño o en la autonomía anunciada, sino en el corazón mismo del coche. Si el litio metálico cumple lo que promete, podríamos estar ante uno de esos avances que cambian las reglas del juego.
La pregunta ahora no es si la tecnología llegará, sino cuándo y a qué precio. Y ahí es donde Renault se juega buena parte de su futuro eléctrico.


