
Reactor nuclear europeo de 300 MWe refrigerado por plomo con una producción de alta temperatura
La creciente demanda eléctrica por el ascenso del coche eléctricos y la inteligencia artificial impulsa nuevos proyectos para diversificar las fuentes de producción de energía tanto con las renovables, como también con nucleares. Esa es la idea del consorcio EAGLES que avanzan con el reactor modular EAGLES-300.

La demanda eléctrica no deja de crecer. La expansión de la movilidad eléctrica, el aumento de los centros de datos y el auge de la inteligencia artificial están disparando el consumo energético en Europa y en el resto del mundo. En este contexto, muchos países vuelven a mirar a la energía nuclear como una alternativa libre emisiones directas para garantizar el suministro a medio y largo plazo.
En este escenario, el consorcio EAGLES y la francesa Newcleo han firmado un acuerdo para desarrollar el demostrador tecnológico LEANDREA, un paso decisivo para impulsar el EAGLES-300, un reactor modular pequeño refrigerado por plomo que aspira a convertirse en una de las apuestas nucleares más ambiciosas del continente.
El proyecto, presentado durante el evento “Taking the Lead”, tiene como objetivo acelerar tanto el desarrollo como la futura comercialización de este reactor de 300 MWe, diseñado íntegramente dentro del ecosistema científico e industrial europeo. Sus impulsores lo enmarcan dentro de la estrategia para reforzar la soberanía energética, optimizar recursos y reducir los residuos nucleares de alta actividad.
En el consorcio EAGLES participan Ansaldo Nucleare, ENEA, RATEN y el centro belga SCK CEN, que ahora colaboran con newcleo. El plan contempla diseñar, construir y operar la instalación LEANDREA en Mol (Bélgica), con el horizonte puesto en 2034 para su finalización.
Un reactor de 300 MWe con refrigeración por plomo

El EAGLES-300 destaca por utilizar plomo líquido como sistema de refrigeración. Frente a los reactores tradicionales refrigerados por agua, este diseño permite operar a temperaturas más elevadas y a presiones más bajas, lo que, sobre el papel, mejora la eficiencia y simplifica algunos aspectos de seguridad.
Está pensado para generar 300 MWe de electricidad y alcanzar una temperatura de salida de 520°C, suficiente no solo para producir energía eléctrica, sino también para suministrar calor a procesos industriales. Entre las aplicaciones previstas se encuentran la producción de hidrógeno y otros usos industriales de alta temperatura.
Uno de los puntos clave es la seguridad. El diseño incorpora sistemas pasivos capaces de mantener el reactor estable durante más de 72 horas sin intervención humana ni suministro eléctrico externo. En caso de incidencia, el propio sistema podría gestionar el calor residual sin necesidad de actuación inmediata por parte de los operadores.
Además, al tratarse de un reactor rápido, permitiría un mejor aprovechamiento del combustible y su compatibilidad con un ciclo cerrado, lo que contribuiría a reducir la cantidad de residuos finales.
Hoja de ruta hasta 2039

La instalación LEANDREA funcionará como demostrador tecnológico y como banco de pruebas para combustibles y materiales. Su misión es generar los datos necesarios para avanzar hacia la fase comercial.
Tras su puesta en marcha prevista para 2034 en Bélgica, el siguiente paso será el demostrador ALFRED en Rumanía, que evaluará el comportamiento operativo en condiciones más próximas a la explotación real. Si se cumplen los plazos, el despliegue comercial del EAGLES-300 arrancaría en 2039.
El proyecto también actúa como piloto dentro de la iniciativa de armonización nuclear de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Reguladores de Bélgica, Italia y Rumanía trabajan de forma coordinada desde la fase de diseño para alinear requisitos de seguridad y facilitar una futura implantación más ágil.
Europa quiere evitar duplicidades técnicas y regulatorias, ganar velocidad frente a la competencia internacional y posicionarse en la nueva generación de reactores modulares. El reto ahora será cumplir los plazos y demostrar que esta tecnología puede aportar la estabilidad que exige un sistema eléctrico cada vez más tensionado por la electrificación y la digitalización.
Fuente | Enea



