
¿El fin a los aranceles a los coches chinos? China cambia de estrategia y permite a sus marcas negociar con Europa
China da un giro en su estrategia comercial y acepta que sus fabricantes negocien directamente con la Unión Europea el aspecto de los aranceles a sus coches eléctricos. El movimiento llega tras la exención concedida al Cupra Tavascan que ha abierto una nueva etapa en la batalla comercial por los coches eléctricos.

El pulso comercial entre Bruselas y Pekín en torno a los coches eléctricos vive un nuevo capítulo. Y esta vez con un giro relevante. El Ministerio de Comercio chino ha suavizado su postura y ha aceptado que los fabricantes chinos puedan negociar de forma individual los aranceles de entrada a Europa con Bruselas, algo que hasta ahora no veía con buenos ojos.
El cambio llega después de que el grupo Volkswagen lograse una pequeña victoria en este complejo tablero. La Comisión Europea, responsable de la política comercial de los 27, ha dado luz verde a la petición de Cupra para que el Tavascan, fabricado en China, quede exento de los aranceles adicionales impuestos en 2024. Eso sí, a cambio de cumplir con un precio mínimo acordado y con un cupo de ventas limitado.
Se trata de la primera exención concedida desde que la UE aprobó los nuevos aranceles a los coches eléctricos producidos en China, una medida que tensó de inmediato las relaciones con Pekín.

Hasta ahora, China había reabierto las negociaciones con Bruselas —el pasado mes de diciembre— y había pedido expresamente que no se entablasen conversaciones por separado con cada fabricante. Sin embargo, las propias normas europeas permiten que las marcas soliciten exenciones para modelos concretos fabricados en el gigante asiático.
En una comparecencia habitual ante los medios, el portavoz del Ministerio de Comercio, He Yadong, dejó claro el nuevo tono: “Esperamos que más empresas chinas alcancen acuerdos con la parte europea en materia de compromisos de precio”. Además, aseguró que China está dispuesta a mantener la comunicación con la UE y que ambas partes apoyan que los fabricantes aprovechen este mecanismo de compromisos de precio.
El mensaje es claro: Pekín ya no se opone frontalmente a que cada fabricante defienda sus intereses por su cuenta, siempre que el resultado encaje dentro del marco general de negociación.
El Cupra Tavascan, el primero en lograr un respiro

El protagonista de este movimiento es el Cupra Tavascan, el todocamino eléctrico que la marca española del grupo Volkswagen produce en China para su venta en Europa. Hasta ahora, este modelo estaba sujeto a un arancel adicional del 20,7%, que se sumaba al 10% ya existente para los vehículos importados. Es decir, una carga total del 30,7%, un lastre considerable para su competitividad.
Como recordamos, en Europa, los aranceles que se aplican a los coches eléctricos fabricados en China se suman siempre al 10 % de arancel general que la UE impone a todos los coches importados, y varían según la marca y su grado de cooperación con la investigación europea. Por ejemplo, a BYD se le aplica un arancel adicional del 17%, a Geely alrededor de 18,8%, y al grupo SAIC (propietario de marcas como MG y Maxus) el más alto, cerca de 35,3%. Cifras que se suman al 10% base.
Por su parte, otros fabricantes que cooperaron con la investigación enfrentan tasas en torno al 20,7 %, mientras que a fabricantes que no cooperaron se les puede aplicar un 35,3 %, y a Tesla con vehículos hechos en China se le concedió un tipo individual más bajo, de alrededor de 7,8 % sobre el arancel base del 10%.
Con la exención aprobada, el Tavascan podrá esquivar ese recargo siempre que respete el precio mínimo pactado y no supere el volumen de ventas acordado con Bruselas. Una solución intermedia que, en la práctica, busca evitar una guerra de precios y limitar el impacto sobre la industria europea.

Los analistas han valorado positivamente el acuerdo alcanzado por Volkswagen, aunque advierten de que el proceso no será rápido ni automático para el resto de marcas. Todo apunta a que las solicitudes se estudiarán modelo por modelo, lo que puede alargar los plazos y convertir cada caso en una negociación independiente.
Para los fabricantes chinos de coches eléctricos, este cambio de postura por parte de su propio Gobierno supone un balón de oxígeno. Les permite explorar vías para mantener su presencia en Europa en un momento en el que el mercado comunitario es clave para sus planes de expansión internacional.
Al mismo tiempo, la Comisión Europea mantiene su línea: proteger a la industria local frente a lo que considera prácticas desleales, pero dejando abierta la puerta a soluciones negociadas que eviten una escalada comercial mayor.
En definitiva, el acuerdo del Cupra Tavascan puede marcar un precedente. Si más fabricantes chinos optan por compromisos de precio y cupos de ventas, podríamos ver una vía alternativa a los aranceles generalizados, menos agresiva pero igualmente controlada por Bruselas.
La partida sigue abierta, pero el movimiento de Pekín indica que, al menos por ahora, la estrategia pasa por la negociación directa y pragmática, más que por el choque frontal. Y en medio, los coches eléctricos vuelven a ser el epicentro de una batalla comercial que trasciende lo puramente automovilístico.


