
Europa bloquea los coches eléctricos baratos y los precios seguirán altos
Europa mantiene los aranceles a los coches eléctricos chinos en una medida que no afecta a los híbridos ni los de combustión, y que limita la llegada de modelos económicos; los consumidores seguirán teniendo menos opciones baratas y la transición hacia la movilidad eléctrica se ralentizará en un momento de crisis energética por la situación en Oriente Medio.

La Unión Europea ha decidido mantener las barreras comerciales a los coches eléctricos chinos impuestas en 2024, una medida que impacta directamente en el precio final que pagan los consumidores. Esta decisión llega en un momento clave para la transición energética y limita la llegada de modelos más económicos al mercado europeo.
El movimiento de Bruselas responde a una estrategia claramente proteccionista que busca dar oxígeno a los fabricantes locales. Sin embargo, esta decisión tiene consecuencias directas: menos competencia, precios más altos y una transición hacia la movilidad eléctrica más lenta de lo esperado en un momento crítico con el bloqueo del transporte de petróleo por la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, que está disparando los precios de los combustibles, e incluso amenaza con el propio suministro.
Pero en lugar de acelerar la adopción del coche eléctrico, una alternativa al problema, Europa ha decidido plantarse con su política complicando a la vez su propio objetivo de reducir emisiones. Y es que, sin presión externa, los fabricantes tradicionales tienen menos incentivos para ajustar precios o innovar con rapidez.
La industria europea se debilita mientras China acelera

El contexto no es precisamente favorable para los grandes grupos europeos. Marcas como Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz o Stellantis están atravesando un momento delicado, especialmente por la caída de la demanda en mercados clave como China.
El Grupo Volkswagen, por ejemplo, ha tenido que rebajar sus previsiones de beneficios en varias ocasiones en pocos meses. La situación es especialmente preocupante en su marca principal, que sufre una presión creciente en ventas. A esto se suma la debilidad de otras divisiones, como la de vehículos comerciales y servicios financieros.
Stellantis tampoco escapa a esta tendencia. El grupo ha reducido su objetivo de beneficio, mientras que sus acciones han sufrido un fuerte desplome en los últimos meses. Por su parte, Mercedes-Benz ha visto caer su beneficio neto un 24,6% en el primer trimestre de 2024, revisando a la baja sus expectativas anuales.
Todo esto ocurre en paralelo al avance imparable de los fabricantes chinos, que están ganando terreno con una propuesta clara: coches eléctricos más asequibles, bien equipados y con tecnologías cada vez más competitivas.
Los coches eléctricos baratos existen, pero no llegarán aún

Mientras tanto, en China ya se venden coches eléctricos por precios que en Europa parecen inalcanzables. Uno de los ejemplos más claros es el BYD Dolphin Surf, un modelo urbano que en su mercado local arranca en apenas 9.457 euros.
Este coche ofrece versiones con baterías de 30 kWh y 39 kWh, con autonomías de hasta 405 kilómetros en ciclo chino. Unas cifras más que suficientes para el uso diario, acompañadas de un precio extremadamente competitivo. Un modelo que en España arranca en su variante más barata en 19.900 euros.
Otro caso es el Wuling Bingo, un modelo de unos 4 metros de largo, con espacio para cinco ocupantes y baterías de entre 32 y 50 kWh. Su autonomía puede alcanzar los 510 kilómetros en ciclo chino, con precios que van desde unos 9.715 euros hasta poco más de 12.000 euros.

Esto es solo una pequeña muestra de la oferta disponible en China, donde hay decenas de propuestas en todos los segmentos con precios muy ajustados. En condiciones normales, contando con costes logísticos y margen del distribuidor, muchos de estos coches podrían llegar a Europa con precios de unos 15.000 euros.
Un ejemplo de ello es el futuro Geely Galaxy E2 (EX2 en China) que llegará a Europa este año. Una propuesta muy competitiva que arranca en los 8.500 euros en China, y que podría llegar a nuestro mercado entre los 15 y 20 mil euros. Pero todo apunta a que en nuestro mercado se situará en torno a los 25.000 euros como mínimo. Demos gracias a los aranceles.
La consecuencia es clara: el consumidor europeo seguirá sin acceso a coches eléctricos realmente asequibles a corto plazo. Una situación que no solo afecta al bolsillo, sino también al ritmo de electrificación del parque móvil. Algo, como hemos comentado, especialmente grave si tenemos en cuenta la crisis en el estrecho de Ormuz.
Europa se enfrenta así a un dilema complicado. Proteger su industria puede ser necesario a corto plazo, pero hacerlo a costa de frenar la competencia y mantener precios altos puede salir caro en el medio y largo plazo.
La cuestión es qué pasará cuando se agote el plazo. Sobre el papel, estos aranceles tenían una vigencia de 5 años, por lo que en 2029 deberían desaparecer. Pero es un plazo muy largo que Europa perderá en implantación de la movilidad eléctrica, y todo por favorecer a los grupos locales que no están especialmente motivados.


