
El invento que podría cambiar la energía solar para siempre: madera que almacena electricidad
Un grupo de científicos ha desarrollado un material que busca mitigar uno de los principales retos de la energía solar, su intermitencia. Un sistema de almacenamiento basado en madera capaz de capturar energía solar durante el día y liberarla por las noches; una alternativa innovadora y sostenible que busca mejorar la eficiencia y potencial de la fotovoltaica en un momento donde las necesidades energéticas cambian.

La energía solar siempre ha tenido un problema evidente: solo funciona cuando hay sol. Puede parecer una obviedad, pero es una limitación enorme si pensamos en cómo consumimos energía. Durante el día se genera más de la que necesitamos en muchos momentos, mientras que por la noche, esa producción desaparece por completo.
Y eso ocurre pese a que el Sol envía a la Tierra una cantidad de energía descomunal. En apenas una hora, llega más energía de la que toda la humanidad consume en un año. El problema no es la falta de recurso, sino cómo aprovecharlo cuando realmente hace falta.
Para resolver este desfase existen alternativas como las baterías, pero su despliegue necesita grandes recursos y enormes inversiones. Ahora, un grupo de científicos en China ha desarrollado una alternativa que, sobre el papel, resulta tan ingeniosa como sorprendente: convertir madera en un material capaz de almacenar energía solar durante el día y liberarla por la noche en forma de electricidad.
Una madera modificada que almacena calor y genera electricidad

Otra alternativa consiste en aprovechar directamente el calor del sol, algo que puede alcanzar eficiencias superiores al 90%, muy por encima de los paneles solares convencionales.
Aquí entra en juego el llamado efecto Seebeck. Este principio permite generar electricidad a partir de la diferencia de temperatura entre dos superficies. El problema es que, cuando el sol desaparece o una nube tapa la radiación, esa diferencia térmica se esfuma y la producción eléctrica se detiene.
Hasta ahora, los intentos de solucionar esto pasaban por combinar distintos materiales en capas, incluyendo sustancias capaces de almacenar calor, como ceras naturales. Estas se derriten durante el día acumulando energía y la liberan al solidificarse por la noche. Sin embargo, este sistema tiene inconvenientes: el calor no se transfiere bien entre capas y los procesos de fabricación suelen deteriorar los materiales.
La propuesta de este equipo rompe con esa lógica. En lugar de apilar materiales, han creado una estructura única basada en madera de balsa, conocida por su rápido crecimiento y su peculiar estructura interna llena de canales microscópicos.
El primer paso fue eliminar la lignina, el componente que da rigidez a la madera. Con ello lograron aumentar su porosidad hasta superar el 93%, dejando una especie de esqueleto microscópico listo para ser modificado químicamente. Eso sí, el resultado inicial era completamente blanco, lo que lo hacía inútil para absorber luz solar.
Para solucionar esto, los investigadores recubrieron el interior de esos canales con fosforeno negro, un material extremadamente eficiente absorbiendo luz y conduciendo calor. Pero había un problema: este material se degrada rápidamente al contacto con el aire.
Resistencia, eficiencia y funcionamiento incluso sin sol

Para protegerlo, desarrollaron una especie de “armadura” química formada por ácido tánico e iones de hierro. Este recubrimiento ha demostrado ser sorprendentemente resistente, manteniendo intacto el material incluso tras 150 días de exposición solar intensa.
Además, añadieron nanopartículas de plata, que mejoran la captación de luz visible, aumentando la capacidad de calentamiento del sistema. A partir de ahí, el siguiente reto era evitar que la madera absorbiera agua, ya que en estado natural puede retener hasta 200 veces su peso.
La soluci��n fue aplicar una capa química hidrofóbica que hace que el agua resbale sin penetrar. El resultado es un material capaz de soportar condiciones extremas, desde agua hirviendo hasta productos químicos agresivos.
Con la estructura lista, los científicos introdujeron ácido esteárico en los canales microscópicos. Este compuesto actúa como sistema de almacenamiento térmico: se derrite con el calor del sol, acumulando energía, y se solidifica al enfriarse, liberándola poco a poco.
Gracias a este diseño integrado, el calor fluye sin obstáculos. De hecho, la conductividad térmica del conjunto es casi cuatro veces superior a la del material de almacenamiento por sí solo. Y lo más importante: el sistema evita fugas incluso a temperaturas de hasta 80 grados.
En las pruebas, el material fue capaz de capturar y almacenar el 91,2% de la energía solar recibida. Cuando se apagaba la fuente de luz, el calor liberado generaba electricidad mediante un dispositivo termoeléctrico, alcanzando 0,65 voltios de forma constante. Puede parecer poco, pero es suficiente para alimentar pequeños dispositivos incluso en total oscuridad.
El sistema también ha demostrado una gran durabilidad, soportando más de 100 ciclos de calentamiento y enfriamiento sin perder rendimiento. Y por si fuera poco, presenta propiedades interesantes en términos de seguridad: en caso de incendio, el material se autoextingue en unos dos minutos, formando una capa carbonizada estable en lugar de arder completamente.
Otro detalle curioso es que las nanopartículas de plata no solo mejoran la eficiencia, sino que también eliminan bacterias comunes, evitando la degradación del material con el paso del tiempo.
Una solución que no busca sustituir directamente a las baterías, pero sí ofrecer una alternativa complementaria más económica, sostenible y con gran potencial para aplicaciones descentralizadas.
Fuente | Advanced Materials



