Adiós al cobalto: así es la "batería orgánica" que quiere revolucionar el coche eléctrico

Aunque los trabajos de investigación en nuevas químicas avanzan, las actuales celdas de litio siguen teniendo un importante potencial de crecimiento por delante. Un desarrollo en China nos lo muestra con una propuesta que incide en la extrema seguridad de los sistemas orgánicos.

Adiós al cobalto: así es la "batería orgánica" que quiere revolucionar el coche eléctrico

Publicado: 21/02/2026 09:25

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Un grupo de investigadores chinos ha presentado una batería de litio orgánica con alta densidad energética y una tolerancia extrema a la temperatura, un avance que puede marcar un antes y un después en el desarrollo de baterías para coches eléctricos.

El 18 de febrero, el equipo publicó los resultados de sus trabajos en la revista Nature el que describen como el primer prototipo práctico de batería de litio orgánica que utiliza un nuevo polímero conductor de tipo n como material de cátodo.

El material en cuestión es el poli(benzodifurandiona), conocido como PBFDO. Este polímero permite un transporte rápido de iones de litio, ofrece una elevada conductividad electrónica y, además, presenta una solubilidad limitada. El resultado son celdas tipo bolsa con una densidad energética superior a 250 Wh/kg, una cifra que ya se mueve en el terreno de muchas químicas convencionales actuales.

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Pero no se han quedado ahí. Los investigadores han fabricado celdas prácticas de 2,5 Ah con una capacidad superficial elevada, en torno a 42 mAh/cm², y una carga de masa muy alta, de hasta 206 mg/cm². En otras palabras, no estamos ante un simple experimento de laboratorio con resultados prometedores sobre el papel, sino ante un prototipo funcional que empieza a acercarse al rendimiento de las baterías de iones de litio más extendidas en el mercado.

Otro punto especialmente llamativo es su rango operativo. Según los datos publicados, estas celdas pueden trabajar en un abanico térmico que va desde los -70 °C hasta los 80 °C. Esto supone una resistencia extrema tanto al frío como al calor, un factor clave para los coches eléctricos que deben operar en climas muy distintos, desde regiones polares hasta zonas desérticas.

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Además, al tratarse de un polímero orgánico, el cátodo no depende de metales como el cobalto o el níquel, habituales en muchas químicas actuales. Los polímeros orgánicos se obtienen a partir de precursores moleculares abundantes y ofrecen una mayor flexibilidad estructural. Esto abre la puerta, al menos sobre el papel, a una menor dependencia de materiales críticos y a una posible reducción de costes y de impacto ambiental en el futuro.

La resistencia mecánica ha sido otro de los puntos fuertes del estudio. El equipo asegura que las celdas orgánicas mantuvieron su integridad tras someterlas a pruebas de flexión, estiramiento y compresión. Incluso superaron ensayos de seguridad especialmente exigentes, como la perforación con aguja, sin deformaciones ni liberación de energía. En un sector donde la seguridad es prioritaria, estos resultados no son un detalle menor.

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Esa flexibilidad también podría tener aplicaciones más allá del automóvil. Los investigadores apuntan a posibles usos en dispositivos electrónicos flexibles o sistemas de almacenamiento para dispositivos portátiles. Aunque ese escenario todavía está lejos de convertirse en un producto comercial, demuestra la versatilidad que puede ofrecer este enfoque.

En este sentido, el trabajo publicado en Nature destaca porque presenta un prototipo funcional con cifras que se aproximan a las de los sistemas convencionales, manteniendo además una amplia tolerancia térmica. Es un paso importante para demostrar que esta vía no es solo una curiosidad académica.

Eso sí, conviene mantener los pies en el suelo. Esta tecnología sigue en fase de prototipo. Las celdas no se han escalado todavía a formatos completos para automoción ni han pasado por procesos de homologación en vehículos reales. Entre un resultado prometedor en laboratorio y su llegada a un coche eléctrico de producción pueden pasar años, y en muchos casos, las ideas se quedan por el camino.

Aun así, el contexto es interesante. La industria de la automoción está acelerando la diversificación de químicas de baterías para cumplir objetivos de rendimiento, seguridad y sostenibilidad. Para 2026 y 2027, varios fabricantes y proveedores chinos trabajan en prototipos de próxima generación, incluidas baterías de estado sólido y otras alternativas como las de sodio. En ese escenario, los polímeros orgánicos podrían integrarse como parte de soluciones híbridas o nuevas arquitecturas.

El verdadero valor de esta batería descrita en Nature no está tanto en que mañana vaya a sustituir a las actuales, sino en que abre una nueva vía de materiales. Si en el futuro se logra escalar la producción, mejorar aún más la densidad energética y mantener la seguridad demostrada en estas pruebas, podría ayudar a reducir la dependencia de metales críticos y ampliar el rango operativo de las baterías en entornos extremos.

Fuente | Stdaily

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