
El precio del gas pone contra las cuerdas al GLP y al GNC en España
El encarecimiento del gas sacude al sector del automóvil en España y pone en duda alternativas como el GLP y el GNC; la dependencia exterior vuelve a pasar factura a un país como el nuestro con un enorme potencial en renovables y que tiene alternativas mucho más económicas y eficientes.

La escalada del precio del gas ya no es solo un problema energético: empieza a convertirse en un auténtico dolor de cabeza para el automóvil en España. Y no precisamente menor. En un contexto marcado por tensiones geopolíticas y una dependencia todavía preocupante de combustibles fósiles importados, el encarecimiento del gas pone en entredicho el papel de alternativas como el gas licuado del petróleo (GLP) y el gas natural comprimido (GNC). Dos soluciones que durante años se han vendido como “puente” entre la movilidad eléctrica y la de combustión tradicional, pero que ahora muestran sus costuras con las tensiones geopolíticas.
El detonante hay que buscarlo lejos de nuestras fronteras. El conflicto en Oriente Medio, con el foco puesto en el estratégico estrecho de Ormuz, ha obligado a rehacer previsiones en todo el sector energético. El barril de Brent roza ya los 100 dólares, mientras los carburantes siguen una senda claramente alcista. La consecuencia es evidente: llenar el depósito vuelve a ser un ejercicio cada vez más caro, y no hay visos de que esto vaya a cambiar a corto plazo.
Las medidas adoptadas hasta ahora para contener la subida de los combustibles, como la polémica bajada de impuestos, suenan más a parche que a solución real. Con el diésel en torno a los 1,9 euros el litro y la gasolina cerca de los 1,5 euros, muchos conductores miran hacia alternativas como el gas. Pero aquí es donde surge el problema: ni siquiera los llamados combustibles alternativos se libran de esta tormenta.
El GNC, en el punto de mira: dependencia exterior y precios al alza

El GNC (Gas Natural Comprimido) vuelve al debate casi por obligación, aunque su presencia en el mercado de turismos nuevos sea hoy prácticamente residual. Aun así, no conviene olvidar que en España siguen circulando miles de coches adaptados a este combustible. Y todos ellos dependen de una materia prima cuyo precio está cada vez más condicionado por factores externos.
España recibe buena parte de su gas en forma de GNL mediante barcos metaneros, con Estados Unidos y Argelia como principales proveedores. Pero el problema no es tanto de origen como de contexto global. Si el estrecho de Ormuz sufre bloqueos, aunque sean parciales, la oferta mundial se resiente y los precios suben. Así de simple.
Aquí entra en juego un factor clave: la competencia internacional por el suministro. En un escenario de escasez, países como Estados Unidos priorizan su consumo interno. Eso deja al resto del mundo en una especie de subasta energética donde quien paga más, se asegura el suministro. Y eso, inevitablemente, se traduce en precios más altos para el usuario final.
España tiene cierto margen gracias al gasoducto que conecta con Argelia, pero no es una garantía absoluta. El precio medio del GNC, actualmente en unos 1,44 euros, podría empezar a escalar si la situación se prolonga. Y eso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión incómoda: ¿tiene sentido seguir apostando por combustibles que dependen de mercados internacionales tan volátiles?
La respuesta, viendo el contexto, empieza a inclinarse hacia el no. Sobre todo en un país como España, que tiene una enorme capacidad de generación renovable, pero sigue atado a decisiones externas en materia energética.
GLP: el “refugio” barato… de momento

Frente al GNC, el GLP (Gas Licuado de Petróleo) está aguantando mejor el golpe. Su precio ronda el euro por litro, muy lejos todavía de la gasolina y el diésel. Eso explica que en las últimas semanas haya ganado protagonismo, con marcas como Dacia liderando esta tecnología en el mercado español. Eso si, no olvidemos que el gas tiene una menor carga impositiva que la gasolina y el diésel, algo que explica su menor coste.
Mientras que por cada litro de diésel se paga un 53,6% en impuestos y un 57,5% en el caso de la gasolina, las tasas del gas se sitúan en torno al 22%. Por lo tanto, su bajo coste tiene en gran parte explicación por su baja tasa impositiva. Y como ha sucedido con el diésel, cuando se acaben los subsidios públicos, se disparará el precio.
Comparativa frente a un coche eléctrico

En base a los precios de abril de 2026, un modelo dotado de un sistema GNC, con un consumo medio de 4 kilos a los 100 km, tiene un coste de 5,76 euros cada 100 km, mientras que el GLP, con un consumo medio homologado de 7 litros a los 100 km, requiere 7,01 euros cada 100 km. Por su parte, un coche eléctrico con un consumo medio homologado de 16 kWh a los 100 km, que cargue en casa en una tarifa media de 11 céntimos el kWh, tendrá un coste de apenas 1,76 euros cada 100 km.
Sumar que España no produce gas, pero si renovables, superando el 56% de participación en el mix eléctrico total en enero y alcanzando cuotas superiores al 63% en febrero y marzo. Cifras a las que sumar otras fuentes con emisiones indirectas, como la nuclear, y también la posibilidad de montar sistemas fotovoltaicos y baterías en las viviendas para reducir todavía más la dependencia de combustibles externos.
En este contexto, el coche eléctrico ya no es solo una cuestión medioambiental, sino también estratégica. Seguir dejando nuestra seguridad energética en manos de ancianos megalómanos y dependiendo de zonas altamente inestables es una absoluta irresponsabilidad, sobre todo teniendo alternativas internos que generan trabajo, reducen emisiones y son una fuente de riqueza para el país.
Fuente | Motor.es


