Alemania se rebela contra la prohibición del motor de combustión en Europa

La posición de Alemania denota el nerviosismo de la industria del automóvil local que se ve incapaz de competir contra China en la nueva era del coche eléctricos, y ahora quiere cambiar las reglas del juego pidiendo que no se prohíban los motores de combustión en 2035.

Alemania se rebela contra la prohibición del motor de combustión en Europa
Friedrich Merz, Canciller de Alemania

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Publicado: 30/11/2025 12:14

Friedrich Merz, actual canciller y líder de los conservadores alemanes, ha anunciado que pedirá oficialmente a Bruselas relajar la prohibición total de los motores de combustión prevista para 2035. Su propuesta: que se permita seguir vendiendo coches híbridos más allá de esa fecha.

Lo ha hecho tras una maratoniana sesión nocturna con sus socios del SPD (Partido Socialdemócrata), quienes en su día apoyaron la medida cuando gobernaban en coalición con los verdes. El giro no es menor. Según Merz, ahora tiene el respaldo político necesario para revisar la normativa y defender una alternativa “neutral en tecnología y amigable con la innovación”.

Alemania busca salvar su industria del motor pegándose un tiro en el pie

Este Volkswagen ID.3 apenas ha perdido autonomía tras más de 170.000 km

El movimiento llega en un momento especialmente delicado para el sector. Los tres grandes fabricantes alemanes —Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz— pierden fuelle frente a sus rivales chinos, más baratos y cada vez más competitivos, tanto en casa como en mercados clave como China o Estados Unidos.

BMW ya ha mostrado su apoyo a la nueva postura del Gobierno, señalando que la actual normativa europea “ignora la realidad del mercado y pone en riesgo miles de empleos”.

El problema de fondo es que, a pesar del impulso mediático y político al coche eléctrico, las ventas no crecen al ritmo que se esperaba. Muchas marcas siguen dependiendo de los ingresos de los modelos térmicos para poder financiar la transición tecnológica. Y ahí entra el papel del híbrido: una solución intermedia que el reglamento europeo dejaría fuera a partir de 2035.

La normativa actual prohíbe la venta de coches nuevos que emitan dióxido de carbono a partir de esa fecha, lo que prácticamente excluye a los híbridos enchufables. Solo los coches eléctricos puros o impulsados por combustibles neutros en emisiones podrían seguir en los concesionarios.

Europa empieza a dudar del veto total a los térmicos

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La presión no viene solo de Alemania. En la República Checa, con fuerte presencia de la industria alemana, el partido Motoristas por Sí Mismos logró representación parlamentaria prometiendo revertir el veto al motor de combustión. Y en Bruselas, el líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, ya ha dicho que luchará por “acabar con la eliminación del motor de combustión”.

Con el viento en contra, la Comisión Europea ha adelantado al 10 de diciembre la revisión de la normativa, que inicialmente estaba prevista para 2026. Hasta ahora, el ejecutivo comunitario ha sido firme en su apuesta por el coche eléctrico, pero se plantea abrir la puerta a excepciones para híbridos, extensores de autonomía e incluso biocombustibles.

En paralelo, también se estudian medidas para reforzar la industria europea, como exigir un mayor contenido de componentes fabricados en Europa o flexibilizar los objetivos de emisiones si se utiliza acero con baja huella de carbono.

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La prohibición de vender motores térmicos a partir de 2035 fue uno de los pilares del Pacto Verde Europeo, con el que la UE quiere alcanzar la neutralidad climática en 2050. Pero en la práctica, se ha convertido en uno de los temas más polémicos del continente. La normativa ha encallado entre los costes de adaptación, el freno en las ventas de eléctricos y la ofensiva comercial de China.

Desde Bruselas, se insiste en que la propuesta sigue siendo “muy importante” y que cualquier cambio será “cuidadosamente estudiado”. Pero la postura alemana podría cambiar el equilibrio.

Opinión

Está claro que Alemania no ha querido desprenderse nunca de su lucrativo negocio del coche de combustión, y en el fondo esperaba poder estirar el chicle al máximo. Y ahora que ven que en los coches eléctricos cada vez pintan menos, han decidido quitarse la careta y pedir a su gobierno que ponga la cara y pida lo que ellos no se atreven abiertamente.

La estrategia es clara, salvar los bonus y los beneficios a muy corto plazo a costa de perder el futuro. Algo que sin duda habrá tenido como consecuencia el descorche de botellas de champan en Pekín.

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