Barcelona prueba un asfalto con huesos de aceituna capaz de almacenar CO2 bajo las carreteras

Barcelona está probando un innovador asfalto fabricado con huesos de aceituna transformados en carbón vegetal; la tecnología busca reducir el impacto ambiental de las carreteras; si las pruebas tienen éxito, las calles podrían convertirse en un nuevo sistema para almacenar carbono durante décadas.

Barcelona prueba un asfalto con huesos de aceituna capaz de almacenar CO2 bajo las carreteras

Publicado: 06/07/2026 08:21

6 min. lectura

Aunque el coche eléctrico es una poderosa herramienta contra el cambio climático, no es la única ni mucho menos. El asfalto es una importante fuente de generación de residuos y emisiones con todo el potencial por delante para ser mejorado. Esa es la idea que está poniendo a prueba Barcelona con un nuevo tipo de asfalto que incorpora carbón vegetal obtenido a partir de huesos de aceituna y biomasa de pino. El objetivo va mucho más allá de fabricar un firme más sostenible: también pretende capturar y almacenar carbono durante décadas bajo el pavimento.

La iniciativa busca reducir el impacto ambiental de la construcción de carreteras y calles aprovechando un residuo agrícola muy abundante en el Mediterráneo. Si los resultados confirman las expectativas, la ciudad podría transformar parte de su red viaria en un enorme almacén de carbono prácticamente invisible.

No hay que olvidar que el asfalto es uno de esos materiales que pasan desapercibidos para la mayoría de la gente, pero cuya fabricación consume enormes cantidades de materias primas y genera una importante huella de carbono. Cada carretera, calle o carril bici requiere miles de toneladas de áridos y betún, por lo que cualquier mejora en su composición puede tener un impacto muy relevante.

Un residuo agrícola convertido en un material para fabricar carreteras más sostenibles

Barcelona prueba un asfalto con huesos de aceituna capaz de almacenar CO2 bajo las carreteras

Este proyecto forma parte del programa municipal "La calle del siglo XXI", impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona junto a la fundación BIT Habitat y la empresa pública BIMSA. La intención es desarrollar nuevos materiales para la construcción urbana que reduzcan el impacto ambiental sin comprometer la durabilidad de las infraestructuras.

Entre las distintas propuestas destaca especialmente el uso de biochar, un carbón vegetal obtenido mediante el tratamiento térmico de huesos de aceituna y biomasa procedente del pino.

En un asfalto convencional, el firme se fabrica mezclando un ligante bituminoso con áridos minerales como arena o grava. La propuesta consiste en sustituir parte de esos áridos por este carbón vegetal, aprovechando un residuo agrícola que hasta ahora tenía un valor muy limitado.

El funcionamiento es relativamente sencillo. Durante su crecimiento, los olivos absorben CO2 de la atmósfera y lo almacenan en su madera, hojas, frutos y también en los huesos de las aceitunas. En lugar de dejar que estos restos se descompongan o sean quemados, liberando nuevamente ese carbono, se someten a un proceso de calentamiento sin presencia de oxígeno conocido como pirólisis.

Barcelona prueba un asfalto con huesos de aceituna capaz de almacenar CO2 bajo las carreteras

El resultado es un carbón vegetal extremadamente estable que apenas se degrada con el paso del tiempo. Al incorporarlo al asfalto, el carbono capturado por el árbol queda atrapado bajo la carretera durante décadas, convirtiendo un simple residuo agrícola en un sistema de almacenamiento de carbono a largo plazo.

Según las estimaciones de los responsables del proyecto, esta tecnología podría reducir hasta un 76% las emisiones de CO2 asociadas a la fabricación de las capas de asfalto respecto a los métodos tradicionales.

Los primeros ensayos también están ofreciendo resultados muy prometedores desde el punto de vista técnico. Las pruebas realizadas por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), junto con las empresas participantes, indican que el asfalto enriquecido con biochar no solo iguala las prestaciones de un firme convencional, sino que incluso puede mejorarlas.

Los investigadores destacan una mayor resistencia frente a la humedad, un mejor comportamiento ante la aparición de grietas y una elevada estabilidad cuando se enfrenta a temperaturas extremas, algo especialmente interesante en un contexto donde las olas de calor son cada vez más frecuentes.

Eso sí, por el momento se trata de resultados obtenidos en laboratorio. La verdadera prueba llegará cuando este material tenga que soportar durante años el paso continuo del tráfico y la exposición a las condiciones meteorológicas reales.

Barcelona será el banco de pruebas de esta tecnología durante los próximos meses. El proyecto acaba de recibir nueva financiación para continuar con su desarrollo y fabricar los primeros prototipos que saldrán del laboratorio.

Antes de su implantación definitiva todavía será necesario ajustar la composición de las mezclas, optimizar la proporción entre biochar y áridos y comprobar que el nuevo material puede aplicarse utilizando los mismos procedimientos que emplean actualmente las empresas encargadas de pavimentar las carreteras.

Las primeras pruebas en condiciones reales comenzarán a partir del mes de septiembre en varios tramos de calles de Barcelona. A lo largo de 2027, los investigadores realizarán un seguimiento continuo para comprobar cómo envejece el pavimento, su resistencia al tráfico y su comportamiento frente a la lluvia, el calor y el paso del tiempo.

Las conclusiones definitivas no llegarán hasta 2028. Si los resultados son positivos, Barcelona podría convertirse en la primera ciudad en demostrar que un residuo tan cotidiano como los huesos de aceituna puede transformarse en un material capaz de hacer las carreteras más sostenibles y contribuir al almacenamiento de carbono durante décadas.

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