
Los coches diésel ya no son el coche del pueblo: ahora es cosa de rentas altas
Los últimos datos muestran que el coche eléctrico sigue ligado a rentas altas, pero la diferencia se reduce. Los diésel, en cambio, se concentran cada vez más en hogares con mayores ingresos por factores como su incremento de precios.

Durante años, el relato parecía claro: quien más gana, más fácil lo tiene para pasarse al coche eléctrico. Y en parte sigue siendo así. Pero los últimos datos empiezan a dibujar un escenario algo distinto, en el que el diésel, lejos de ser la opción “popular”, se está convirtiendo poco a poco en un capricho reservado a bolsillos más holgados.
Según el último informe de la Deutsche Automobil Treuhand (DAT) una entidad alemana fundada en 1931 que actúa como referencia independiente para el sector del automóvil, los propietarios de un coche eléctrico puro en Alemania viven en hogares con unos ingresos medios de 4.218 euros netos al mes. Es una cifra un 23% superior a la media de todos los propietarios de coche. Es decir, el coche eléctrico sigue estando más presente entre quienes tienen mayor capacidad económica.
Por detrás se sitúan los diésel, con 3.637 euros mensuales de media en el hogar, mientras que los gasolina bajan hasta 3.199 euros. Para ponerlo en contexto: la mitad de los hogares alemanes ingresa menos de 3.200 euros al mes, incluyendo muchos que ni siquiera tienen coche.
La conclusión es clara: el salario sigue influyendo de forma directa en la elección de la motorización. Pero lo interesante no es tanto la foto fija, sino cómo está cambiando el paisaje.
El coche eléctrico ya no es solo cosa de rentas altas

Por primera vez, los analistas han contado con una muestra suficiente de propietarios de coches eléctricos puros como para calcular un dato sólido. Hasta ahora, solo podían agruparlos junto a los híbridos enchufables. Y, de hecho, cuando se suman ambos, la media sube hasta 4.341 euros mensuales.
La lógica detrás de estos números es sencilla. Quien más gana suele tener vivienda en propiedad, o al menos plaza de aparcamiento privada. Y eso marca la diferencia. Poder instalar un punto de recarga en casa, cargar por la noche y aprovechar tarifas más baratas cambia por completo la experiencia de uso y el coste total.
No es casualidad que, según el llamado “E-Barómetro” de la aseguradora HUK, el 75% de los propietarios privados de coches eléctricos vivan en una casa unifamiliar. En las 15 mayores ciudades del país, donde predominan los bloques de viviendas y el aparcamiento en la calle, la adopción es menor. Y eso a pesar de que, en teoría, los habitantes de las grandes urbes se muestran más abiertos a la movilidad eléctrica.
La ecuación es evidente: sin infraestructura accesible para quienes aparcan en la calle, el salto al coche eléctrico sigue siendo más complicado. Si esto cambia, el crecimiento podría acelerarse de forma notable.

Ahora bien, donde el informe da un giro interesante es en el mercado de coches nuevos. Cuando se analiza exclusivamente a los compradores de coches a estrenar, los mayores ingresos ya no están en el coche eléctrico, sino en los diésel. Los hogares que compraron un diésel nuevo en 2025 declararon unos ingresos medios de 5.454 euros mensuales, el valor más alto de todos. En comparación, los que optaron por un coche eléctrico puro se quedaron en 4.856 euros.
Es un cambio llamativo. Parte de la explicación está en la oferta. En los segmentos de gama alta y media-alta, casi uno de cada dos coches nuevos matriculados es ya eléctrico, y también en los SUV la presencia es muy fuerte. En cambio, el diésel ha desaparecido prácticamente de los utilitarios y modelos pequeños. Quien quiere un diésel nuevo, hoy en día, suele mirar a modelos grandes y caros.
Mientras tanto, la gama de coches eléctricos pequeños y relativamente asequibles empieza ahora a ampliarse. Y eso podría equilibrar todavía más la balanza en los próximos años.
En el mercado de segunda mano, la muestra de coches eléctricos aún es demasiado reducida para sacar conclusiones firmes. Pero incluyendo híbridos enchufables, los ingresos de quienes compraron un eléctrico usado apenas difieren de la media general. En cambio, quienes adquirieron un coche de combustión de segunda mano ganaban varios cientos de euros más que quienes ya tenían uno y no cambiaron de coche.
Precios disparados y compras forzadas

Más allá del tipo de motor, hay un dato que pesa como una losa: el precio. En los últimos 15 años, el precio medio de un coche nuevo, independientemente de su tecnología, ha subido un 71%, hasta situarse en 44.560 euros. El coche de segunda mano ha subido todavía más: un 108%, hasta los 18.310 euros de media.
Para quien recuerde precios de cuatro cifras no hace tanto, el golpe puede ser considerable. Y eso explica otro fenómeno que recoge el informe: los alemanes están estirando la vida útil de sus coches todo lo posible.
De hecho, el 80% de los compradores de segunda mano y casi el 70% de los de coche nuevo reconocen que cambiaron de vehículo porque no podían retrasarlo más. Es decir, no compraron por capricho, sino por necesidad. Además, las subidas en talleres y mantenimiento se están aceptando, en muchos casos, a regañadientes.
El propio informe advierte de que podría alcanzarse un punto de inflexión en el que la aceptación de los precios dé paso al rechazo. Y eso es significativo viniendo de un servicio vinculado al propio sector.
Al final, la movilidad se está convirtiendo en una cuestión social de primer orden. El coche eléctrico avanza, sí, y en muchos casos ya ofrece costes totales competitivos. Pero la barrera de entrada sigue siendo elevada para buena parte de la población.
Y mientras tanto, el diésel, que durante años fue sinónimo de ahorro y racionalidad, empieza a transformarse en algo muy distinto: una opción cada vez más ligada a coches grandes, caros y a hogares con ingresos altos.



