
Un Tesla se queda tirado en el desierto de Chile… y lo salva un panel solar
Un conductor se aventuró en el desierto de Atacama, en Chile, y un mal cálculo lo dejó en una zona sin posibilidades de cargar. Por suerte un pequeño equipo solar y una batería portátil le salvaron.

Lo que pasó en el desierto de Atacama no es una historia para asustar al personal con “los eléctricos no sirven”. Es justo lo contrario: es el ejemplo perfecto de hasta dónde pueden llegar… y dónde todavía tienen límites muy claros.
El protagonista es Sandro van Kuijck, que lleva tres años cruzando América de punta a punta con su Model X camperizado. No hablamos de ir a comprar el pan: hablamos de la Panamericana, desde Tuktoyaktuk hasta Ushuaia. Y en medio de ese viaje, uno de los peores escenarios posibles: quedarse sin batería en mitad del desierto.
El problema aparece en el norte de Chile, cerca de Calama, en pleno desierto de Atacama. Sale de un cargador de Copec con un 95% de batería pensando que llega al siguiente punto sin drama: error.
Subida hasta casi 3.000 metros, viento en contra y consumo disparado. Lo que en el papel parecía suficiente, en la realidad se convierte en una cuenta atrás. Cuando el coche marca menos autonomía que la distancia al siguiente cargador, ya sabes que toca parar. Y aquí viene lo interesante.
El “plan B” que un térmico no tiene: generar energía en mitad de la nada
El coche de Sandro no es un Model X cualquiera. Lleva una batería portátil de 2 kWh y un panel solar de 287 W montado en el capó. Un sistema que no está pensado para cargar el coche como tal. Es para alimentar dispositivos y pequeños electrodomésticos.
Con unos 180-200 W reales, el sistema apenas añade entre 0,6 y 1,2 km de autonomía por hora. Ridículo si lo miras en frío.
Dicho de otra forma: apenas recuperas unos pocos kilómetros en horas. Pero en ese momento no necesitas kilómetros: necesitas tiempo.
Y aquí está la diferencia clave con un coche de combustión: cuando te quedas sin gasolina en medio del desierto, no hay absolutamente nada que puedas hacer. Aquí, al menos, puedes rascar energía procedente del sol.
El momento crítico: 0% y sin grúa

Después de horas tirando de solar, la batería auxiliar también cae. El coche llega al escenario que todo el mundo teme: 0%. Sin grúa (hasta cinco llamadas sin respuesta) y sin infraestructura cerca, el viaje podría haber acabado ahí.
Por suerte para el aventurero, una cuadrilla cercana accede a ayudarle con un generador industrial. Nada espectacular: unos 6 amperios. No sirve para cargar el coche de verdad, pero sí para algo mucho más importante: mantener con vida el sistema de alto voltaje y evitar un apagado total que habría complicado aún más la situación.
Ese pequeño aporte de energía es lo que permite que la historia no acabe con el coche abandonado en el desierto.
La lección incómoda: el problema no es el coche, es el mapa
Este caso no va de si el coche eléctrico funciona o no. Funciona. Y de hecho, en condiciones normales, funciona mejor que muchos térmicos. El problema es otro: la infraestructura.
En Chile hay más de 90 puntos de carga de Copec, y Tesla ha empezado a desplegar su red de Supercargadores en 2024, con planes de ampliación hasta 2026. Pero entre punto y punto hay algo que no se puede maquillar: kilómetros de nada. Y en lugares como Atacama, “nada” significa literalmente nada.
Lo que mucha gente no quiere ver: esto también es el futuro
Este tipo de historias suele usarse para atacar al coche eléctrico. Pero si lo miras con un poco de perspectiva, pasa algo curioso:
- El coche falla en un entorno extremo → normal
- El conductor puede generar energía en mitad del desierto → nuevo
- Un sistema híbrido (solar + batería + red) le permite sobrevivir → clave
Esto no existía antes con los carburantes.
Y es justo hacia donde va todo: no depender de una sola fuente de energía, sino combinar varias. El verdadero mensaje: electrificar no es solo cambiar el coche, es cambiar cómo entiendes la energía.


