Puntos de recarga en los "bordillos": las pruebas reales muestran el potencial y los retos de esta alternativa

No todo el mundo tiene lugar donde cargar cada día su coche eléctrico. Hablamos de una plaza fija donde dejar el coche por las noches. Es por eso que para popularizar la movilidad eléctrica hacen falta alternativas para los muchos que no tienen una plaza. Tanto carga rápida, como sobre todo carga lenta donde alternativas como los puntos en los bordillos son una opción muy válida y poco intrusiva en las ciudades.

Puntos de recarga en los "bordillos": las pruebas reales muestran el potencial y los retos de esta alternativa
Cargador es un bordillo

Publicado: 19/02/2026 10:15

8 min. lectura

La idea suena sencilla, pero puede cambiar muchas cosas en nuestras ciudades. Los cargadores integrados en los bordillos desarrollado por la empresa alemana Rheinmetall permite cargar el coche eléctrico directamente desde la acera, sin postes, sin farolas, y sin cables cruzando la acera. Solo una tapa discreta integrada en el bordillo. Las primeras pruebas realizadas por medios alemanes dejan claro que la idea funciona… y que no es un simple experimento.

En los centros urbanos más estrechos el problema es evidente: no hay espacio para instalar más puntos de recarga tradicionales y, además, sacar un cable desde casa cruzando la acera está prohibido. Es uno de los grandes frenos para quien vive en un piso sin plaza de garaje. Aquí es donde entra en juego este sistema que sustituye por completo la clásica columna por una toma integrada en el propio bordillo.

Las primeras unidades ya están funcionando en ciudades como Düsseldorf o Dortmund, donde se han instalado 20 unidades hasta finales de 2025. También hay ejemplos en Colonia, Neuss o Nörvenich. Tras varios proyectos piloto en la zona de Colonia/Bonn, la solución ha pasado de fase experimental a producción en serie.

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Y los números acompañan. En un proyecto piloto con cuatro puntos de carga a ras de acera se registraron alrededor de 2.800 recargas en un año, con una disponibilidad del 99%. Incluso con lluvia, frío o viento, el sistema ha respondido sin incidencias reseñables. Tras finalizar el periodo de pruebas, los bordillos eléctricos han seguido operativos.

Los usuarios encuestados hablan de una experiencia positiva: destacan el ahorro de espacio, la menor exposición al vandalismo y la facilidad de uso. Como punto negativo, algunos señalan que, al ser tan discretos, cuesta localizarlos a simple vista. Lo que es su mayor virtud —pasar desapercibido— también puede jugar en su contra.

En cuanto a la suciedad o los típicos “regalos” caninos, no parecen haber supuesto un problema real. La tapa que protege la toma se abre empujándola con el propio conector Tipo 2 del cable, sin necesidad de tocarla con la mano. Además, solo se desbloquea cuando el usuario se ha identificado con tarjeta o aplicación, lo que reduce actos vandálicos. Durante las inspecciones periódicas no se detectaron problemas técnicos ni acumulación de suciedad en la conexión, más allá de pequeñas marcas superficiales.

Así funciona el bordillo de carga

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El sistema mide aproximadamente un metro y, exteriormente, es como cualquier otro bordillo de hormigón. En su interior alberga el módulo de carga, protegido por una carcasa de acero inoxidable y aluminio. Si hay una avería, la unidad puede extraerse mediante un sistema de acoplamiento rápido y sustituirse en pocos minutos, algo que simplifica mucho el mantenimiento.

El funcionamiento es idéntico al de cualquier punto de recarga en corriente alterna: aparcas el coche eléctrico, sacas el cable, lo conectas y activas la carga con tarjeta o aplicación. Toda la electrónica está integrada bajo el nivel de la acera. Solo vemos una pequeña tapa, un lector y un display.

Admite hasta 22 kW en corriente alterna, por lo que no es un punto de carga rápida, pero sí más que suficiente para recargas urbanas o durante varias horas de estacionamiento. La conexión se integra en los sistemas habituales de gestión mediante el protocolo estándar del sector, lo que facilita su despliegue en redes existentes.

Un aspecto interesante es la climatización integrada. Incorpora calefacción para evitar la acumulación de hielo o nieve en invierno y sistemas de protección frente al calor intenso en verano. La electrónica está sellada contra el agua y dispone de sensor de nivel: si el bordillo quedara inundado por una circunstancia excepcional, el sistema corta automáticamente la corriente mediante un interruptor diferencial.

Ventajas frente a un sistema tradicional

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El gran argumento es el espacio. En calles estrechas o zonas protegidas por patrimonio histórico, instalar una columna de dos metros de altura puede ser complicado o directamente inviable. El bordillo de carga apenas altera el paisaje urbano. No invade la acera ni obliga a modificar en exceso la infraestructura existente.

También puede ser una solución interesante para zonas residenciales donde entre la vivienda y la calzada hay una acera. Al estar integrado en el bordillo, evita tener que cruzar el cable por el paso peatonal, algo que, aunque se ve con frecuencia, no está permitido.

Eso sí, no todo es perfecto. El coste actual del modelo destinado al espacio público ronda ligeramente por encima del de una estación de corriente alterna convencional: hablamos de unos 5.000 euros por unidad. Es más caro que un cargador doméstico, ya que está diseñado para cumplir requisitos más exigentes propios del uso público.

Desde la compañía reconocen que estudian una versión optimizada para clientes privados, que podría abaratarse con mayores volúmenes de producción y ajustes t��cnicos. De momento no hay precio cerrado para esa hipotética variante doméstica, aunque técnicamente podría instalarse de forma similar a una caja mural en una propiedad privada.

La instalación puede planificarse incluso durante obras de renovación de calles. La idea es colocar bordillos preparados —aunque no lleven aún la electrónica— y añadir el módulo de carga más adelante. Así se reducen costes y se deja la infraestructura lista para el futuro.

Eso sí, no en todas las ciudades será tan sencillo. En muchos casos, la red eléctrica asociada al alumbrado público no tiene potencia suficiente para alimentar coches eléctricos, y además hay municipios que desconectan parte de esa red durante el día. En esos escenarios, habrá que reforzar la infraestructura.

En cualquier caso, las primeras impresiones recogidas en Alemania apuntan a que este sistema no es una simple curiosidad tecnológica. Es discreto, robusto y funcional. No sustituirá a la carga rápida ni resolverá todos los problemas, pero puede convertirse en una pieza clave para densificar la red urbana sin llenar las aceras de postes. Y en ciudades donde cada centímetro cuenta, eso puede marcar la diferencia.

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